domingo, 8 de abril de 2012

El Asad desafía a la ONU y pone condiciones al alto el fuego del 10 de abril

El régimen exige "garantías" por escrito de que la oposición acepta poner fin a la violencia


No sería la primera vez que Bachar el Asad incumple con la ONU. El régimen sirio ha añadido algo más de duda al alto el fuego que se prevé que entre en vigor el próximo martes, 10 de abril. El compromiso alcanzado entre el Gobierno de Damasco y el enviado especial de Naciones Unidas y la Liga Árabe, Kofi Annan, se tambalea tras emitir el Ministerio de Asuntos Exteriores sirio un comunicado en el que exige "garantías escritas" de la oposición sobre el cese de las hostilidades. La represión de las fuerzas de seguridad que gobierna el presidente El Asad causó la muerte ayer de más de un centenar de personas, según las denuncias de grupos de activistas sirios. Una escalada de la violencia que el propio Annan ha tachado de "inaceptable" en una nota.

"Decir que Siria va a retirar a sus fuerzas de las ciudades a fecha de 10 de abril es inexacto", afirma la nota del Ministerio de Asuntos Exteriores. El Gobierno sirio exige a Annan en este comunicado que presente "garantías escritas de la aceptación por parte de los grupos terroristas armados de la detención de toda forma de violencia". Desde el inicio de la revuelta prodemocrática en marzo de 2011, el régimen de El Asad ha responsabilizado a "grupos terroristas" de tratar de desestabilizar Siria en su beneficio.


El comunicado, cuyo contenido ha difundido en español la agencia estatal siria Sana, añade como condiciones al alto el fuego la "disposición [de los grupos armados] de entregar sus armas" y "las garantías del compromiso de los Gobiernos de Catar, Arabia Saudí y Turquía, de detener la financiación y armamento de los grupos terroristas".

"Siria no repetirá lo sucedido en el pasado, cuando aceptó retirarse ante la llegada de los observadores internacionales, momento que los terroristas aprovecharon para reorganizarse y ampliar su control sobre barrios enteros, empleando todas las formas posibles de terrorismo, asesinato, secuestro", añade la nota. Annan ha vuelto a hacer un llamamiento hoy a Gobierno y opositores para que cumplan con el alto el fuego antes de las seis se la mañana del jueves, es decir, 48 horas después de su entrada en vigor. El ex secretario general de la ONU se ha mostrado al mismo tiempo "consternado" por el aumento de las atrocidades.

El acuerdo sellado entre Damasco y Annan prevé la puesta en marcha de un plan de paz de seis puntos que termine con la sangría que sacude al país. El primero de los puntos es precisamente el alto el fuego y la retirada del contingente militar sirio de las regiones objetivo de su ofensiva. Según reveló el propio Annan la semana pasada, El Asad aceptó que el cese de las hostilidades arrancase el 10 de abril. La ofensiva con fuego de artillería, no obstante, ha obligado a la ONU, en boca de su secretario general, Ban Ki-moon, ha criticar a El Asad por servirse del plazo para el alto el fuego como "excusa" para seguir matando a la población civil.

Según informaron ayer los grupos opositores en el terreno y fuera del país, más de un centenar de personas murieron a manos de las fuerzas del régimen entre Homs, Hama, Aleppo e Idlib. La ONU cifra en más de 9.000 las víctimas mortales desde que comenzó la revuelta.

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/04/08/actualidad/1333877883_705304.html

Ideólogos del recorte


UNIVERSIDAD NOVA DE LISBOA

Por Owen Jones*

El “consenso político y social”, anunciado por el director de la delegación del Fondo Monetario Internacional en Portugal, sin duda cuenta con el aplauso de las élites locales. Pero la población rechaza las políticas de austeridad impuestas para el “rescate” del país.

Me basta con usar mi teléfono para contactar a un miembro del gobierno, al Primer Ministro e incluso al Presidente de la República”, suele vanagloriarse el profesor Ferreira Machado, decano de la Universidad Nova de Lisboa, la principal Escuela de Negocios lusitana. Luciendo la sonrisa de aquellos que no dudan de que el mundo les debe mucho, Machado es poco propenso a subestimar la influencia de su Escuela, ni la suya.

En septiembre pasado, una investigación de The Financial Times sugería que tal vez no estuviera equivocado. “En el punto culminante de la crisis de la deuda soberana de Portugal –relataba el diario británico–, la delegación de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional (FMI) que se trasladó a Lisboa para negociar el acuerdo sobre el rescate del país por un monto de 78.000 millones de euros, desapareció de repente de la escena.” Sin embargo, en plena campaña para las elecciones legislativas, los portugueses esperaban conocer las panaceas que la “troika” –la Unión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo (BCE)– se aprestaba a prescribirles. “De hecho, los dos alemanes y su colega danés habían abandonado su hotel por la mañana temprano, rumbo a un discreto desayuno en compañía de asesores de la Facultad de Economía de la Universidad Nova de Lisboa” (1). “Tenían muchas ganas de entender nuestro punto de vista”, confirma Machado.

Con sus largos corredores y sus muros desnudos, la Escuela Nova se parece por momentos a un hospital abandonado. Pero, como en cualquier universidad, grupos de estudiantes con sus manuales en la mano pasean sobre el césped del parque. La Escuela se financia con fondos públicos y los gastos de inscripción llegan a los 900 euros por año. Sin ser extraordinaria, es una suma sustancial en un país donde el salario mínimo apenas supera los 485 euros mensuales, con dos aguinaldos anuales (de verano y Navidad). Atraídos por el nivel de Nova en las clasificaciones internacionales, los estudiantes provienen de unos treinta países. En efecto, The Financial Times clasifica su master en finanzas entre las treinta mejores formaciones de ese tipo en el mundo, y los que logran su Master in Business Administration (MBA) europeo pueden aspirar a ganar quince veces el salario mínimo portugués (2).

También profesor en Nova, el ministro de Finanzas del anterior gobierno (socialista), Luis Campos e Cunha, no fue invitado a la pequeña reunión con la troika. Se encoge de hombros: “Nunca tuve necesidad de asistir a un desayuno para dar a conocer mi punto de vista”. “Después de todo –agrega– fui yo quien presionó para reducir el número de días no laborables y alargar la jornada laboral en media hora. Exactamente la solución que adoptó el gobierno.” ¿Su receta? “Me limité a escribir artículos en diferentes diarios y a conceder entrevistas.”

Una fábrica de ministros

“Nova es una elite intelectual más que una elite social”, insiste Machado, incluso si la distinción resulta a veces imprecisa (3). La universidad no sólo formó a la mayoría de los dirigentes políticos del país (como Vitor Gaspar, el actual ministro de Finanzas), sino que sus egresados o sus profesores se encuentran en los Consejos de Administración de las grandes sociedades portuguesas: por ejemplo, António Carrapatoso, el ex director general de Vodafone Portugal, o António de Sousa, presidente de la Asociación Bancaria Portuguesa y ex director ejecutivo (CEO) de la más importante sociedad financiera nacional, la Caixa Geral de Depósitos.

Aquí, la elite es a imagen y semejanza del país: compacta. Por lo tanto, los principales intelectuales, políticos y hombres de negocios se frecuentan desde hace mucho tiempo. Según Luís Macedo Pint de Sousa, un universitario a la cabeza de los servicios de lucha contra la corrupción en Portugal, la estructura constitucional del país favorece las “devoluciones de pelota” (restitución de favores) y el pasaje al sector privado: “Hay ministros que atribuyen muchos contratos a sociedades para las cuales trabajarán después. Nuestra Constitución prohíbe que los ministros ocupen más tarde un escaño en el Parlamento, cosa que, por ejemplo, no sucede en el Reino Unido; terminan, pues, en el sector privado”.

A la clase dirigente no se le escapó el interés de una escuela como Nova (y de las ideas que promueve). Máxime cuando la competencia se revela discreta, por no decir inexistente. “En Portugal hay muy pocos think tanks independientes –declara Campos e Cunha–. En consecuencia, son las universidades las que representan ese rol.” Por lo que los principales responsables políticos del país, de derecha o de izquierda, recurren a los miembros del cuerpo docente de Nova para agenciarse de sus lumbreras.

Las estrellas de la Escuela no lo dudan: su influencia se basaría esencialmente en la objetividad de sus investigaciones. Así, les gusta presentarse como “por encima de la contienda”. La Escuela propone opiniones que carecen de “compromisos emocionales”, exclama Machado, para quien Nova ofrece “un punto de vista informado, pero independiente”, que “no está sometido a ningún lobby”.

A pesar de esta pretensión de levitación social e ideológica, los profesores reconocen la existencia de un consenso en el seno de la Escuela. “A nivel conceptual –observa Machado–, estamos de acuerdo en la necesidad de aumentar la productividad, el libre comercio, la reforma del mercado laboral, el aumento de la competitividad y el rol del Estado. Los desacuerdos conciernen a la estrategia a corto plazo. Pero todos navegamos en la misma dirección.” Cuando se le pregunta, por ejemplo, si hay keynesianos en Nova, prorrumpe en carcajadas.

La democracia, una molestia

Los economistas de la Universidad concuerdan en identificar sus contribuciones más importantes con el “paquete” de medidas que condicionaron el reflotamiento del país: flexibilización del mercado de trabajo, recortes en el gasto social y aumento del impuesto al valor agregado (IVA). Es decir, exactamente la fórmula que se aplicó en Grecia, Irlanda, España, Italia y que comienza a avanzar en Francia. ¿Acaso la influencia de Nova sobre la troika es menos decisiva que su capacidad para suministrar una legitimidad local a la austeridad que ya habían decretado Bruselas y Fráncfort?

Sea como sea, la receta no convence a la población. Cuando las dos principales federaciones sindicales lanzaron, el 24 de noviembre de 2011, la segunda huelga general de la historia de Portugal tras la dictadura, los manifestantes coreaban: “¡25 de abril siempre, liberémonos del fascismo!”, en referencia a ese día de 1974 en el que oficiales progresistas derrocaron el “Estado nuevo” del dictador Antonio Salazar, anunciando la Revolución de los Claveles.

Lejos de negar este antagonismo entre democracia y ajuste, los ideólogos de Nova lo asumen sin complejos: “Es cierto. Muy cierto. Ése es exactamente mi propósito”, opina el profesor José Neves Adelino, quien dirige el programa MBA de Nova y ocupa un puesto en los Consejos de Administración de varias sociedades. Hasta hoy, “los programas políticos se concebían para hacerse votar”, dice, proponiendo como ejemplo el sistema de salud pública. Pero, a sus ojos, un sistema universal y gratuito no siempre es viable: “Si se continúa garantizando un sistema de salud gratuito para todos, es simple: se agrega un 20% de deuda adicional. Y nos encontramos en una situación en la que no se puede asegurar el sistema que se pretende mantener”. Para Machado, “las democracias favorecen ampliamente el statu quo”. ¿Por qué? “Porque siempre se logra identificar quiénes son los perdedores de las reformas: grupos bien determinados, capaces de ejercer presión sobre los dirigentes políticos. Definir a quién va a beneficiar se revela más delicado: es a las generaciones futuras, a la comunidad en su conjunto.”

“Una de las líderes de la oposición fue muy criticada cuando exclamó: ‘¡Si tan sólo pudiera suspenderse la democracia por seis meses!’. Por supuesto –continúa Machado–, no era lo que ella preconizaba. Lo que quería decir es que el enfrentamiento entre reformas y democracia era ineluctable, y que las cosas serían mucho más fáciles si se pudiera poner a la democracia entre paréntesis.”

Pero Nadim Habib, director general de una escuela de management en Nova, conserva la esperanza: “Para ser honesto, al contemplar a los jóvenes que hoy tienen 18, 19 años, soy optimista en cuanto a la economía y la recuperación. Es ésta la generación que va a cambiar al país. Si no logramos influenciar a los dirigentes de hoy, las cosas serán diferentes con los que seguirán”. El decano asiente: “Más que la escucha del actual gobierno, prefiero tener la de la próxima generación de responsables”. ¿Serán votados? Nadie lo sabe. ¿Saldrán de Nova? Sin ninguna duda.

1. Peter Wise, “Portugal: a degree of influence”, The Financial Times, Londres, 19-9-11.

2. “Business school rankings 2011”, The Financial Times, http://rankings.ft.com

3. Véase “Où se cachent les pouvoirs”, Manière de voir, Nº 122, abril-mayo de 2012.

EL PLAN DE “SALVATAJE”

Un banco de prueba

“A veces tengo la impresión de que Portugal constituye un banco de prueba de aquello que el resto de Europa deberá soportar tarde o temprano si quiere reencontrar el crecimiento”, confía Nadim Habib, director general de un centro de formación en management en la Universidad Nova de Lisboa. Si Portugal sirve, efectivamente, de laboratorio para las políticas que se aplicarán en otros países, entonces las sociedades europeas podrían sufrir la transformación social más importante desde la caída del comunismo.
Después de Grecia e Irlanda, Portugal fue el tercer país de la Unión Europea (UE) que se benefició con un plan de “salvataje”. A cambio de una ayuda de 78.000 millones de euros (provenientes de la UE y del Fondo Monetario Internacional), en mayo de 2011, el gobierno aceptó reducir el déficit presupuestario del 9,1% al 5,9% del Producto Interno Bruto (PIB) de allí a fines del año 2012, y a 1,3% en 2013. Para alcanzar tales objetivos, el ministro de Finanzas Vitor Gaspar se comprometió a recortar el gasto público: de 50,5% a 43,5% del PIB de aquí a 2015. Un proyecto “sin precedentes” en más de medio siglo, concede dicho ministro (1).
La primera ola del programa de privatizaciones más radical de la historia de Portugal empezó en diciembre, cuando el Estado vendió a la China Three Gorges Corporation sus participaciones en la compañía Energias de Portugal. Una tras otra, la autoridad aeroportuaria, la compañía aérea nacional, el agua, la radio nacional y los transportes públicos deberían ser liquidados en los próximos meses.
Mientras se redefinen las fronteras del Estado, el nivel de vida de los trabajadores con ingresos bajos y medios sufre una inédita presión. El impuesto al valor agregado (IVA) sobre la electricidad y el gas natural pasó del 6% al 23%. En 2011, todos los trabajadores tuvieron que hacer frente a un impuesto a las ganancias excepcional, equivalente al 50% de un mes de salario. Como en otros países del sur de Europa, a menudo los funcionarios reciben dos meses de aguinaldo; se suprimieron para aquellos que superaban los 1.000 euros mensuales. Considerados en conjunto, los empleados del sector público vieron cómo sus ingresos se reducían en un 25% (2). El subsidio de los desocupados sufrió una rebaja del 17% para una prestación que ahora se limita a dieciocho meses. Los salarios del sector privado no salen mejor parados: el gobierno prolongó la jornada laboral en media hora, es decir el equivalente a quince días de trabajo –no remunerado– por año.
A comienzos de enero, invocando un descenso de la demanda interna superior al previsto y que día a día la austeridad debilita cada vez más, el Banco Central disminuyó sus previsiones económicas, anunciando para 2012 una contracción del 3,1% del PIB (3). Cuando el 13 de enero la agencia de calificación Standard & Poor’s rebajó la nota de nueve países europeos, Portugal fue considerado de “alto riesgo”. La agencia fundamentó su decisión en estos términos: “Estimamos que un proceso de reforma basado sólo en la austeridad fiscal corre el riesgo de tener un efecto inverso al buscado, en la medida en que la demanda interna se derrumba debido a la creciente inquietud de los consumidores a propósito de la seguridad del empleo y del monto de sus ingresos netos, lo que erosiona la recaudación tributaria nacional” (4).
A fines de 2011, Portugal logró su objetivo de déficit presupuestario, pero tan sólo porque retiró 5.600 millones de euros de activos de las cajas de jubilaciones del país (5). g

1. The Financial Times, Londres, 31-8-11.
2. “Fears of ‘cosmetic’ reform as Portugal austeriy bites”, The Financial Times, 24-11-11.
3. “Portugal Lowers Economic Outlook”, The Wall Street Journal, Nueva York, 10-1-12.
4. “When, oh when, will Europe face the truth?”, The Daily Telegraph, Londres, 16-1-12.
5. “Portugal raids pension funds to meet deficit targets”, The Daily Telegraph, 2-12-11.

O.J.

* Periodista. Autor de Chavs. The Demonization of the Working Class, Verso, Londres, 2011.


Teresa Garufi

http://www.eldiplo.org/notas-web/ideologos-del-recorte?token=&nID=1

Crisis en Madagascar

UNA TRANSICIÓN SIN FIN


Por Thomas Deltombe*

Tres años después del derrocamiento del presidente Marc Ravalomanana, Madagascar se encuentra en un impasse. La Isla está hundida en una profunda crisis, víctima de la rapacidad de las elites y de las cuestionables políticas de desarrollo impuestas por sus socios extranjeros.


Debían ser cuatro o cinco, aunque finalmente son unos treinta los obreros que nos esperan sentados unos junto a otros en los bancos de madera que suelen usarse en las reuniones sindicales. No todos están afiliados a la Confederación General de Sindicatos de Trabajadores de Madagascar (Fisema), la primera organización de asalariados del país. Pero casi todos están empleados en las empresas textiles de la zona franca de Antsirabe, tercera ciudad de Madagascar, 170 kilómetros al sur de la capital, Antananarivo.
Es en estas islas mundializadas que brotaron en los últimos veinte años, donde se confeccionan –por un salario mensual de 90.000 o 110.000 ariary (30-40 euros)– los shorts, jeans y camisetas que se venden en Europa con las etiquetas de las grandes marcas. Reunidos bajo el pizarrón del “sendika” [sindicato, en malgache], en el patio contiguo a la casa del delegado local de la Fisema, los obreros aceptan explicarnos “la crisis”, bajo condición, insisten, de que no citemos sus nombres.

La “crisis” es ante todo la parálisis política que acecha al país desde marzo de 2009, cuando el alcalde de Antananarivo, Andry Rajoelina, desplazó del poder al entonces presidente Marc Ravalomanana, cuestionado por la opinión pública y abandonado por el ejército. Desde entonces, la situación inicialmente provisoria se eternizó bajo la forma de una Alta Autoridad de Transición (AAT) presidida por Rajoelina. A pesar de haber renunciado oficialmente, Ravalomanana no tiene ninguna intención de dejar que su rival se imponga. Exiliado en Sudáfrica, planea seriamente regresar al país. La “comunidad internacional”, que acusa a Rajoelina de haber cometido un golpe de Estado, suspendió la mayoría de las ayudas que beneficiaban a Madagascar. Pero ese episodio revela fallas de funcionamiento más profundas, de tipo estructural, que ponen de manifiesto la falta de habilidad de las elites malgaches y el fracaso del modelo de desarrollo impuesto al país desde hace décadas.

“Los responsables son los políticos, pero las consecuencias las sufrimos nosotros”, exclama un obrero de Antsirabe. Las sanciones económicas afectan profundamente la economía, ya debilitada por la crisis económica de 2008, recuerda otro, que insiste en la ruptura del African Growth and Opportunity Act (AGOA), ley estadounidense que en los últimos diez años había reactivado la industria textil malgache. Desde que se suspendió ese dispositivo, en 2009, más de 25.000 obreros –de los 100 mil con que cuenta el sector– fueron despedidos. Y muchos otros atravesaron largos períodos de suspensión de la producción por parte la empresa.

Los más golpeados

La fábrica Mklen, que exportaba toda su producción a Estados Unidos, cerró sus puertas y dejó en la calle a 1.200 empleados. Extrañamente, los que trabajan para las fábricas que siguen funcionando –Cottonline, Cotona, Aquarelle– ignoran cuál fue el destino de sus colegas de Mklen. Es imposible saber qué fue de ellos, como si súbitamente se hubieran transformado en fantasmas: unos se habrían sumado al conjunto de hombres que tiran a pie esos carruajes de dos ruedas, llamados carros de culí, muy comunes en las calles de Anstirabe; otros habrían regresado a sus pueblos de origen, y unos pocos habrían sido enviados a la Isla Mauricio o a Jordania, donde la firma tiene otras fábricas…

Algunas empresas menos dependientes del AGOA, como Cottonline, pudieron volver a emplear personal después de 2010. Pero, como ocurre en otros lugares, los patrones aprovechan la situación para ajustarle la rienda a los obreros. “Nos aplican reducciones de salario con cualquier excusa. A veces despiden gente por cualquier motivo, simplemente para mostrarnos que son ellos los que mandan”, afirma una joven con notorio enojo. En el banco contiguo, una mujer asiente con la cabeza y cuenta que tras ocho años trabajando en Cottonline fue despedida sin preaviso “porque estaba enferma”. Le dieron 200 mil ariary (70 euros), y se tuvo que ir a su casa.

El Estado también se ve muy afectado por el congelamiento de la ayuda internacional, que en 2008 representaba la mitad de sus ingresos. Los funcionarios aún perciben sus salarios, pero las administraciones sufrieron severas reducciones en sus presupuestos. En ese contexto, la Inspección del trabajo, o la Caja Nacional de Previsión Social (Cnaps) resultan incapaces de imponerse frente los empleadores. El director del control de gestión de la Cnaps, Manan’lala Adriantsalama, reconoce abiertamente su incapacidad para controlar las 20.000 firmas afiliadas. “Y los trabajadores tienen tanto miedo de perder su empleo que no se atreven a venir aquí para quejarse”, añade.

Las repetidas promesas hechas a los malgaches desde la adopción de la ley de 1989 sobre las zonas francas, parecen lejanas. Apostando a las “ventajas comparativas” y a los “efectos de arrastre”, Madagascar debía entrar en un “circulo virtuoso de crecimiento”. Al cabo de veinte años, sólo se realizó la primera parte de ese programa: los salarios fueron mantenidos artificialmente bajos, a pesar de la elevada capacidad profesional de los trabajadores; y se erradicaron los impuestos y los derechos aduaneros para atraer las inversiones extranjeras. Pero –y es en este punto donde la teoría se derrumba– el círculo que generaron esas restricciones nunca fue “virtuoso”. Hace ya veinte años, hasta los partidarios de ese cuestionable “modelo de desarrollo” afirmaban que sólo podía tener éxito “si el clima fuera verdaderamente favorable y tranquilizador para los inversores” (1).

Pero ocurre que la Gran Isla no resulta para nada tranquilizadora. Madagascar, que fue escenario de una primera revolución en 1972, no dejó de verse conmocionada por crisis políticas e incesantes transiciones. En 1991 la población salió a las calles para revelarse contra el dictador Didier Ratsiraka, que ocupaba el poder desde hacía dieciséis años. En 2002, el mismo Ratsiraka, que había regresado al palacio presidencial por la vía de las urnas seis años antes, fue nuevamente obligado a exiliarse por los partidarios del empresario Ravalomanana. Al cabo de lo que fue casi una guerra civil, “el rey del yogurt” –como se denominaba al dueño del grupo agroalimentario Tiko– terminó imponiéndose. Pero, luego de ser electo en 2006, tuvo también que partir al exilio en 2009, al ser derrocado por el joven Rajoelina, cuya trayectoria de empresario y de político es sorprendentemente similar a la de Ravalomanana... (2)

Las crisis se suceden: 1972, 1991, 2002, 2009, y la vida se torna cada vez más difícil. La tasa de crecimiento resulta negativa en relación con la población del país, que pasó de 7,6 millones en 1975, a más de 20 millones en la actualidad. El Producto Interno Bruto por habitante (PIB/h) disminuyó un promedio de 1,6% cada año, entre 1975 y 2003. Y durante los periodos de florecimiento económico, entre 2003 y 2008, por ejemplo, la situación de la población prácticamente no ha mejorado. Tres cuartas partes de los malgaches (76,5%) siguen viviendo bajo la línea de la pobreza: 468.800 ar., lo que equivale a 160 euros por persona y por año. Madagascar “es un país de dos velocidades, donde una minoría está integrada a los circuitos de decisión económica y política, mientras que la mayoría de la población permanece marginada”, señala un informe del Banco Mundial publicado en junio de 2010 (3).

El descenso a los infiernos

Así es que, mientras un puñado de ricos se atrincheran en los barrios privados de la capital, protegidos por alambrados y empresas de seguridad privadas, los otros se ajustan el cinturón sobre sus estómagos vacíos. Esa supervivencia se tornó aún más difícil, dado que desde 2009 el precio de los productos de primera necesidad –los PPN, como se los llama habitualmente– no dejan de subir. En medio de ese clima, y cuando los puestos de trabajo perdidos desde marzo de 2009 llegan a 200 mil (4), los pocos trabajadores del sector formal que aún perciben un salario, por módico que sea, son considerados privilegiados.

“Nos hundimos”, reconoce José, mientras conduce su bamboleante Renault 4L por las calles de Antananarivo. Ex maestro de obra en una empresa constructora, uno de los sectores más afectados por la crisis junto al textil y al de turismo, José fue despedido poco después de que Rajoelina llegara al poder. Entonces se hizo chofer de taxi. “Antes ganaba un millón y medio FMG [105 euros] (5). Ahora es mi mujer la que me mantiene”, confiesa con amargura. El testimonio de Ginah, de 30 años, ilustra de manera más dramática aún ese descenso a los infiernos. Soltera y sin hijos, Ginah es lavandera y debe ocuparse de sus cuatro sobrinos. Sus dos hermanas –explica con voz dulce– se volatilizaron luego de haber sido despedidas de empresas francas de Antananarivo. Como los fantasmas de Mklen en Antsirabe. Por su parte, su hermano, harto de buscar un empleo fijo, decidió alistarse en el ejército –sin salario, pero con techo y comida asegurados– antes que caer en el infernal “sector informal”. Con cuatro bocas para alimentar, Ginah acumula retrasos en el pago del alquiler y se hunde en la miseria.

Así funciona el prometedor “círculo” de los economistas. “Se registra un aumento del desempleo y del subempleo, y sobre todo una explosión del sector informal de subsistencia, una fuerte caída del poder adquisitivo de los trabajadores y un aumento de las desigualdades sociales. Así es que los resultados obtenidos en materia de reducción de la pobreza en los últimos años desaparecieron y hasta se invirtieron”, (6) según confirma un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en base a estudios realizados en 2006 y 2010 en Antananarivo.

Si la situación es difícil en la ciudad, en el campo no es para nada mejor, indica Olivier de Schutter, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación. “El 35% de la población rural pasa hambre, y cerca del 50% es vulnerable a la inseguridad alimentaria”, (7) sostiene en un alarmante informe publicado en el verano de 2011. Numerosos observadores subrayan lo absurdo de las sanciones internacionales que afectan a los malgaches sin siquiera rozar a sus dirigentes; y paradójicamente obligan a los otros países amigos a aumentar su ayuda humanitaria.

¿Quién es el responsable de esta situación? Para José, el ex maestro de obra, hay que culpar a los “agitadores”, aquellos que derrocaron a Ravalomanana en 2009. “No fue el pueblo el que hizo la revolución, fueron los empresarios que el ex presidente había dejado de lado”, afirma. Para reforzar su punto de vista, explica que los manifestantes habrían sido pagados, barrio por barrio, para fomentar disturbios y quemar los comercios Tiko, emblema del imperio industrial de Ravalomanana. Luego, señalando con el dedo la miseria circundante, agrega con una sonrisa: “Por entonces mi mujer y mis hijos apoyaban a Andry [Rajoelina]. Hoy están decepcionados”.

Muchos testimonios confirman lo que dice José. Un periodista, que pide mantenerse bajo anonimato, nos cuenta en detalle lo que vio en 2009, cuando su patrón, un empresario anti-Ravalomanana, lo envió a cubrir la información sobre la “revolución” en las calles de la capital. “Gente de Rajoelina le daba plata a un fokontany [el jefe del barrio] para incitar a los jóvenes a manifestar en el centro de la ciudad. El propio fokontany me dijo que recibía 75.000 ar. por día y por persona. Pero me di cuenta de que no distribuía todo: era también un negocio para él”. Ese mismo periodista reconoce haber recibido 20.000 ar. diarios para cubrir los acontecimientos. Cuando esa historia se le cuenta a los pro-Rajoelina, se encogen de hombros: “¿Acaso usted cree que Ravalomanana no le pagaba a sus partidarios?”.

Si bien el dinero jugó un papel que no conviene subestimar en las manifestaciones de 2009, los signos de rechazo popular habían ido aumentando en los meses previos a la caída de Ravalomanana. Con su política liberal, sirviendo prioritariamente a los intereses de sus fieles, confundiendo los intereses del Estado con los de su propio conglomerado empresarial, el entonces presidente se había puesto en contra a un creciente sector de la población (8). La elección de Rajoelina como alcalde de Antananarivo, en diciembre de 2007, frente al candidato de la presidencia, fue el signo precursor de la desgracia. Pero el dueño de Tiko no aceptó hacer ninguna concesión y aumentó, en cambio, los errores políticos, haciendo él mismo de Rajoelina un rival creíble. “Ravalomanana no escuchaba a nadie. Fue por eso que la gente lo abandonó y dejaron actuar a Rajoelina”, explica Jean-Eric Rakotoarisoa, profesor de derecho constitucional y vicepresidente de la Universidad de Antananarivo.

Aunque Rajoelina supo explotar los errores de su adversario, comenzando por su proyecto –que generó muchos cuestionamientos– de ceder 1,3 millones de hectáreas al grupo coreano Daewoo, no parece gozar de mayor popularidad que la de su predecesor poco antes de su caída. Incluso sus partidarios le reconocen como principal mérito, y a veces el único, haber desalojado a Ravalomanana…

Buenos negocios

Hay que tener en cuenta que el joven presidente de la AAT –tiene 37 años– no parece muy dispuesto a romper con las prácticas del pasado. Rajoelina y sus equipos aprovechan incluso directamente las iniciativas lanzadas por el gobierno anterior. Es el caso de un contrato por 100 millones de dólares firmado a fines de 2009 entre el Estado malgache y la empresa china Wisco para la prospección de yacimientos de hierro en Soalala, en la costa occidental. Ese negocio está envuelto en una espesa opacidad, remarca el International Crisis Group (ICG), que se asombra de que semejantes sumas hayan sido puestas a disposición de la presidencia transitoria: “Ese tipo de ingresos financieros, presentados como una gran oportunidad para el país, lo son también para el personal político en ejercicio” (9).

El ICG va más lejos, y subraya las “relaciones incestuosas” que persisten entre los intereses públicos y privados, evocando la instauración de un “poder en las sombras” por detrás de la AAT, y hasta de “un sistema que algunos califican de mafioso”. En ese registro, el caso que hizo más ruido es sin duda el de las maderas preciosas. En los meses siguientes a la llegada al poder de Rajoelina, el tráfico ilegal de madera de rosa, destinado casi exclusivamente a China, aumentó vertiginosamente. Sólo en el año 2009 cincuenta y dos mil toneladas, provenientes de unos cien mil árboles, habrían sido cortadas, más de la mitad de ellas dentro de áreas protegidas. “El dinero de la madera de rosa permitiría en parte compensar la falta de recursos del Estado de manera extrapresupuestaria, pues ese ingreso no está previsto oficialmente. Pero sobre todo sería una fuente de enriquecimiento extraordinario para ciertos miembros del régimen y para quienes los sostienen” señala el ICG.

El gobierno de transición, sin gran reconocimiento internacional, trata de mostrar que combate a esos traficantes. Pero no logra convencer a las asociaciones, que ven que se condena a personajes de segunda línea, sin salpicar a los peces gordos. Y también prosigue la tendencia criminal dentro del Estado. “No pasa una semana sin tráfico de oro, piedras preciosas o aletas de tiburón. La descomposición de la autoridad y del control aduanero abre el camino a tráficos cada vez más amplios. Algunas personas muy cercanas al presidente sacan provecho directamente”, afirma el investigador francés Mathieu Pellerin. La AAT puede fácilmente responderle: el tráfico no es exclusivo de este momento; todos los regímenes estuvieron comprometidos en ello.

Las mismas prácticas se reproducen con cada nuevo presidente. La población critica a la clase política en su conjunto. Esta tendencia ya antigua, se acentuó desde que, gracias a la crisis, fueron reintroducidos en la actividad política todos los ex presidentes. En efecto, Didier Ratsiraka (1975-1993 y 1997-2002), Albert Zafy (1993-1996), Marc Ravalomanana (2002-2009) y Andry Rajoelina (desde 2009) fueron instados por la “comunidad internacional” a ponerse de acuerdo sobre un plan para “salir de la crisis”. Así, mientras que los responsables del marasmo “negocian” (y se reparten jugosos puestos) el pueblo malgache, al que se le prometen elecciones desde 2009, comprende que no tiene ni voz ni voto.

Los habitantes de Antananarivo continúan examinando las portadas de los periódicos expuestas en la calle, y tratan de comprender las interminables negociaciones que se prolongan bajo la égida de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC). Desde las “hojas de ruta” mal hechas hasta los inhallables gobiernos “consensuales”; desde las promesas incumplidas hasta las firmas no respetadas, esa población terminó viendo la vida política como un combate de catch o una telenovela latinoamericana. La pasión no desapareció, sino que se cargó de una sensación de repugnancia creciente hacia las castas del poder, ya se trate de “grandes familias” de la aristocracia tradicional, de los caciques que manejaron el país luego de la independencia en 1960, o de empresarios convertidos en políticos por interés, como Ravalomanana o Rajoelina.

Los observadores extranjeros no son los últimos en condenar las “elites” malgaches. En una síntesis edificante, centrada en los sectores forestal y minero, un equipo del Banco Mundial presentó una severa crítica a los espacios dirigentes: “En Madagascar es mucho más fácil para las redes personales capturar un recurso o negociar un resultado que le es beneficioso a corto plazo, que consolidar un sistema público ‘impersonal’ que pueda sobrevivir a los diversos cambios de dirigentes” (10).

Ese llamado al orden, sin dudas saludable, oculta sin embargo un aspecto esencial: la continua interferencia de los “socios” extranjeros –y no sólo los chinos– en la gestión del Estado. No es posible entender los extravíos de las elites malgaches si se olvida que el Estado en el que evolucionan fue instaurado en 1960 por la ex potencia colonial, Francia, acusada aún hoy en día de inmiscuirse en los asuntos de Madagascar. ¿De qué vale la apología de la “gobernanza” por parte de las instituciones financieras internacionales, cuando ellas mismas orquestan desde comienzos de la década de 1980 una liberalización de la economía, dirigida precisamente, como en las zonas francas, a quitarle al poder público toda capacidad de acción sobre las empresas privadas?

“Los primeros responsables del bloqueo político son claramente las elites malgaches. Pero también existe una responsabilidad internacional: los franceses, los estadounidenses y los sudafricanos están en plena lucha de influencias, en momentos en que comienzan a ser explotadas varias minas gigantes, y cuando se sospecha que existen yacimientos de petróleo”, analiza Rakotoarisoa en su oficina de la Universidad de Antananarivo. En realidad, nadie en Madagascar ignora que Francia apoya firmemente a Rajoelina, mientras que los anglosajones siempre mostraron entusiasmo por Ravalomanana. Pero unos y otros, prosigue Rakotoarisoa, están posiblemente “condenados a enfrentarse al adversario chino, cada vez más ofensivo”.

1. Mireille Razafindrakoto y François Roubaud, “Les entreprises franches à Madagascar : atouts et contraintes d’une insertion mondiale réussie”, Afrique contemporaine, N° 202-203, París, abril-septiembre de 2002.

2. Véase Rémi Carayol, “Duel d’hommes d’affaires à Madagascar”, Le Monde diplomatique, París, marzo de 2009.

3. Adolfo Brizzi, “Organisation sociale: une vue du bas… pour aider le haut”, in Madagascar: vers un agenda de relance économique, Banco Mundial, Washington, junio de 2010.

4. Grégoire Pourtier, “Madagascar: les PME en souffrance à cause de la crise politique”, AFP, 23-11-11.

5. En 2003, el Franco Malgache Garantido (FMG) fue reemplazado por el Ariary (5 FMG = 1 Ar.). Muchos malgaches continuan calculando en “FMG”.

6. “Analyse de la pauvreté des enfants à Madagascar”, Unicef, octubre de 2011.

7. “Conclusions préliminaires”, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, Roma, 25-7-11.

8. Ver Fanny Pigeaud, “Madagascar, entre el mercado y la cruz”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2006.

9. International Crisis Group, “Madagascar, la crise à un tournant critique?”, informe África N° 166, Bruselas, 18-11-10.

10. Revue de la gouvernance et de l’efficacité du développement, Banco Mundial, Washington, diciembre de 2010.

* Enviado especial. Periodista, autor, junto con Manuel Domergue et Jacob Tatsitsa, de Kamerun ! Une guerre cachée aux origines de la Françafrique, 1948-1971, La Découverte, París, 2010.


Traducción: Carlos Alberto Zito

http://www.eldiplo.org/notas-web/madagascar-en-crisis/

Las contradicciones del “progresismo liberal”


LOS PROBLEMAS DE UNA VISIÓN CÁNDIDA

Por Sebastián Etchemendy*

Últimamente se ha ido consolidando una corriente de intelectuales que, en sus intervenciones públicas, combina reclamos clásicos de la izquierda, como el rechazo a ciertos poderes económicos, con otros propios del liberalismo, como la división de poderes. El resultado es un planteo cargado de contradicciones.

En forma creciente, y en buena medida como resultado de su oposición al kirchnerismo, se ha ido consolidando en Argentina una corriente de crítica y pensamiento político que se podría denominar “progresista liberal”. Esta corriente presenta algunos tópicos clásicos de la izquierda, como –por ejemplo– un cuestionamiento a determinados poderes económicos y a la represión estatal a las organizaciones populares, combinados, en grado variable, con postulados más propios de la tradición política liberal: la denuncia contra la concentración de poder institucional en la Presidencia, la marginación del Congreso en la arena de toma de decisiones políticas y el poco respeto al funcionamiento genuino del federalismo. Ejemplo de esta matriz de pensamiento que ha tomado vigor este año lo constituyen intelectuales como Beatriz Sarlo. Quizás la muestra más sucinta de esta postura se encuentre en el texto “Reflexiones sobre la desigualdad” firmado por Maristella Svampa y Roberto Gargarella (1). Estos dos investigadores, junto a Sarlo y otros, conformaron el grupo Plataforma 2012. Asimismo, el más reciente agrupamiento de intelectuales y periodistas contra el supuesto tinte nacionalista del renovado reclamo argentino sobre Malvinas, que incluye a algunos de los mismos nombres (aunque no a Svampa) parece abrevar en las mismas fuentes del progresismo liberal. En este artículo señalo, basándome en razones históricas y teóricas, algunas contradicciones importantes en esta cosmovisión política. Argumento que, más allá de la coyuntura (y del kirchnerismo), en última instancia el progresismo liberal alberga una visión muy cándida sobre la posibilidad de complementar la tradición liberal con las corrientes políticas populares y de izquierda.

Mezcla de tradiciones

En el artículo mencionado, por ejemplo, Svampa y Gargarella denuncian las desigualdades económicas imperantes en materia de salud y educación entre las provincias argentinas, o de acceso general a la vivienda, e impugnan la connivencia del gobierno actual con las grandes empresas mineras, petroleras, exportadoras de granos y otras. En ese texto se condena también la conocida violencia ilegal que ejercen muchas policías provinciales. Al mismo tiempo, sin embargo, Svampa y Gargarella señalan cuestionamientos más generales típicos del recetario político liberal, como la “inédita concentración de poderes sobre la Presidencia”, a la que se califica de “monacal”, y la escasa participación del Congreso en la toma de decisiones. La imputación por la falta de federalismo, por los “modos verticales” de hacer política que impone la Presidencia y el control político del Poder Judicial, suelen ser también temas típicos en la agenda del progresismo liberal –de hecho, el documento original del colectivo Plataforma 2012 habla del “centralismo unitario” en la Argentina actual–.
Uno podría hacer una objeción de orden político-coyuntural a tales planteos. Cuestionar, por ejemplo, que los grandes grupos de medios concentrados o las organizaciones patronales agrarias (que uno supone tan adversos a un orden igualitario como las grandes empresas mineras) suelen estar menos mencionados en las denuncias que se realizan desde el progresismo liberal. No obstante, no es el estilo de crítica que me interesa formular aquí. Toda elaboración real y no testimonial de un proyecto político transformador en democracia elije algunos adversarios más que a otros, incluido el kirchnerismo. Me parece más relevante reflexionar sobre las implicancias teóricas, históricas y prácticas de este discurso de cuño progresista liberal.
Podríamos empezar señalando lo obvio: la tradición de izquierda de raíz marxista, donde uno esperaría que se apoyen intelectuales que se dicen críticos, dice poco acerca de los problemas de la concentración del poder político en el Ejecutivo y la defensa del rol del Congreso o el Poder Judicial. Como es bien sabido, los marxistas originarios estaban más preocupados por las desigualdades emergentes de un orden capitalista estructurado en torno de la propiedad privada y el trabajo formalmente “libre” que por los avatares del Congreso o los poderes ejecutivos fuertes. La lucha por esos postulados dentro de un orden democrático-legal nunca fue patrimonio del marxismo originario, pero tampoco ocupó demasiado espacio en el acervo teórico de sus herederos en el marxismo occidental, ya sea en la tradición alemana o italiana. Difícilmente encontremos en textos de Rosa Luxemburgo, Kautsky o Gramsci elogios a los ejecutivos débiles o arengas sobre la necesidad de parlamentos fuertes frente a los gobiernos una vez que la izquierda acepta el orden democrático-legal burgués. Las prioridades eran otras.
Pero si salimos de las preocupaciones teóricas marxistas y nos vamos a la práctica política de los partidos socialistas herederos de la Segunda Internacional, veremos que la consolidación de los avances de derechos sociales se dio en marcos de concentración de poder en el Ejecutivo y de hegemonía parlamentaria, más que en escenarios de presidencias débiles y pluralismo en las legislaturas. El famoso Pacto de Saltsjobaden en Suecia en 1938, donde esencialmente el sector empresario acepta las bases del futuro Estado de Bienestar, fue consecuencia de la amenaza revolucionaria por parte del SAP (el partido socialdemócrata europeo más fuerte en la primera parte del siglo XX después del alemán) a la propiedad privada y su control casi mayoritario del Parlamento. Los grandes momentos en la ampliación del Estado de Bienestar en el norte y el centro de la Europa de posguerra tienen que ver más con el avance hegemónico de la socialdemocracia o el laborismo (a veces en alianza con los partidos democristianos) que con la independencia judicial o el rol de parlamentos autónomos del Ejecutivo.
Si cruzamos el Atlántico la cuestión es aun más evidente. El New Deal, el movimiento más importante de ampliación de derechos sociales como la jubilación y el empleo en Estados Unidos, fue impulsado por un Poder Ejecutivo liderado por Franklin Roosevelt, que se enfrentó duramente (¡y por partida triple!) a los reclamos de muchos estados (provincias en EE.UU.), a una Corte Suprema favorable a los intereses empresarios y al Congreso, todos los cuales defendían de algún modo el statu quo de derechos sociales restringidos. Las batallas de Roosevelt en su proceso de ampliación de derechos contra cada una de estas instituciones que encarnan el dogma liberal, incluyendo sus presiones para la remoción de la vieja Corte Suprema, fueron memorables. Con los argumentos del progresismo liberal argentino, Roosevelt hubiera sido tachado sin dudas de hegemónico, verticalista y discrecional (2). 
Finalmente, la experiencia histórica en América Latina en lo que concierne a la ampliación de derechos no es muy diferente. Cuando uno mira la política real, los dos movimientos nacional-populares que encarnaron la expansión de derechos electorales y sociales en Argentina, el yrigoyenismo y el peronismo, tuvieron una impronta centralizadora muy fuerte en la Presidencia, tanto frente a las provincias como frente a la Corte Suprema o el Congreso. Lo mismo podría decirse de otras experiencias latinoamericanas, como el cardenismo en México o el varguismo en Brasil, que a su manera significaron el primer gran estadio de inclusión social en estos países: fueron, antes que nada, experiencias de fuerte consolidación del poder estatal centralizado.
En resumen, la experiencia histórica muestra no solo el más obvio y tradicional divorcio entre la raíz teórica del pensamiento marxista y los postulados políticos liberales, sino también que los grandes momentos de ampliación de derechos en Europa y América estuvieron caracterizados por ejecutivos concentrados y hegemónicos frente a las legislaturas, y por la centralización del poder político frente a las periferias regionales, especialmente en países federales como Estados Unidos, Argentina, México o Brasil, y no por la preservación dogmática de principios liberales como la autonomía del Congreso o del Poder Judicial, o los derechos políticos de las unidades territoriales.
Lo anterior no implica justificar, desde luego, todos los atropellos que las experiencias de izquierda o nacional-populares hicieron contra los sistemas liberales de control político y, mucho menos, un desprecio absoluto por los mecanismos de la democracia política inherentes a la tradición liberal. Los movimientos emancipatorios de este lado del mundo han aprendido, y trágicamente, de la experiencia de los años 70 y de los riesgos de menoscabar los mecanismos formales de la democracia electoral y el Estado de Derecho. Se trata más bien de asumir con madurez las obvias tensiones entre las demandas de mayor pluralismo político por un lado, y el combate contra los poderes económicos y la desigualdad por el otro. Como sabe cualquier estudiante de ciencia política que haya leído El Federalista de Madison, Hamilton y Jay—verdadera Biblia del liberalismo político moderno—, los mecanismos de “frenos y contrapesos” (como el control político a la Presidencia desde el Congreso, el Poder Judicial o las autonomías federales) fueron pensados en su origen histórico para conservar el statu quo y el poder de los propietarios ante la posibilidad de un Ejecutivo democrático-mayoritario, más que como instrumentos para prevenir la desigualdad. 

Procesos reales
El logro de la democracia política, la vigencia del Congreso y el Estado de Derecho tienen que ser parte, por supuesto, del menú de demandas de los movimientos populares. Pero una vez que el Estado de Derecho está vigente, como es el caso de la Argentina actual, seguir insistiendo en la autonomía del Congreso y la concentración de poder institucional en el Ejecutivo, o en la crítica al “centralismo unitario” como demandas prioritarias implica, en primer lugar, adosarles a los movimientos populares o de izquierda banderas que no les son propias, como lo muestran las visiones teóricas y las experiencias históricas recién revisadas. Segundo, y quizás más importante, hacen que cualquier movimiento reivindicativo termine pareciendo superfluo o testimonial. ¿Cómo combatir los poderes económicos establecidos sin un Poder Ejecutivo institucionalmente fuerte y concentrado para dar esa batalla?¿Cómo intervenir en las policías provinciales asesinas y a la vez denunciar el centralismo unitario, si la autonomía provincial es precisamente la piedra basal de esos mecanismos perversos?¿Se puede atacar la minería contaminante o la desigualdad del acceso a derechos entre provincias y al mismo tiempo potenciar el rol de un Congreso donde las provincias mineras están sobrerrepresentadas en la Cámara de Diputados, y tienen cada una tres bancas en la Cámara de Senadores a pesar de su escasa población?
No es casual que, en la política real, los procesos políticos populares y pos-neoliberales en América Latina hayan originado tensiones entre los presidentes que encarnan la nueva ampliación de derechos sociales, y los congresos, las constituciones escritas, las cortes y las autonomías federales –todas instituciones caras a la tradición liberal–, especialmente por tratarse de sistemas presidencialistas, donde esos elementos ponen muchos más obstáculos a las mayorías populares gobernantes que en el parlamentarismo europeo. Allí donde más radicales fueron los intentos de transformación social y los desafíos al establishment económico (más allá de lo acertado de su contenido puntual), como en los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador o Argentina, más conflictos hubo con las instituciones liberales tradicionales. 
Por ejemplo, todos los gobiernos que impulsaron leyes contra la gran prensa entraron en tensión con sectores del Poder Judicial establecido. En los casos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, solo mediante reformas totales o parciales de las constituciones escritas pudieron los nuevos presidentes relegitimarse en el Congreso y consolidar su (muchas veces precario) poder frente al establishment político y económico vigente. Los gobiernos de Ecuador, Venezuela, Bolivia y Argentina se enfrentaron con los reclamos de “autonomía federal” de regiones económicamente privilegiadas, ya se trate de Guayaquil, Zulia, el oriente boliviano o las provincias sojeras. En cambio, allí donde el progresismo se limitó a ampliar algunas políticas sociales, como en Brasil o en Chile, pero no hubo ni políticas para desconcentrar los grandes medios audiovisuales, ni activación sindical o de movimientos sociales, ni apropiación gubernamental de la renta de recursos naturales vía retenciones u otros mecanismos, los conflictos con los poderes institucionales que encarnan la tradición liberal fueron mucho menores.

Contradicciones

El progresismo liberal argentino junta inocentemente tradiciones políticas en suma tensión en pos de la crítica a un gobierno puntual. Así, aun aquellos con las mejores intenciones contaminan innecesariamente la tradición inclusiva y popular con elementos que no le son prioritarios, y en algunos casos ajenos. Dicho de otro modo, una vez asegurado el piso imprescindible de democracia política y Estado de Derecho, la política de los movimientos populares y la izquierda deben apuntar a consolidar un poder político central y transformador. La teoría y la experiencia histórica en los procesos democráticos demuestran que la ampliación de derechos sociales generalmente va desde Ejecutivos fuertes hacia el Congreso y el Poder Judicial, y desde el poder estatal central a las periferias federales, y no al revés. Postular acciones decisivas contra el poder económico y la desigualdad material, y a la vez invocar principios liberales clásicos acerca del poder concentrado de la Presidencia, el rol del Congreso y la autonomía federal, es hacer de la izquierda y la crítica un simple enunciado de buenas intenciones. 


1. Página/12, 15-1-12.
2. Por supuesto, en ocasiones una “institución liberal clásica” como el Poder Judicial ha sido impulsor relevante de ciertos derechos: es el caso del aborto o la educación igualitaria contra el racismo en EE.UU. en el siglo XX. Sin embargo, cuando se trata de derechos sociales más ligados al control de la política económica, la experiencia histórica indica que el rol del Poder Judicial ha sido mucho menor, cuando no un obstáculo.

* Profesor del Departamento de Ciencia Política, Universidad Torcuato Di Tella.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

http://www.eldiplo.org/154-el-subsuelo-en-disputa/las-contradicciones-del-progresismo-liberal?token=&nID=1

viernes, 23 de marzo de 2012

Los golpistas cierran el espacio aéreo y las fronteras terrestres de Malí


Han suspendido la Constitución e impuesto toque de queda
El presidente buscó refugio en la embajada de EEUU
El palacio presidencial ha sido saqueado y hay actos de pillaje


Sigue la tensión en Malí. Los militares que este miércoles perpetraron el golpe de Estado contra el presidente, Amadou Toumani Toure, han dispuesto el cierre del espacio aéreo y las fronteras terrestres del país, según confirmaron fuentes próximas a los golpistas.

Anoche, al menos 50 miembros de la guardia presidencial murieron en los combates con los golpistas en los alrededores del palacio presidencial, según fuentes de protección civil. Y este jueves, al menos otro militar ha fallecido y otras 40 personas han resultado heridas.

La medida la ha tomado el autoproclamado Comité Nacional para el Restablecimiento de la Democracia y la Restauración del Estado (CNRDRE), bajo el que se agrupan los golpistas, y permanecerá en vigor al menos hasta el próximo martes, indicaron las fuentes. El aeropuerto internacional de Bamako, la capital de Malí, permanece cerrado desde ayer, miércoles, y desde entonces ningún vuelo ha despegado o aterrizado allí.

La pasada madrugada, el CNRDRE, presidido por el capitán Amadou Haya Sanogo, mostró que su intención no es hacerse con el poder sino entablar un diálogo con los partidos de la oposición. Sobre todo quieren más medios para hacer frente a la rebelión tuareg que estalló el pasado 17 de enero en el norte del país y que ya se ha hecho con el control de media decena de localidades y de la base militar de Tessalit. Los soldados rechazan ser movilizados para participar en los enfrentamientos entre el Ejército y las fuerzas independentistas tuareg.

Discurso

En un discurso televisado, los militares justificaron su acción alegando el "clima de inseguridad" en el país y la "incapacidad del régimen para combatir el terrorismo".

Hasta nueva orden, se ha suspendido la Constitución, se han disuelto todas las instituciones del Estados y se ha impuesto el toque de queda, según señaló el subteniente Amadaou Konare, portavoz de los sublevados. Toure fue derrocado por su "incapacidad de solucionar la crisis en el norte de Malí", dijo en relación a los combates entre los rebeldes tuareg y las tropas del gobierno en esa zona del país.

Durante la alocución, Konare estuvo rodado por unos 20 rebeldes en uniforme militar, que pretenden ahora, según dijo, deliberar con países vecinos y organizaciones internacionales los próximos pasos.

La administración ha quedado paralizada, aunque el CNRDRE ha pedido a todos los funcionarios que se reincorporen a sus puestos a partir del próximo martes y todo aquel que no cumpla esta disposición será suspendido del servicio.

Varias decenas de soldados han tomado posiciones en la zona de los ministerios en Bamako, mientras que la junta militar ha ordenado a las tropas que patrullan por las calles que se abstengan de hacer disparos al aire y mantengan una actitud calmada.

¿Dónde está el presidente?

El miércoles, los soldados tomaron el edificio de la televisión y la radio estatal. Seguidamente asaltaron el palacio presidencial. Varios ministros fueron detenidos, informó la página web maliactu.net. También en la ciudad de Gao, en el norte del país, los soldados se amotinaron y tomaron a varios superiores como rehenes. Fuentes de los golpistas han manifestado los líderes del ejército leal al presidente permanecen bajo "arresto domiciliario" en la ciudad de Gao (al noreste del país).

Mientras, el presidente, de 63 años, buscó refugio en la embajada estadounidense de la capital Bamako, según informó este jueves la página web Malijet. Este jueves los golpistas han afirmado que "está bien" y en un "lugar seguro", aunque no precisaron si se encuentra en Malí o ha abandonado el país. "El presidente está bien, así como los tres ministros que permanecían retenidos en un cuartel", según anunció un militar, quien añadió que algunos miembros del gobierno han sido detenidos, aunque no especificó ni su número ni su paradero.

El palacio presidencial, tomado anoche al asalto, ha sido saqueado, en tanto que en diversas zonas de la capital se han producido actos de pillaje y se han oído tiroteos.

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/22/internacional/1332433510.html

jueves, 22 de marzo de 2012

Condena internacional al golpe militar en Mali


Los militares de Mali que derrocaron este jueves al gobierno del presidente Amadou Toumani Touré son objeto de una fuerte condena internacional.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se sumó a las peticiones de que regrese el orden constitucional, y el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo aseguran estar suspendiendo algunas operaciones.
Un portavoz de los rebeldes de Mali dijo que los soldados restaurarán la democracia tan pronto como se les asegure la unidad nacional y la integridad.
El paradero del presidente, Amadou Toumani Touré, aún se desconoce. El líder del golpe de Estado, sin embargo, dijo a través de la televisión nacional que el presidente goza de buena salud.

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/03/120322_ultnot_mali_golpe_militar_condena_en.shtml

lunes, 19 de marzo de 2012

Fricciones


Por José Natanson

La caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución del campo soviético abrieron el espacio para el ascenso de un nuevo tipo de izquierda, que es la que hoy gobierna casi todos los países latinoamericanos y todos, salvo Colombia y Chile, los de Sudamérica. La paradoja de una izquierda nueva que nace cuando la vieja izquierda muere es solo aparente: el fin de la competencia bipolar de la Guerra Fría habilitó la llegada al poder de partidos y líderes que en el pasado hubieran sido bloqueados por Estados Unidos mediante la desestabilización (como en Bolivia), la guerra mercenaria (Nicaragua), la invasión (República Dominicana) o el golpe de Estado (el Chile de Allende).
A esta novedosa distensión geopolítica hay que sumar un factor de orden interno, el fracaso del neoliberalismo, que falló a la hora de combatir males endémicos latinoamericanos como la pobreza y la desigualdad (algo que, en verdad, nunca había prometido) pero que sobre todo no logró cumplir los objetivos que sí se había propuesto: como demostró espectacularmente el caso argentino, el Consenso de Washington no consiguió en ningún país de la región –la única excepción, y discutible, sería Chile– estabilizar la economía ni relanzar un ciclo de crecimiento sostenido. El drama del neoliberalismo es que fracasó en sus propios términos.
Como las personas, el cambio político nace a partir de la fricción. En América Latina, fue el malestar social generado por las recetas neoliberales, que en casos como Argentina, Bolivia y Venezuela derivó en puebladas seguidas de represiones violentas, lo que hizo que cada vez más países comenzaran a explorar caminos alternativos, en lo que Rafael Correa definió no como una época de cambios sino como un verdadero cambio de época. A diez años del inicio de este nuevo ciclo, es posible arriesgar un primer balance.
Veamos.

Una mirada general

Desde el punto de vista económico, el balance es positivo. Tras la “década perdida” de los 80 y la “media década perdida” de la segunda mitad de los 90, la región recuperó niveles de crecimiento inéditos desde los 70. Según la Cepal, América Latina creció 4,4 por ciento promedio entre 2003 y 2011. Con ello, los nuevos gobiernos progresistas demostraron que son capaces de garantizar la gobernabilidad económica, es decir, evitar que la economía vuele por los aires, algo que ahora parece muy natural pero que era el fantasma más temido antes de la llegada al poder de líderes como Lula o Evo Morales.
En un artículo fundacional sobre el tema, acertadamente titulado “La macroeconomía de la bonanza” (1), José Antonio Ocampo atribuye este auge a la convergencia de factores externos (los altos precios de las materias primas y, durante varios años, las buenas condiciones de financiamiento internacional) e internos (el manejo del tipo de cambio y las políticas anticíclicas). Viento de cola, entonces, junto a una inteligente gestión macroeconómica.
Pero lejos de limitarse a garantizar altas tasas de crecimiento, los nuevos gobiernos produjeron también avances sociales sustantivos. Nuevamente según la Cepal, la pobreza disminuyó de 44 por ciento en 2002 a 32,1 en 2010, lo que la sitúa por debajo del nivel anterior al del inicio de la crisis de la deuda de los 80. Y como no se trata de contar caramelos sino de la vida de las personas, agreguemos que esto significa que nada menos que 44 millones de latinoamericanos dejaron de ser pobres en este período. La explicación habrá que buscarla en los programas de transferencia de ingresos, el más importante de los cuales, el brasilero Bolsa Familia, llega hoy a 12 millones de hogares, casi 50 millones de personas, lo que lo convierte en el plan social más masivo ¡del mundo! (ni China ni India cuentan con programas de estas características). En cuanto a la desigualdad, también disminuyó, aunque a un ritmo inferior al de la pobreza: según la Cepal, el índice Gini se redujo un promedio de 1 por ciento entre 2002 y 2010.
Aunque últimamente se ha puesto de moda calcular la política, y ahí están los politólogos que cuentan obsesivamente partidos o bancas parlamentarias, medir los avances y retrocesos institucionales es tan difícil como cuantificar el amor o la poesía. Lo que sí se puede afirmar es que –también contra lo que muchos pensaban–los gobiernos de izquierda lograron mantenerse en el poder pese al rechazo de grandes poderes fácticos, de los empresarios y la Iglesia a los medios (o quizás, es otra forma de verlo, debido a ello). En todo caso, estamos ante “ciclos políticos largos”, que a veces (Uruguay, Brasil) se sostienen en la continuidad de un mismo partido en el poder y otras (Venezuela, Bolivia, Ecuador) en la continuidad de la misma persona. Como sea, la izquierda demostró que además de gobernabilidad económica puede garantizar estabilidad política.




Mil colores

Pero quizás lo más interesante es que a esta altura ya es posible ver los matices nacionales de una izquierda verdaderamente multicolor. Algunas características notables, elegidas al azar, podrían ser las siguientes: Venezuela, quizás el caso más comentado y menos comprendido de todos, combina la continuidad exacerbada del típico rentismo petrolero con algunas políticas, muy importantes pero en franco declive, de contención social, en el marco de un gobierno de indiscutible origen democrático cargado de no menos indiscutibles inclinaciones autoritarias. Venezuela no contempla límites institucionales al ejercicio perpetuo del poder, lo que significa que Chávez puede permanecer en el gobierno tanto tiempo como su pueblo lo vote, lo que marca una diferencia con el resto de la región y emparenta a su país con las instituciones europeas (aunque en aquel caso se trata de democracias parlamentarias).
El éxito alcanzado por Brasil en temas tan variados como la lucha contra la pobreza y la exploración ultramarina de petróleo, la gestión urbana o la construcción de prestigio internacional, es consecuencia de un proyecto de largo plazo que se sostiene en tres exitosas transiciones: la democrática (cuyo pilar es la “Constitución ciudadana” de 1988), la económica (cuya base es el Real como garantía de estabilidad) y la social (con el Bolsa Familia como emblema de una larga serie de políticas). Parte de una tendencia geopolítica más amplia al ascenso de los países-continente (China, India, Rusia), Brasil es el único Estado latinoamericano capaz de convertirse en una potencia mundial.
El caso de Bolivia es diferente al resto por el carácter de “revolución simbólica” que implicó la llegada al poder de Evo Morales, el primer presidente aymara de un país en donde la población que se autodeclara indígena llega al 62 por ciento (2). Como queda claro al leer la entrevista incluida en esta edición de el Dipló, el presidente boliviano le imprimió a su gobierno un estilo muy propio, que no se limita a las costumbres de campesino de comenzar la jornada a las cinco de la mañana sino que se refleja también en una posición de intransigencia total frente a los (en verdad pocos) casos de corrupción que han aparecido, el más notable de los cuales es el protagonizado por Santos Ramírez, amigo personal de Evo Morales, quien fue padrino de la boda de su hija, y ex director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB), condenado a 12 años de prisión por recibir una coima. El jacobinismo boliviano en materia de corrupción marca una diferencia crucial con países como Venezuela o Argentina.

Otro tiempo

El estallido de la crisis mundial en septiembre de 2008 produjo un hecho que, en medio de la psicosis financiera y la vorágine de los mercados, pasó curiosamente desapercibido: por primera vez, el mundo en desarrollo superó en capacidad económica a los países avanzados. Como se aprecia en el gráfico, el producto global bruto de las 23 economías desarrolladas fue ese año el 47,2 por ciento del total mundial (3). Aunque buena parte de este fenómeno se explica por el crecimiento imparable de China e India, América Latina, liderada por Brasil, contribuyó a ello.
Este notable reequilibrio del planeta a través de brechas que se reducen se profundizó a partir de la segunda etapa de la crisis mundial, que afecta sobre todo a Europa, y todo indica que con el paso del tiempo se irá consolidando: el Banco Mundial estima que en los próximos dos años el crecimiento de las economías del Sur será cuatro puntos mayor al de las más avanzadas.
Pero conviene tener cuidado con el optimismo desmesurado. Por el impacto de la recesión europea y la desaceleración de China, las condiciones económicas mundiales están cambiando aceleradamente. La Cepal, de hecho, estima un crecimiento de la región de 3,7 para 2012. Nuevas fricciones asoman en el horizonte: Evo Morales tuvo que enfrentar una mini rebelión popular cuando intentó recortar los subsidios sobre los combustibles, Brasil anunció un ajuste de 32 mil millones de dólares para mantener en orden el frente fiscal y garantizar los altísimos pagos de la deuda, el gobierno peruano tiene que lidiar todos los días con las protestas ambientalistas, y Argentina ha visto reaparecer la restricción externa, mal endémico nacional que se pretende resolver con el método más bien tosco de pisar las importaciones una por una.
En el caso argentino, parece evidente que algunos problemas que se encuentran en el centro del debate público actual, como los conflictos con la CGT por la suba de salarios, los recortes de subsidios o las tensiones con algunos gobernadores, se deben a un entorno económico menos favorable que el del pasado, que pone un límite a la nominalidad salarial, presiona sobre las cuentas fiscales y valoriza cada uno de los dólares que ingresan, provengan de la soja, la carne o el oro.

1. Revista de la Cepal, Nº 93, diciembre de 2007.
2. Datos del censo del 2001
3. Banco Mundial, World Economic Indicators 2011.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

http://www.eldiplo.org/153-hay-que-acabar-con-los-usureros-internacionales/fricciones