jueves, 16 de agosto de 2012

El último pago


EL ORIGEN DEL BODEN 2012 Y EL FRACASO DE LA CONVERTIBILIDAD

Por Mario Rapoport*

El próximo viernes 3 de agosto se pagará el último cupón del Boden 2012, el bono ofrecido como alternativa para los ahorristas afectados por la pesificación de los depósitos bancarios. A diez años del 2001, ¿cuáles fueron las causas que condujeron a la crisis?

Al que depositó dólares se le devolverán dólares y al que depositó pesos se le devolverán pesos”, había dicho el entonces presidente Eduardo Duhalde. Esa frase fue pronunciada a poco de asumir su cargo, luego de la declaración de default del brevísimo gobierno de Adolfo Rodríguez Saá, producto de la crisis del régimen de convertibilidad y del “corralito” instaurado por el presidente Fernando de la Rúa el 1º de diciembre de 2001. Pero ello no fue así: lo que había prometido Duhalde resultaba en principio imposible, dado que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) no podía emitir dólares ni conseguirlos mediante emisión de deuda. 
El establecimiento del “corralón”, el 10 de enero de 2002, fue un primer paso para intentar resolver el problema. Éste consistió en la reprogramación de las fechas de devolución de los depósitos a plazo fijo. Según estuvieran denominados en pesos o dólares, esos depósitos pasarían a reintegrarse a partir de marzo de 2002 o enero de 2003, respectivamente. Así se inmovilizó la mayor parte de los depósitos en dólares, lo cual fue acompañado con una propuesta de canje voluntaria de los mismos por bonos, entre los cuales estaba el Boden 2012 que termina de pagarse ahora, el próximo 3 de agosto. El nuevo Plan ofrecía un menú de tres bonos diferentes, dos en dólares y uno en pesos. La oferta que el gobierno realizaba en conjunto con la conversión de las deudas de dólares a pesos comenzaba a delinear lo que luego se llamó la pesificación asimétrica: deudas en dólares pagadas 1 a 1 en pesos y depósitos en dólares reconocidos a un tipo de cambio mayor que el vigente en la convertibilidad: 1,40. 
Esta historia fue la última consecuencia de las políticas neoliberales basadas en el endeudamiento externo que llevaron a la crisis del 2001-2002 y luego al default. 

El origen de la crisis

Todo comenzó a fines de 1989, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, como consecuencia de una nueva ola hiperinflacionaria, producto de una drástica devaluación y del descontrol económico existentes. Esto dio lugar a la implementación, en enero de 1990, de un primer “corralito” que afectó los depósitos de los ahorristas mediante el Plan Bonex, durante el ministerio de Erman González, del que pocos se acuerdan hoy. En aquel momento, luego de un pequeño reintegro en efectivo, esos depósitos y los títulos de la deuda interna del Estado se convirtieron en un bono denominado en dólares a ser devuelto en diez años. La dura “punción monetaria” implicó una importante pérdida para los depositantes, redujo la oferta de dinero y provocó una recesión. Otros planes sucesivos buscaron sanear las finanzas públicas preparando la etapa posterior que estaba por venir, con la asunción de Domingo Cavallo como ministro de Economía, en enero de 1991. Las brevas estaban maduras para un plan antiinflacionario que respondiera a las características de la nueva ortodoxia neoliberal. 
Se instauró así el Régimen de Convertibilidad, aprobado por ley del Congreso el 1º de abril de 1991, con una devaluación de arrastre del 40%. El Banco Central fue autorizado a cambiar la denominación del signo monetario desde enero de 1992, cuando se estableció el peso como moneda de curso legal, equivalente a 10.000 australes, y se fijó el tipo de cambio de 1 peso por dólar. Ese mismo año, se modificó la Carta Orgánica del Banco Central en función de un esquema económico parecido al de la etapa previa al proceso de industrialización y al de su misma creación como institución monetaria. El BCRA se convirtió en una mera Caja de Conversión, quedando anulada toda posibilidad de realizar una política monetaria activa para suavizar las fluctuaciones económicas. Por el contrario, ante las frecuentes crisis de los mercados externos –que en los años 90 fueron muchas, y resintieron la producción y el empleo en la Argentina–, el Banco Central sólo actuaba en salvaguarda del sistema financiero a pesar de los elevadísimos índices de desempleo, las quiebras y la caída de la producción.
Con el régimen de convertibilidad, el tipo de cambio fijo correspondía a una dura regla de política cambiaria, donde la emisión monetaria debía tener un total respaldo en dólares mientras el BCRA no podía legalmente emitir dinero para financiar, vía redescuentos, a los bancos privados u otorgar préstamos al gobierno. De este modo renunciaba a la creación de dinero doméstico y toda venta de reservas implicaba una absorción de moneda nacional. 
Al igual que en épocas de la “tablita” de Martínez de Hoz, la apertura comercial y la liberalización de los flujos de capital acompañaban estas medidas. El tipo de cambio se convertía entonces en el ancla del sistema de precios. La creación y absorción de dinero quedaban limitadas al ingreso o egreso de divisas, lo que transformaba la oferta monetaria en una variable exógena, no controlada por la política económica. La decisión de privatizar empresas públicas como forma de cancelar parte de la deuda externa, más la reestructuración de las empresas privatizadas, generaron un creciente desempleo, que en pocos años trepó en más de 10 puntos, acercándose al 20%.
En un esquema así, con apertura irrestricta de los mercados y retraso cambiario, la única forma de controlar el déficit externo y el déficit fiscal era aplicando políticas recesivas y de ajuste, a la espera de un milagroso flujo de capitales que pudiera compensar esa situación. Se trataba de una economía que crecía sólo con el endeudamiento externo, como sucedió unos pocos años hasta la crisis mexicana de 1995. 
En verdad el ciclo económico funcionaba de la siguiente manera. Los períodos de expansión se asociaban a un ingreso de divisas desde el exterior, que permitían sostener el déficit comercial que se generaba por la sobrevaluación del peso. Cuando los flujos de capital se interrumpían, el ciclo entraba en su fase depresiva y el ajuste recesivo equilibraba paulatinamente las cuentas externas. Sin embargo, la recesión disminuía los ingresos públicos y originaba una crisis fiscal que, al ser combatida con recortes en los gastos, profundizaba esa recesión sin disminuir la brecha. Esto se debía al peso creciente de los servicios de la deuda que se incrementaban exponencialmente, aun cuando se transfirieran sumas enormes de pagos al exterior.
Después de casi una década de mantenimiento del tipo de cambio fijo, en el marco de una amplia liberalización financiera, desregulación económica y apertura comercial, la demanda agregada estaba deprimida, la sobrevaluación cambiaria inhibía el crecimiento de las exportaciones y los elevados niveles de desempleo limitaban la revitalización del consumo, mientras que la crisis del endeudamiento externo amenazaba al régimen de convertibilidad y subordinaba toda política económica tendiente a reparar sus efectos negativos.

Liberalización y endeudamiento

El gobierno nacional tomó créditos en el exterior no sólo para financiar su propio desequilibrio financiero, sino para acumular reservas y compensar el déficit externo del sector privado. Esto permitía prolongar la vida del régimen, aunque a costa de levantar una pesada hipoteca hacia el futuro. El incremento sostenido del nivel de reservas era fundamental para el crecimiento de la economía, pues de él dependía el comportamiento de la oferta monetaria y del crédito, y por tanto la evolución de la demanda pública y privada. Este mecanismo implicaba que la actividad interna estuviera estrechamente ligada a la posición financiera exterior de la economía nacional, a través del nivel de reservas, que determinaban la base monetaria.
Esta lógica se reproducía y agravaba porque los ingresos de divisas gestionados por el Estado eran rápidamente fugados por el sector privado, que reducía sus pasivos y aumentaba sus activos en el exterior a costa de un aumento colosal de la deuda externa pública. La disminución de la liquidez elevaba las tasas de interés y, por esa vía, afectaba nuevamente los niveles de actividad económica. El achicamiento del consumo y, sobre todo, de la inversión, repercutía negativamente sobre el nivel de importaciones. Aún así, el superávit de la balanza comercial era insuficiente para contrarrestar el pago de intereses y el considerable incremento en la remisión de dividendos. 
El régimen de tipo de cambio fijo se puso en jaque finalmente en el año 2001, con el gobierno de Fernando de la Rúa, en coincidencia con el regreso de Cavallo al ministerio de Economía, cuando ya se constataba una permanente caída en las reservas internacionales del país, que constituían los activos que debían respaldar prácticamente el 100% de la base monetaria en pesos. La fuga de capitales del sector privado no financiero fue en ese año de 30 mil millones de dólares. 
En este contexto, el sábado 1º de diciembre, el gobierno decidió una serie de medidas que entraron en vigencia el lunes 3 del mismo mes. Las principales disposiciones de lo que se conocería como el “corralito” fueron: 

1) Por cada cuenta bancaria sólo era posible retirar hasta 1.000 pesos o dólares en efectivo por mes, a razón de 250 pesos a la semana. El resto se podía extraer con cheques o tarjeta de débito o crédito.
2) Los retiros de dinero podían ser en pesos o en dólares, según decidiera el titular de la cuenta. Los bancos no debían cobrar comisión ni tampoco modificar el tipo de cambio, que fue ratificado en el 1 a 1. 
3) Las extracciones eran acumulativas: si se sacaba menos de 250 pesos por semana, podían compensarse en el transcurso del mes. 
4) Los cheques de terceros debían depositarse ya que no se podrían cobrar más en ventanilla.
5) Quienes viajaran al exterior no podrían llevar, por cada persona mayor de edad, más de 1.000 dólares en efectivo. 
6) Quedaban prohibidas las transferencias de divisas al exterior, con excepción de las que correspondían a operaciones de comercio exterior, al pago de gastos o retiros que se realizaban –fuera del país– a través de tarjetas de crédito o débito emitidas en la Argentina. 

El objetivo perseguido con estas medidas no llegó a buen puerto. El peso continuaba sobrevaluado, la recesión no mostraba signos de revertirse y la situación social se agravaba día a día. La política económica basada en el endeudamiento externo y la liberalización de todas las variables económicas salvo una, el tipo de cambio, quedaba encerrada en los límites de un nuevo “corralito”. El esquema de la convertibilidad resultó un simple espejismo basado en falsas premisas: la Argentina no es Estados Unidos ni emite dólares y terminó con una crisis formidable, de la cual el pago de la última cuota del Boden 2012 es una de sus lejanas instancias en el tiempo. 

La desdolarización total de la economía resulta, sin embargo, una cuenta pendiente para evitar caer en este tipo de trampas, cuyas consecuencias son la fuga de capitales o la tenencia de una moneda que no nos pertenece como refugio de valor. La inflación no se combate proponiendo una paridad que no existe entre dos monedas dispares. El actual caso de la crisis del Euro, que en parte se parece a la crisis argentina de 2001-2002, reafirma estos conceptos.

* Economista e historiador.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

http://www.eldiplo.org/notas-web/la-trampa-de-la-convertibilidad/


Siria no descansa


Edición Nro 143 - Mayo de 2011

Por Patrick Seale*

Un año y medio después del inicio de los levantamientos en Siria, continúa la feroz represión por parte del régimen de Bashar Al-Assad. Un repaso histórico de la dinastía Al-Assad y de la realidad política, económica y religiosa del país permite comprender la situación actual.


oncentrado en su lucha contra las amenazas externas y en las crisis regionales, el presidente sirio Bashar Al-Assad pensaba que su país estaba al abrigo de la ola que viene inundando a los otros países. Así, declaró en una entrevista a The Wall Street Journal, el 31 de enero, en respuesta a una pregunta sobre la comparación entre Egipto y Siria: “Deben cambiar de punto de vista y preguntarse: ¿por qué Siria es estable, aun cuando nos encontramos en un contexto más difícil? Egipto fue apoyado financieramente por Estados Unidos, mientras que nosotros sufrimos un embargo por parte de la mayoría de los países del mundo. […] A pesar de todo eso, nuestro pueblo no se subleva. No se trata solamente de las necesidades básicas o de la reforma. Se trata de ideología, de convicciones, de la causa que se defiende. Existe una gran diferencia entre el hecho de defender una causa y un vacío ideológico”.

No era posible estar más equivocado: los sirios, a su vez, pidieron el fin de los arrestos arbitrarios y de las brutalidades policiales, la liberación de los prisioneros políticos, una prensa libre, la abolición del artículo 8 de la Constitución que afirma que el partido Baas “dirige el Estado y la sociedad” y el levantamiento del estado de emergencia, en vigor desde que el Baas tomó el poder, en 1963.

Reformas insuficientes

Todo comenzó en Deraa, una ciudad del sur, en la frontera con Jordania. Los disturbios estallaron cuando, en marzo, una docena de niños fueron detenidos por pintar grafitis hostiles al régimen. Indignados, los habitantes salieron a la calle. Como señalaba Joshua Landis, uno de los mejores observadores extranjeros de este país: “Deraa es muy pobre y musulmana [sunnita]. Reúne todo lo que plantea problemas en Siria: una economía en quiebra, una explosión demográfica, un mal gobierno y fuerzas de seguridad autoritarias” (1). El error –tal vez fatal– de los servicios de seguridad fue disparar a la multitud con balas reales.

Sin embargo, antes del estallido de la crisis, Al-Assad no presentaba las maneras de un dictador árabe tradicional. A sus 45 años, parecía modesto y no manifestaba la arrogancia de aquellos que han nacido para el poder. En 1994, cuando estudiaba oftalmología en Londres, la muerte accidental de su hermano mayor Bassel, sucesor designado de su padre, Hafez Al-Assad, proyectó hacia la arena política a un Bashar reticente. Hasta la reciente ola de matanzas, muchos sirios seguían apoyándolo, viendo en él a un hombre educado, moderno, un dirigente proclive a la reforma, mejor colocado que otros para llevar los cambios necesarios a buen puerto.

En 2000, cuando sucedió a su padre, Siria estaba retrasada, en ruptura con un mundo cada vez más globalizado y tecnológicamente avanzado. Sus primeras reformas fueron financieras y comerciales: los bancos y las compañías de seguros privadas fueron autorizados por primera vez en 2004; cinco años más tarde, en marzo de 2009, se produjo la apertura de la Bolsa. Actualmente, el país negocia su adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC). El poder introdujo los teléfonos celulares e internet. Las escuelas y universidades privadas se multiplicaron.

El Presidente estableció con Turquía una alianza política y económica –se suprimieron las visas entre ambos países–, lo que favoreció el comercio entre las regiones fronterizas, beneficiando particularmente a Alepo. La ciudad vieja de Damasco fue revitalizada, algunas casas antiguas restauradas, y se abrieron muchos restaurantes y hoteles para recibir un flujo creciente de turistas.

No obstante, estas reformas favorecieron el agravamiento de las desigualdades y el aumento del desempleo (2), sin mencionar un elevado nivel de corrupción, mucho más importante que en Túnez o en Egipto. Un tercio de la población vive bajo la línea de pobreza. Se van agotando los de por sí limitados ingresos petroleros, y el país, víctima de varios años de sequía y de una mala gestión, se volvió importador de trigo.

Los manifestantes no están estructurados políticamente y no ha surgido ningún líder. Como en los demás países árabes, la gente se organizó de forma espontánea, ya que la represión de las últimas décadas dejó muy pocas estructuras funcionando. Por último, las divisiones de un país de mayoría árabe sunnita, pero que incluye importantes minorías alauita (3) (entre el 12 y el 15%) –de la que proviene la familia Al-Assad y la mayoría de los cuadros militares y políticos–, cristiana (10%), sin hablar de los drusos y kurdos (4), no facilita la identificación de los grupos. Lo que es seguro es que las corrientes islamistas son poderosas, y el propio Presidente lo ha reconocido a su manera: una de las primeras reformas adoptadas después de un encuentro con los religiosos sunnitas fue permitir el regreso al trabajo de 1.000 maestras excluidas por usar el niqab (5) y… el cierre del único casino del país. Aunque debilitados, los Hermanos Musulmanes ejercen su influencia y se han oído en las manifestaciones numerosos eslóganes contra los alauitas y algunas minorías, especialmente los cristianos. El régimen no duda en manipular estas tensiones.

Como una nube oscura sobre esta escena planea la memoria de las masacres de Hama, en 1982, cuando Hafez Al-Assad aplastó de manera sangrienta una insurrección armada de los Hermanos Musulmanes. Este grupo islamista había lanzado en 1977 una serie de ataques terroristas contra el régimen, matando a sus partidarios. Tomó el control de la ciudad de Hama, en el centro del país, donde asesinó a los miembros del partido Baas y a los funcionarios del gobierno, sobre todo los alauitas. El gobierno respondió sin piedad. En represalia, la ciudad fue bombardeada por el ejército, y numerosos habitantes fueron asesinados. Se ignora la cifra exacta de muertos, pero estaría entre 10.000 y 20.000. Treinta años más tarde, algunos islamistas sueñan con la revancha, mientras el poder juega con los temores de los alauitas y de las otras minorías.

Ciertamente, en su discurso del 16 de abril, el presidente Al-Assad anunció una serie de reformas (nueva ley sobre los partidos políticos, sobre la prensa, etc.), incluyendo el levantamiento del despreciado estado de emergencia. Pero el impacto de estas medidas quedó anulado cuando se supo que las fuerzas de seguridad seguían disparando a los civiles. La entrada del ejército en Deraa y las informaciones parciales sobre las masacres cometidas en esta ciudad parecen dar vuelta una página.

Los años de ejercicio del poder endurecieron al presidente Bashar Al-Assad; se hizo más autoritario. Desarrolló el gusto por el control sobre toda la sociedad, desde los medios de comunicación a la universidad o la economía, a través de su familia –especialmente su primo Rami Makhlouf que controla, entre otras cosas, una de las compañías de telefonía móvil–, o de sus hombres de confianza. En lugar de ser un sistema de participación popular, que hace llegar las opiniones desde la base a la dirección, el partido Baas se convirtió en un simple instrumento de movilización, un medio para recompensar la lealtad y castigar la disidencia. Cualquier expresión libre es imposible; las decisiones políticas siguen siendo exclusividad de un pequeño grupo que gravita en torno al Presidente y de los servicios de seguridad (6). Además, Al-Assad, como su padre, detesta que lo apuren y no quiere dar la impresión de ceder a la presión.

Para llevar a cabo verdaderas reformas, siempre que tome esa decisión, debería traicionar los intereses de su familia ampliada, los de los jefes de sus servicios y del ejército –especialmente su hermano Maher, comandante de la guardia presidencial y uno de los elementos más duros del régimen–, de las figuras poderosas de la comunidad alauita, y de ricos comerciantes sunnitas de Damasco cercanos al poder. La nueva burguesía, numéricamente poco importante pero poderosa, se enriqueció durante la transición de la economía estatal a la economía de mercado; también cuenta con el Presidente. ¿Tiene Al-Assad la voluntad de poner término a los métodos brutales de la policía y de los servicios de seguridad que él mismo avaló? Es posible dudar de ello, sabiendo que esas prácticas llevan medio siglo –e incluso más–, porque la autocracia en la región, como en Siria, tiene raíces profundas.

El combate contra Israel

Pero el régimen también debe tener en cuenta a sus enemigos en el Líbano, en Jordania, en Irak y en Arabia Saudita, sin olvidar a Israel, y en el seno de las redes de exiliados sirios en Londres, París y Washington. Algunos cuentan con apoyos en Estados Unidos. Según cables diplomáticos revelados por WikiLeaks y publicados el 17 de abril de 2011 por The Washington Post, el Departamento de Estado financió secretamente a la oposición siria –en particular a las redes londinenses– por un monto de 12 millones de dólares entre 2005 y 2010.

El régimen del hijo se inscribe en una continuidad con el del padre. Al elegir a Bashar –antes que al vicepresidente Abdel Halim Khaddam o a otro dignatario que lo había servido con lealtad–, Hafez Al-Assad le legó un sistema autocrático centralizado, apoyado en una presidencia todopoderosa, así como en toda una serie de aliados y enemigos en la escena regional e internacional que, en conjunto, determinaron la política siria a largo plazo. Concebir e implementar importantes reformas internas, como lo exige la situación actual, requeriría un cambio radical de prioridades, ya que la política exterior ha sido para los Al-Assad, en el curso de las últimas décadas, una cuestión vital que acaparó la parte principal de su energía.

La carrera de Hafez y luego la de su hijo se estructuraron a partir del conflicto con Israel. Siria tuvo que sobrevivir y luchar en un entorno mesoriental hostil, modelado por la brillante victoria de Tel-Aviv durante la guerra de junio de 1967, por su ocupación de vastos territorios –entre ellos la meseta siria del Golán–, y por su estrecha alianza con Estados Unidos. Así se afirmó una forma de hegemonía estadounidense-israelí de la que Siria, desde entonces, trata de desprenderse. La guerra de 1973, lanzada por El Cairo y Damasco con el propósito de alcanzar una paz global, tuvo algunos éxitos iniciales. Pero, en 1979, Egipto se retiró de los combates y firmó una paz separada con Israel, dejando a la región aun más expuesta a la dominación del Estado hebreo.

Frente a esas amenazas, Siria estableció una asociación con la nueva República Islámica de Irán. Y después de la invasión del Líbano por Israel, en 1982, cuyo objetivo era destruir a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y atraer al país del cedro a su órbita, Damasco se alió con la resistencia chiita en el sur. Llevando a cabo una guerra de guerrillas, disponiendo del apoyo logístico y militar de Irán y de Siria, Hezbollah logró en mayo de 2000, después de 18 años de ocupación, expulsar a las fuerzas israelíes y liberar el país. Así, se reforzó el eje Damasco-Teherán-Hezbollah-Hamas, principal rival regional de Estados Unidos y de Israel.

Ni Estados Unidos ni Israel ahorraron fuerzas para destruir ese eje e impedir que adquiriera una capacidad de disuasión. Irán debió enfrentar sanciones y amenazas militares a causa de su programa nuclear. Hezbollah debió resistir las amenazas israelíes, incluida la guerra de julio-agosto de 2006. Siria fue sometida a intimidaciones, al aislamiento, a las sanciones estadounidenses y a un ataque israelí, en septiembre de 2007, a un sitio que se suponía alojaba equipamientos nucleares.

Fue un aprendizaje difícil para el presidente Al-Assad. Como su padre antes que él, debió resolver una serie de crisis potencialmente mortales. Pudo enorgullecerse de haber procurado al país una cierta forma de estabilidad y de seguridad. Los ciudadanos sirios, comparados con los del Líbano o Irak, que sufrieron su cuota de guerras destructoras, ¿no deberían contentarse con su suerte? “La más sublime forma de libertad –escribió el 25 de abril el diario oficial Tishrin– es la seguridad de la patria”.

Pero estas declaraciones ya no alcanzan. Como señala en su editorial del 27 de marzo Abdelbari Atwan, jefe de redacción del diario árabe Al-Quds (Londres) –un diario conocido por hablar francamente, por su apoyo a los palestinos y por su oposición a la injerencia de Estados Unidos–, “la solidaridad con la resistencia libanesa [Hezbollah], la acogida de los secretarios generales de las organizaciones palestinas [especialmente Hamas] cuando todas las capitales árabes les habían cerrado la puerta en la cara, son posiciones respetables, por las que estamos agradecidos al régimen sirio, y por las que pagó un alto precio. Pero no vemos ninguna contradicción entre esas posiciones y la satisfacción de las demandas del pueblo sirio y, si existe alguna contradicción, preferimos que el régimen suspenda su apoyo al pueblo palestino y a su causa, y que responda a las demandas de su pueblo de extender las libertades y de combatir la corrupción. (…) Porque los pueblos oprimidos no son capaces de liberar los territorios ocupados, y los ejércitos de las dictaduras no son capaces de llevar a cabo una guerra victoriosa”.

1 En su blog Syria Comment, “Deraa: The government takes off its gloves: 15 killed”, 23-3-11.

2 Samir Aita, Les travailleurs arabes hors-la-loi, L’Harmattan, París, 2011.

3 Secta musulmana a menudo clasificada como chiita.

4 Varios centenares de miles de kurdos fueron privados de su nacionalidad. En 2004, el presidente Assad prometió devolvérselas, pero esa promesa no fue cumplida. La renovó durante la actual crisis.

5 El niqab es un velo que cubre la cara en su totalidad, dejando sólo una pequeña ranura horizontal para los ojos (N. de la T).

6 Véase Judith Cahen, “Frustraciones de la ‘primavera de Damasco’”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, noviembre de 2002.

* Periodista. Autor de The Struggle for Arab Independence: Riad el-Solh and the Makers of the Modern Middle East, Cambridge University Press, 2010.


Traducción: Lucía Vera
Un año y medio después del inicio de los levantamientos en Siria, continúa la feroz represión por parte del régimen de Bashar Al-Assad. Un repaso histórico de la dinastía Al-Assad y de la realidad política, económica y religiosa del país permite comprender la situación actual.
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lunes, 9 de julio de 2012

La UE da margen a España y flexibilizará el déficit del 5,3% al 6,3% en 2012


Los socios europeos debatirán la medida y sus condiciones en el Ecofin de mañana

Bruselas da tres meses al Gobierno para que adopte medidas eficaces


Los ministros de Finanzas de la UE van a conceder a España un año más, hasta 2014, para alcanzar su objetivo de déficit del 3% del PIB, han avanzado este lunes tres diplomáticos de la UE con vistas a la reunión del martes, donde se tomará la decisión. "Los objetivos de consolidación fiscal de España se ajustarán para darle un año extra", ha concretado uno de los diplomáticos. Según consta en un borrador de la cumbre, esta flexibilización de los objetivos del déficit se traduce en un importante balón de oxígeno para España. En concreto y si finalmente se aprueba el texto en los mismos términos, el conjunto de las administraciones españolas podrán cerrar este año con un desfase del 6,3% del PIB, un punto porcentual frente al 5,3% previsto. Para 2013, el nuevo objetivo sería del 4,5% en lugar del 3% incluido en el Plan de Estabilidad mientras, en 2014, se alcanzaría el límite que impone Bruselas con un 2,8%.
La medida de gracia de Bruselas, que ya se planteaba en la revisión del Programa de Estabilidad español de finales de mayo, estará sin embargo condicionada al cumplimiento de una serie de recomendaciones, algunas de las cuales ya están en el disparadero. Entre ellas destaca la subida del IVA que hoy ha confirmado el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, así como incremento de otros impuestos medioambientales. Sobre las condiciones, el Consejo Europeo ha establecido un plazo de tres meses para que le Gobierno español adopte medidas eficaces y transmita un informe sobre cómo piensa alcanzar los objetivos durante este periodo.
"No es un movimiento unilateral. España necesita hacer los recortes necesarios para alcanzar esa meta y eso se debatirá el martes en el Ecofin (reunión de ministros de Finanzas de la UE). Preveo que se conceda un año más", ha añadido.
Otros dos diplomáticos han confirmado que España recibiría un plazo mayor para alcanzar sus objetivos a cambio de adoptar más medidas de ahorro. Bajo la normativa de la UE, España tiene que reducir su déficit público al 3% del PIB para 2013 tras situarlo en el 5,3% a final de este año. Este recorte del desfase presupuestario supone un esfuerzo de ajuste sin precedentes equivalente según consta en los libros a 39.300 millones de euros. Para ello, el Gobierno incluyó en los ya desfasados Presupuestos de 2012 recortes y aumentos de impuestos por 27.000 millones y, unas semanas después, forzó a las comunidades a sacar la tijera por 10.000 millones en sanidad y educación, lo que, sumado a los ajustes ya previstos, elevaba su esfuerzo de consolidación en 18.000 millones.
No obstante, la Comisión y los socios europeos son conscientes de que la recesión que sufre España será fuerte y que más recortes podrían hacerla aún más larga y profunda. De hecho, el deterioro económico ya se está dejando notar en la recaudación de impuestos como el IVA, que está en caida libre y ha bajado un 10% en los primeros cinco meses del año, lo que complica aún más alcanzar los objetivos de consolidación fiscal. Fruto de esta caída de los ingresos y condicionado por los adelantos a la Seguridad Social y a las comunidades, el Estado ha cerrado mayo con un desfase entre sus ingresos y gastos del 3,41%, muy cerca del tope del 3,5% establecido para la Administración Central para todo el año. Si a este 3,5% se le suma el margen previsto hasta ahora para las comunidades, entes locales y Seguridad Social el objetivo se iba al 5,3%.
Sobre el reparto que hará el Gobierno del nuevo punto porcentual de margen entre las distintas administraciones, el ministro del ramo, Cristóbal Montoro, ha admitido que debatirán este tema si finalmente sale adelante en la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) de este jueves. En esta cita, ha añadido, también se analizará la ley de estabilidad que les obliga a imponer límites de gasto no financiero en sus presupuestos, algo nuevo para las comunidades. Bruselas condicionó
En los mercados, donde el país está sometido a una fuerte presión, el déficit o los problemas del sector financiero no son los únicos motivos de preocupación, ya que los inversores temen que la amenaza de una mayor contracción económica y una prolongada crisis acabarían por agravarlos con el tiempo.
Del lado de las dificultades, la flexibilización del objetivo de déficit ha superado los recelos generados por las sucesivas revisiones al alza del déficit público así como por los problemas para embridar las cuentas de las comunidades. Sin embargo, el objetivo de evitar al máximo un rescate del conjunto del Estado, una vez que ha solicitado ya el de sus bancos, ha podido con las reticencias. A partir de las previsiones recogidas en los Presupuestos y el Plan de Estabilidad, el nuevo objetivo de déficit del 6,3% del PIB para 2012 equivaldría a un ajuste de 28.700 millones de euros, aunque aquí también la mala evolución de la recaudación del Estado alterará la cifra definitiva.



México: Libertad y justicia para dos presos de conciencia indígenas


José Ramón Aniceto Gómez y Pascual Agustín Cruz son defensores de derechos humanos de la comunidad indígena náhuatl de Atla. Ya han pasado más de dos años en prisión por un crimen que no cometieron. ¡Actúa!
A veces me he sentido desesperado, a las 5:30 nos encierra otra vez – me siento triste, me desespero – a veces pienso, cuando ya tendría mi libertad.”

José Ramón Aniceto tiene 64 años, está casado y tiene ocho hijos. Pascual Agustín Cruz tiene 45 años, está casado y tiene seis hijos. En el momento de su detención, José Ramón Aniceto era presidente auxiliar y Pascual Agustín Cruz era juez de paz de lacomunidad de Atla. Son cargos no remunerados para los que fueron elegidos por la comunidad.

Por muchos años, un poderoso grupo liderado por un cacique local controlaba el acceso al agua potable para su propio beneficio económico, cobrando a muchos de los miembros de la comunidad por las conexiones al agua sumas de dinero equivalentes a más de cuatro meses de sueldo. José Ramón y Pascual trabajaron para aumentar el acceso al agua potable en las viviendas. Como resultado de este trabajo, fueron detenidos, juzgados y sentenciados en 2010 a casi siete años en prisión por el supuesto robo de un coche.

La investigación sobre las acusaciones hechas en contra de José Ramón y Pascual se basaron en pruebas fabricadas y su juicio fue injusto: no tuvieron un intérprete o a un abogado defensor que conociera su lengua, las autoridades no llevaron a cabo una investigación imparcial para establecer los hechos y el juez les negó su derecho a la presunción de inocencia y a la igualdad ante la ley.

Amnistía Internacional ha analizado los documentos y pruebas judiciales, ha entrevistado a los testigos y a los dos hombres y ha visitado la comunidad de Atla. Basándose en esa investigación, la organización ha concluido que la causa contra José Ramón Aniceto y Pascual Cruz se emprendió exclusivamente como represalia por su labor legítima para incrementar el acceso de su comunidad al agua.

Dos años han pasado y los hombres siguen en la cárcel. Pide al Presidente de México tome medidas para liberar a José Ramón y a Pascual inmediata e incondicionalmente.

¿Cuál es el plan de Rusia para detener el baño de sangre en Siria?


Rusia ha bloqueado los esfuerzos internacionales para detener las violaciones masivas de derechos humanos en Siria, afirmando que tiene un plan mejor para resolver la crisis. Mientras tanto, las muertes se cuentan por centenares solo en las últimas semanas.
Malika al-Khateeb es una mujer siria. Tiene dos hijos y está embarazada de seis meses. El pasado 15 de mayo fue detenida junto a sus hijos y otros cinco miembros de su familia mientras estaban en su casa. Desde entonces, tanto Malika como sus dos hijos, de 10 y 8 años respectivamente, se encuentran recluidos en régimen de incomunicación. Al parecer, han sido detenidos únicamente por tener relación con Said Mahmoud Hamada, esposo de Malika, a quien las autoridades sirias acusan de “pertenecer a un grupo terrorista” y que actualmente vive en la clandestinidad.

El caso de Malika y su familia es un ejemplo más de las violaciones a los derechos humanos que se comenten en Siria. Desde que estallaron las manifestaciones, en febrero de 2011,más de 10.000 personas han perdido la vida en Siria. Se ha detenido a millares de personas, y se cree que muchas, si no la mayoría, han sufrido tortura y otros malos tratos. Además, alrededor de 380 personas han muerto bajo custodia. En todo este tiempo, Amnistía Internacional ha seguido recibiendo información sobre homicidios ilegítimosmas detenciones y reclusión en condiciones que constituyen desaparición forzada.

Dado que las autoridades sirias hacen caso omiso de los continuos llamamientos a parar la represión, la comunidad internacional debe actuar. Rusia, país clave por sus relaciones con Siria, y miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ha ejercido repetidamente su derecho a veto en relación a las resoluciones encaminadas a detener la violencia en Siria.

En Siria se están cometiendo crímenes de guerra y contra la humanidad. Por ello, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debe referir la situación de Siria al fiscal de la Corte Penal Internacional, así como imponer un embargo de armas y congelar los bienes del presidente al Assad y de sus colaboradores próximos. Además, se debe asegurar que la Misión de Supervisión de Naciones Unidas en Siria esté dotada de un componente de derechos humanos y que los observadores tienen la capacidad y los medios necesarios para proteger a las víctimas y testigos.

Un trauma cultural


LOS ARGENTINOS Y EL DÓLAR


Por Alejandro Grimson*

¿De dónde surge la dólar-dependencia de los argentinos? El autor de este artículo esboza una respuesta: de las experiencias vividas a lo largo de cuatro décadas y de memorias sociales de injusticias, que no han sido reparadas y siguen operando emocionalmente. 


El dólar vuelve, una y otra vez: tablita, uno a uno, pesificación asimétrica, corralito, corralón, devaluación administrada. Con sólo considerar algunas palabras surge la pregunta de si se trata de un deporte (corridas, reservas, fugas), de una paleta de pintura (verde, negro, blue) o del encaje de un vestido; y, obviamente, si el arbolito dejará ver el bosque. Si hace diez años, cuando el dólar arañó los 4 pesos, alguien hubiera dicho que una década más tarde iba a llegar a 4,50 todos nosotros, expertos en el valor del dólar, nos hubiéramos muerto de risa.
Los argentinos sabemos del dólar como nadie. En el noticiero de la radio dicen la cotización del día. En los 90, después de una década de uno a uno, ya habíamos buscado otra medición: el riesgo país, útil por ser análogo a la sensación térmica, un dato medible, duro: la sensación de los intereses. Hacia el 2001, cuando todo estaba por estallar, el informativo informaba en tiempo real si bajaba o subía. Y nosotros, más ignorantes con el riesgo país que con el dólar, preguntábamos: y si supera los mil puntos, ¿qué sucede? Se cae el país, respondían. Eso era antes de que pasara los mil y los mil quinientos. Pero claro, los que sabíamos por dónde volaba el riesgo país no sabíamos que esa calificación sólo tiene relevancia en el contexto de una política de alto endeudamiento. Atentos al datito del día, se desatendía el marco ideológico del fin de siglo.
¿Sólo compran dólares las clases altas? Recuerdo, como si fuera hoy, que a mediados de 1989 los empleados públicos salíamos con el salario del mes, cruzábamos la Plaza de Mayo hasta la calle San Martín y convertíamos el 80% de nuestro sueldo en cincuenta dólares, para ir vendiendo de a poco cada semana y así intentar acercarnos un poco a fin de mes. Aunque sólo los grandes compran de a millones, el dólar les importa a todos, lo compren o no. Importa porque es leído, con o sin razón, como un indicador de nuestro presente y nuestro futuro.
Dólar y ciencia
El dólar no es un indicador natural ni un indicador científico. Cualquiera sabe que el tipo de cambio es una variable que en muchos países se comporta con bastante autonomía respecto de otras variables de la economía. Hay que leer bastante más que el valor de una moneda extranjera para entender el funcionamiento económico de un país. Y a veces ni los economistas entienden. Sin embargo, en Argentina, cuando la sociedad se preocupa mira el dólar, como si el dólar dijera algo. Si el que apuesta al dólar gana, es porque vamos mal. Si los funcionarios gritan “El que apuesta al dólar, pierde”, la sensación de que la situación es complicada se profundiza. Pero si el que apuesta al dólar pierde y no deja de perder quizás la maraña comienza a desenredarse.
Un país independiente, comprometido con su propia autonomía como para apoyar una dura renegociación de la deuda o la nacionalización de YPF, pero que no puede dejar de pensar en dólares: el panorama parece desolador. ¿El problema es psicológico, económico, genético o cultural?
La respuesta tiene varias aristas que merecen ser consideradas con cuidado. Primero es necesario detenerse en qué significa exactamente “cultural”. Muchas veces pareciera afirmarse que el dólar es un “problema cultural” para indicar que es un “problema ficticio”. Si fuera cultural, se infiere, no sería tan grave como si fuera económico, porque en este último caso sería “real”. Si es un problema simbólico, en cambio, sería puramente imaginario, contrario a las matemáticas. Un ejemplo ayuda a ilustrar la idea: si usted atesoró en dólares desde 2003 a la fecha, ha perdido muchos de sus ahorros; si usted atesoró en pesos, ha perdido un poco menos; si usted adquirió propiedades, ha ganado. Como obviamente sólo un sector muy pequeño de la población alcanza a atesorar en propiedades, nos queda el sector dólar-maníaco (que perdió mucho) y el más diversificado en monedas (que perdió menos) (1).
Pero muchas personas no hacen las cuentas exactamente de este modo. Quienes compraron dólares para atesorar, más bien hacen la cuenta desde (digamos) el año 2000. En este caso, aquellos que mantuvieron sus dólares fuera de los bancos ganaron mucho dinero en los años inmediatamente posteriores. Hoy muchos ahorristas pequeños y medianos que compran dólares se preguntan si habrá una megadevaluación en base a la experiencia del 2001, aunque toman nota de que no fue la mejor inversión en el período 2003-2012 (y menos aun si se considera la pérdida de valor de compra del dólar por la inflación en dólares en Estados Unidos). Lo central, en todo caso, es que hay muchas formas de sacar las cuentas y que las matemáticas están enredadas con razonamientos culturales.
Por otra parte, para adquirir propiedades, es decir para acceder a una de las mejores inversiones conservadoras de la última década, hacen falta dólares, ya que no hay vendedores dispuestos a vender en pesos, ni a calcular en pesos el valor de su propiedad. Eso también es un problema cultural, es decir un problema real, en el sentido de un problema con enorme incidencia sobre la economía real.
La cuestión, entonces, es indagar por el peso abrumador del dólar en Argentina. ¿De dónde viene? Propondremos una hipótesis: viene de las experiencias vividas a lo largo de cuatro décadas y de memorias sociales de la injusticia, sobre las cuales no ha habido –ni podrá haber– reparación, pero que de todos modos siguieron operando, en estos años, como un trauma cultural.
Dólar y memoria
La memoria es una cuestión típicamente cultural. Nadie puede recordar, como “Funes el memorioso”, todos y cada uno de los detalles. La memoria cultural siempre es muy selectiva, narrada, construida desde el presente. Se alude a la memoria para referirse a cuestiones muy diversas del pasado. En este sentido, no podría afirmarse que Argentina sea un país de memoria corta. De hecho, la presencia del pasado reciente es muy poderosa, dados los juicios vinculados al terrorismo de Estado y al hecho de que la sociedad y la propia Presidenta se muestran interesadas en indagar y revisar la historia nacional, incluyendo la batalla de Caseros, homenajes a Felipe Varela y a Manuel Dorrego. Si alguien cree que los argentinos no se interesan por la historia es porque no ha entendido la peculiar preocupación, muy cultural, de los argentinos por su pasado. Los best sellers sobre historia argentina, sean estos mejores o peores, expresan claramente ese fenómeno, que por otra parte no parece resultado de la convicción en un pasado considerado glorioso sino más bien en lo contrario, en el sentido de entender por qué en el siglo XX el país no fue lo que podría haber sido.
Pues bien, ¿qué sucede con la memoria económica? Si se quiere analizar seriamente esta cuestión cultural habrá que separar las narrativas puramente ideológicas de la historia, las memorias sociales relevantes y los traumas irresueltos de los argentinos. Es necesario puntualizar entonces al menos dos cuestiones. La primera: hacia el año 2002 o 2003 se fue construyendo un consenso muy amplio alrededor de la certeza de que Argentina había vivido una larga etapa de decadencia. Se discutía si la época de oro había sido a inicios del siglo XX con el auge agroexportador, o en el primer peronismo con la industrialización sustitutiva y la integración social, o incluso si las cosas habían funcionado más o menos bien a pesar de las dificultades hasta 1976. Nunca hubo acuerdo sobre cuándo había comenzado la decadencia, pero sí sobre el declive dramático (iniciado hacía un siglo, medio siglo o un cuarto de siglo). La última década, con altos índices de crecimiento, dividió las percepciones, entre quienes creen que hemos ingresado a un nuevo modelo sustentable, quienes creen que se trata de una etapa pasajera resultado de los precios de la soja y quienes no están muy seguros de si Argentina superó sus crisis cíclicas o si se está asomando a una nueva hecatombe.
La segunda cuestión a puntualizar se refiere a las crisis y sus impactos: el Rodrigazo de 1975, la crisis del 82, la crisis hiperinflacionaria del 89-90, el estallido de la convertibilidad en 2001-2002. Se trata en todos los casos de traumas culturales poco elaborados y profundamente injustos.
Del Rodrigazo encontramos entre las personas más cercanas historias opuestas: alguien había dejado sus ahorros en una caja de zapatos, se anunció un ajuste nunca visto en la historia del país, y sus ahorros se convirtieron en nada. Los precios volaron por los aires y los billetes en moneda nacional perdieron todo valor. Pero también es posible escuchar la historia opuesta: una persona que había tomado un crédito hipotecario en pesos vio cómo, tras la devaluación, el valor de la cuota terminó siendo equivalente al de un paquete de cigarrillos. El impacto fue durísimo entre los trabajadores: el Rodrigazo fue en esencia una transferencia de ingresos fenomenal y los sindicatos salieron a las calles. La carrera de Celestino Rodrigo como ministro fue breve, pero la injusticia tuvo larga vida: allí comenzó la caída del salario real consolidada después por Martínez de Hoz. La injusticia fue una experiencia real con profundas consecuencias en el imaginario social. En las formas culturales de hacer cuentas, los argentinos recordamos mejor cuando fuimos estafados que cuando alguien salió ganando. Podría decirse que ambas situaciones fueron injustas, pero en nuestra memoria sólo la primera de ellas se vive de ese modo. Probablemente porque quienes ganaron fueron menos, pero además porque, salvo los sectores más concentrados, las grandes mayorías, en términos estructurales, no dejaron de perder en este tipo de episodios.
La cultura en la economía
Pese a que algunos todavía siguen creyendo que la economía es una ciencia exacta, hace décadas que los economistas aluden a la “confianza”. Y aunque los ortodoxos crean que con sus recetas tienen los mecanismos para “fabricar” confianza, la experiencia de Argentina, que estuvo en sus manos muchos años, demuestra que no es así.
En este contexto, no son pocos los problemas culturales de la economía en el país. De un lado, persiste una idea de que la esfera económica es independiente de las otras. De otro, es posible encontrar una idea de “cultura”, bastante tonta, que alude al ADN de los argentinos. Pero la cultura es lo contrario de los genes, la cultura se relaciona con el lenguaje y el sentido común: es lo que aprendemos en la vida social más allá de los genes que portamos y es algo que siempre puede ser hasta cierto punto transformado por los propios seres humanos.
Una forma de mirar el tema es analizar la relación de los argentinos con los impuestos. En este caso, podrá constatarse fácilmente que detrás de expresiones muy habituales, como por ejemplo “el único gil que paga impuestos soy yo”, hay diversos elementos culturales. En primer lugar, una tensión irresuelta entre Estado y sociedad: en ciertos sectores prevalece la idea de que todo lo que se paga de impuestos el Estado lo desvía hacia algún lugar indebido. Sería difícil explicar así la Asignación Universal, las políticas sociales o de ciencia, por mencionar algunos casos. Pero además subyace a aquella frase la idea de que quien habla es una suerte de caballero europeo que paga impuestos en un país en donde todos los demás evaden. Esta idea es técnicamente equivocada: todos los consumidores pagan IVA, por ejemplo. La relevancia de esa expresión queda más clara si se tiene en cuenta la facilidad con la que muchas personas cuentan cómo se las ingenian para pagar menos impuestos. No se ha instalado aún, en la cultura argentina, una condena moral al delito de evasión: un problema cultural con consecuencias económicas.
Este tipo de análisis permite iluminar otras características culturales que inciden en la economía, como el cortoplacismo o el corporativismo. Es conocida (y sumamente interesante) la explicación de la inflación a través de la “puja distributiva”. Pero dicha puja no está determinada por la economía, sino por la cultura política. Comprenderlo es clave: los aumentos de precios, que por historia más que por conocimiento técnico empujan a contar los ahorros en dólares, son multicausales. Entre las causas, las cuestiones políticas y culturales cumplen un papel decisivo.
Corto/largo plazo
La gran pregunta de estas semanas es cómo terminar con la dólar-dependencia cultural. Por supuesto, si alguien tuviera la fórmula exacta ya la habría implementado. Hay además muchos intereses en juego: de sectores que apuestan a una megadevaluación, de otros que buscan que no se dispare el espiral inflacionario. En este contexto, lo que suceda en los próximos meses será decisivo para poder iniciar un cambio cultural sobre bases sólidas. Y en este sentido es crucial, primero, que el Banco Central confirme que ninguna corrida cambiaria podrá torcer al poder político. Segundo, que una vez que se deje de hablar del dólar, porque eso es lo que va a suceder, se recupere la mirada sobre las necesidades de divisas y las opciones de políticas públicas. Es importante que la sociedad perciba que puede adquirir dólares en relación con sus ingresos declarados y, a la vez, que perciba que no le conviene hacerlo. Si se lograra eso, que es justamente lo que sucedió en los años anteriores y que en la actual coyuntura internacional plantea otros desafíos, se abre la oportunidad para una verdadera política integral orientada a que los argentinos pensemos en pesos.
Pensar en pesos no es pesificar. Es, por ejemplo, lograr que se realicen en pesos todas las transacciones inmobiliarias, es decir desdolarizar actividades habituales de la economía. Utilizar la palabra “pesificación” implica llamar a los traumas sociales del pasado, a situaciones de profunda injusticia que no han sido elaboradas. Diseñar, desde las políticas culturales y de comunicación, un análisis histórico de aquellos episodios es una tarea relevante. Donde la justicia institucional no puede actuar es necesario que la sociedad elabore los episodios dramáticos del pasado, no exentos de terrorismo económico, para al menos construir un balance justo.
1. Véase un ejemplo de este razonamiento en Página/12, Buenos Aires, 3-6-12.
* Antropólogo, investigador del CONICET y decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín.

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

¿Vuelve la “dictadura perfecta”?


ELECCIONES EN MÉXICO


Por Le Monde diplomatique París

El recuento de votos confirmó el triunfo de Peña Nieto (PRI) inicialmente calificado de fraudulento por su opositor, López Obrador (PRD). Desenlace de una intensa campaña en un país atravesado por el narcotráfico.

El telegénico candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI, centro) Enrique Peña Nieto resultó vencedor en las elecciones presidenciales mexicanas del domingo 1º de julio, con el 38,14% de los votos, frente a Andrés Manuel López Obrador (31,64%), del Partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda); Josefina Vázquez Mota (25,4%), del Partido Acción Nacional (PAN, derecha); y Gabriel Quadri (2,3%), del Partido Nueva Alianza (PANAL, derecha) (1). López Obrador calificó el resultado como “fraudulento” y exigió un recuento de los votos. ¿Una primicia? No realmente, ni siquiera en el transcurso de los últimos treinta años…
6 de julio de 1988, 17.14 horas, los resultados preliminares de las elecciones presidenciales colocaban al fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas (2), confortablemente a la cabeza. Cárdenas se preparaba así para poner fin a cincuenta y nueve años de hegemonía del PRI… Pero sin tener en cuenta al hada buena del partido gobernante: a las 17.15 horas, una “falla” en el sistema informático del Registro Nacional de Electores interrumpió la recepción de los resultados. Cuando todo volvió a estar en orden, el adversario principal de Cárdenas, Carlos Salinas de Gortari, tenía una sorprendente ventaja sobre su adversario. Ya no la perdería.
Progreso relativo en la historia del PRI en el poder: el fraude electoral reemplazó a la designación directa del presidente a manos de su predecesor. Sin embargo, el dominio del partido del oxímoron no se encontró amenazado. En todo caso, no hasta el año 2000, cuando tuvo lugar una “transición” inédita: Vicente Fox, antiguo dirigente de Coca-Cola, resultó electo con los colores del PAN. Después de setenta y un años de poder ininterrumpido, llegó el fin de lo que el intelectual peruano Mario Vargas Llosa había dado en llamar la “dictadura perfecta”.
Si el sueño de la oligarquía no perdió entonces su serenidad, sería distinto seis años más tarde, cuando la población amenazara con elegir a López Obrador, quien prometía: “primero los pobres”. Nuevo toque de varita mágica: un “fraude masivo e indiscutible” (3) le quitó la victoria al candidato del PRD. Su adversario, Felipe Calderón, fue declarado vencedor con un margen del 0,56% de los votos. Y luego vino julio de 2012.
Déjà vu…
Incluso sin evocar las numerosas irregularidades durante la campaña y el escrutinio (compra de votos, voto coactivo en los lugares de trabajo, relleno de urnas, gastos de campaña no declarados, etc.), la evolución del conteo de votos durante la velada electoral del 1º de julio olió a déjà vu para los militantes del PRD. A lo largo de toda la noche, la distancia entre Peña Nieto y López Obrador permaneció estable, alrededor del 3-4%. “Hasta la madrugada. Entonces la diferencia subió de repente a siete puntos, sugiriendo un sobresalto en los votos de último minuto a favor del candidato a la cabeza, un fenómeno ya observado en 2006 cuando la tendencia de los votos López Obrador y Calderón se dio vuelta al final del recuento”, comenta la analista Laura Carlsen (4).
¿Pero Peña Nieto sólo podría deberle su victoria a un posible fraude? En 2012, 2,5 millones de votos (una distancia de alrededor del 3%) separan en efecto a los dos principales candidatos: este año entraron en juego otros factores.
Por un lado, la campaña de López Obrador, al frente de una coalición más dividida que en 2006, se pretendía “aglutinadora”. Ya no se trataba de anunciar una única prioridad –“primero los pobres”–, sino también de seducir al pequeño empresariado nacional, aplastado por monopolios que, según el Instituto Mexicano para la Competitividad, reducirían el crecimiento mexicano en 2,5 puntos por año (5). ¿El mensaje habrá seducido a una base electoral que, según los resultados de 2012, se apoyaría sobre todo en los más humildes?
Por el otro lado, la principal preocupación de los mexicanos sigue siendo la violencia, como muestra la investigación de Jean-François Boyer en la edición de julio de Le Monde Diplomatique (6). La “guerra contra el tráfico de drogas”, lanzada a partir de la llegada de Calderón al poder, tuvo como saldo un vergonzoso fracaso y más de 50.000 muertos. Ahora bien, según explica Boyer, en los hechos, la violencia criminal “estalló repentinamente a principios del año 2000, en medio de la transición política”: “(…) la mayoría de los altos funcionarios cómplices del crimen organizado fueron reemplazados. (…) Por primera vez en veinte años, los narcos se encontraban frente a una multitud de interlocutores políticos que, por diversas razones, ya no se sentían obligados por los acuerdos anteriores. (…) Las reglas del juego cambiaron: los carteles se enfrentaron para adueñarse de nuevos bastiones. México descubrió lo que se denomina la ‘guerra por las plazas’”. En un contexto de violencia exacerbada, una parte de la sociedad mexicana se habría sumado a la idea de devolver al poder a un partido considerado capaz de negociar y entenderse con los carteles.
En 2006, López Obrador y sus seguidores ocuparon el centro de la capital durante seis semanas para que se reconociera su victoria. Sin éxito. Este año contaron con un nuevo apoyo: el movimiento estudiantil “Yo soy 132” (7), nacido durante la campaña para denunciar el apoyo de los grandes medios de comunicación –con la cadena de televisión Televisa (alrededor del 70% de la audiencia) en primera fila– al candidato del PRI. Una investigación del diario británico The Guardian reveló que Televisa había recibido grandes sumas de dinero para “realzar la imagen nacional” de Peña Nieto, después de haber “elaborado una estrategia mediática destinada a atacar a Andrés Manuel López Obrador” en 2006 (8).
Después de haber multiplicado las manifestaciones en la calle, los estudiantes se propusieron una nueva misión: juntar suficientes pruebas de un fraude masivo para invalidar la victoria del PRI.
El resultado del recuento de votos, ¿significa el regreso de una “dictadura perfecta” en México?
1. Sobre la base del recuento del 98,95% de las mesas. El 2,4% restante corresponde a los votos impugnados o en blanco.
2. Entonces candidato por el Frente Democrático Nacional, izquierda.
3. Véase Ignacio Ramonet, “México fracturado”, Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, agosto de 2006.
4. “De la dictadura perfecta a la democracia imperfecta”, Programa de las Américas, 2-7-12.
5. Véase Elisabeth Malkin y Simon Romero, “World Leaders Meet in a Mexico Now Giving Brazil a Run for Its Money”, The New York Times, 17-6-12.
6. Jean-François Boyer, “México: el Estado retrocede frente a los carteles”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2012.
7. El nombre proviene de una manifestación organizada en contra de Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México. Cuando el candidato del PRI denunció a los manifestantes como “falsos estudiantes”, ciento treinta y un estudiantes del grupo hicieron un video en el que mostraban sus libretas universitarias. El video suscitó una importante ola de solidaridad, y cada nuevo apoyo se presentaba como “el 132”.
8. Véase Jo Tuckman, “Computer files link TV dirty tricks to favourite for Mexico presidency”, The Guardian, Londres, 8-6-12.

Aldo Giacometti