jueves, 3 de mayo de 2012

¿Está Vaca Muerta detrás de la expropiación de YPF?


Vladimir Hernández
BBC Mundo, Argentina

La expropiación de la petrolera Repsol YPF, cuya ley debate el legislativo argentino este jueves, busca, según sus impulsores, reducir la dependencia de importaciones de energía que tiene actualmente el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.


El ejecutivo argentino afirma que la casa matriz española de Repsol no invirtió lo suficiente para evitar que el país tuviese que empezar a importar energía a partir de 2010, a un costo promedio de unos US$10.000 por año.
Repsol rechaza no haber invertido suficiente en YPF y su vocero le dijo a la BBC -el día del anuncio de la expropiación- que más bien se trataría de una jugada de las autoridades para quedarse con los derechos de explotación de un enorme reservorio energético en el oeste argentino, llamado Vaca Muerta.
Esta es un área de 30.000 kilómetros, en la provincia de Neuquén. Repsol-YPF tenía derechos de explotación en más de un tercio de esa superficie.
El año pasado, la compañía española anunció haber encontrado en esta zona "el mayor descubrimiento" de petróleo y gas no convencional en la historia del país.
Según esos datos, en esta formación hay tanto gas bajo tierra que, de hallarse un método rentable de extracción Argentina sobrepasaría a Venezuela y Bolivia como los dos países de Sudamérica con más reservas de este hidrocarburo.
Según la Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés), que es una dependencia del Departamento de Energía de Estados Unidos, Argentina tendría 774 Tcf (trillones de pies cúbicos) de gas no convencional o, como se conoce en inglés, shale gas.
Semejantes reservas de gas dejarían a Argentina sólo detrás de Estados Unidos y China como los países con más gas no convencional en el mundo.
Y una buena parte de estos recursos naturales incluyen lo que se presume que hay en Vaca Muerta. Por ello, el enorme malestar que dejó la medida de nacionalización para los propietarios españoles.
Aunque el gobierno los acuse de haber "vaciado" YPF para financiar negocios en otros países, Repsol dejó entender que la expropiación les quitaba un pie de una zona de importante potencial.

Inversiones y política energética

"Con las inversiones necesarias, Vaca Muerta puede ser una zona muy, pero muy importante", dice a BBC Mundo el reconocido experto en hidrocarburos, y directivo de la Sociedad de Ingenieros de Petróleo de Argentina, Eduardo Barreiro.
"El tema es que se necesitan inversiones multimillonarias. Hablamos de unos US$1.000 millones anuales para lograr una producción que cubra 30% o 40% del consumo nacional", afirma.
En la temporada de invierno de 2011, la de mayor consumo de gas en Argentina, se importó aproximadamente 80% de este combustible. Un aumento en la oferta interna reduciría sustancialmente la cuenta anual del Fisco, que en 2012 podría ascender a US$14.000 millones.
Por otra parte, está el asunto de factibilidad y costos.
Para los analistas del mercado petrolero, un pozo de crudo convencional logra recuperar la inversión en menos de un año con precios favorables del mercado. Mientras, el no convencional requiere unos 3 años para cubrir lo invertido.
Esto se debe a que, al ser no convencional, necesita de mayor esfuerzo y de un trabajo constante.
"Los pozos no convencionales pueden comenzar con una producción entre 250.000 y 300.000 metros cúbicos, pero después se cae rápido a 50.000 metros cúbicos por ejemplo. De ahí que hay que estar perforando todo el tiempo el pozo", explica Barreiro.
Repsol asegura que para explotar todo el potencial argentino de hidrocarburos no convencionales se deberían invertir unos US$20.000 millones por año, pero, señala la compañía, como el precio de los combustibles está subsidiado dentro de Argentina, no habría incentivo para inyectar semejante capital.
"Dentro del país se paga el millón de British Thermal Unit -una unidad de energía equivalente a 1.055,056 julios- de gas a unos US$2, mientras que en el mercado internacional se vende a US$14 o US$16. Entonces no hay incentivo de producir para venderlo en el país", comenta a BBC Mundo el exsecretario de Energía de Argentina Daniel Montamat.
"Por eso, más allá de que Repsol no invirtió lo suficiente y eso llevó al gobierno a tomar esta medida de nacionalización, se tiene que planificar una política energética de largo plazo y dejar de pensar en soluciones a corto plazo para tratar de solucionar el problema de la energía y abastecimiento", agregó.

Escepticismo

Dentro del sector de especialistas argentinos en temas energéticos hay cierto escepticismo en cuanto al verdadero potencial de Vaca Muerta.
Más allá de la inversión necesaria, algunos consideran que ha habido cierto apresuramiento en confirmar (y anunciar de manera grandilocuente) un potencial energético que aún requiere ser constatado de manera firme.
"Para empezar hay que distinguir si se comprueba que este recurso es en efecto una reserva", señaló a BBC Mundo el geólogo y asesor de petroleras en proceso de exploración Daniel Kokogian.
"Un recurso es cualquier volumen de hidrocarburo identificado en el subsuelo cuya cantidad está ya estimada; pero una reserva es un volumen de hidrocarburos susceptible de ser explotado económicamente. Es decir, cuando la inversión es recuperable y con ganancia. Esto, en el caso de Vaca Muerta, aún no se sabe", explica.
Kokogian califica de "endebles, para no usar un adjetivo más duro", las conclusiones de la EIA que indican que Argentina tiene más de 700 Tcf de gas.
"Para mí no tiene mucho sustento técnico. Se trató de un hecho comunicacional agresivo. Si el motivo de la expropiación (de YPF) es ese (en referencia a Vaca Muerta), se dieron un tiro en el pie", agregó.
En los años 80 y 90, en Canadá y Estados Unidos se dio una explosión en el negocio del gas no convencional a raíz de que el precio del hidrocarburo en el mercado internacional se quintuplicó.
"El volumen de inversión en estos países inmediatamente después fue tan grande que a los 5 años el negocio creció enormemente y ahora producen 45% del gas no convencional en el mundo", dice Kokogian.
"Pero el valor del gas volvió a bajar y desde hace rato nadie empieza un proyecto de este tipo. Sólo se siguen explotando los proyectos que quedaron andando desde hace 10 o 12 años", agregó.
"De ahí que iniciar nuevos desarrollos en Vaca Muerta son aún un desafío que aún no se sabe si será rentable".

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/05/120501_argentina_ypf_vaca_muerta_vh.shtml





Bolivia nacionaliza empresa de electricidad española


El presidente de Bolivia, Evo Morales, nacionalizó a Transportadora de Electridad, la subsidiaria en ese país de la firma de electricidad española REE. Morales les ordenó a los militares hacerse cargo de la compañía.

Hablando ante una concentración del Día de los Trabajadores, el mandatario explicó que había ordenado la medida en honor de la lucha del pueblo boliviano por recuperar el control de sus recursos naturales.
La nacionalización se produce a sólo semanas de que Argentina tomara el control de la compañía petrolera española YPF.

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/05/120501_ultnot_bolivia_nacionaliza_ree_cr.shtml

Las revoluciones árabes y la experiencia siria


UN COMPLEJÍSIMO CAMPO DE FUERZAS

Por Alain Gresh*

Medio Oriente presenta un escenario de dramáticas convulsiones. Siria se asoma al abismo de la guerra civil: la revuelta popular es incapaz de provocar la caída del régimen del presidente Bachar Al-Assad, quien encabeza una cruel represión que, pese a los miles de muertos, no ha podido aún sofocarla. Mientras la “primavera árabe” prosigue su lucha por la dignidad y la democracia, Estados Unidos, Israel, Rusia y China permanecen expectantes.

El libro es un clásico. Escrito en 1965 por el periodista británico Patrick Seale, The Struggle for Syria cuenta el enfrentamiento que se dio después de la Segunda Guerra Mundial por el control de Siria (1). Esta lucha se inscribió a la vez en el contexto de la Guerra Fría que enfrentó a Estados Unidos con la Unión Soviética y en el de la “guerra fría árabe”. El Egipto del presidente Gamal Abdel Nasser y Arabia Saudita se disputaban entonces la hegemonía regional –hasta las montañas yemenitas, donde las tropas egipcias apoyaban a la joven república contra las tribus realistas armadas y financiadas por Riad–. Desde los años 1950 hasta la guerra de junio de 1967 con Israel, Siria fue el centro del equilibrio o, más bien, del desequilibrio regional, los golpes de Estado y las juntas militares que se sucedían en Damasco.
Fue también uno de los sitios más destacados dentro de la tumultuosa agitación de los años 1950 y 1960, que apuntaba a la independencia política, al desarrollo económico, al advenimiento de un orden social más justo y más igualitario. Encabezó movilizaciones: de los nacionalistas árabes, de la izquierda, de los marxistas.
Después de la derrota árabe de 1967 frente a Israel, Medio Oriente se hunde en un estancamiento que se prolongará por cuatro décadas. Los regímenes en su totalidad, fueran republicanos o monárquicos, renuncian a toda veleidad de reforma. Se caracterizan por su autoritarismo, por la concentración de las riquezas en manos de una pequeña camarilla ligada al Estado y por una corrupción endémica. Aunque durante este período las explosiones populares expresan de manera esporádica un descontento difuso, los regímenes se enfrentan por lo que se juega geopolíticamente, divididos según sus posiciones respecto de Estados Unidos e Israel. La voluntad de cambio y de transformación social cae en el olvido.
La configuración de las alianzas fluctúa con el transcurso del tiempo. Durante la primera Guerra del Golfo, en 1990-1991, era posible ver a la Siria de Hafez Al-Assad aliarse a Washington, mientras que en Jordania el rey Hussein sostenía a Saddam Hussein. En víspera de las revoluciones árabes de 2011, el clivaje opone un campo proestadounidense (Egipto y Arabia Saudita, principalmente) y un campo llamado de la “resistencia” (Irán, Siria, Hamas en Palestina y Hezbollah en Líbano).
Damasco ocupa una posición privilegiada, en especial gracias a su alianza con la República Islámica de Irán; una alianza que no fue quebrantada durante treinta años, ni siquiera a pesar de los puntos de vista divergentes entre los dos países sobre la paz con Israel, cuyo principio Irán rechaza y Siria acepta con ciertas condiciones, en particular con la restitución de los Altos del Golán, ocupados por el Estado hebreo desde junio de 1967.
Un “polo de resistencia”
Después del asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri, el 14 de febrero de 2005, y de la partida precipitada de sus tropas del Líbano, el régimen baasista vivió una fase de aislamiento de la cual el presidente Bachar Al-Assad finalmente logró salir. Su inflexibilidad frente a la administración de George W. Bush, que soñaba con derrocarlo; su apoyo a Hezbollah durante la guerra librada por Israel en el Líbano en el verano de 2006; más tarde su apoyo a Hamas durante la invasión israelí en diciembre de 2008-enero de 2009 confirmaron en la región su imagen de “polo de resistencia”. Impresionados por esta entereza, los Hermanos Musulmanes sirios pusieron término –provisorio– a su oposición.
Este prestigio hizo creer a la dirección baasista que el país quedaría a cubierto del movimiento que pesaba sobre la región desde el año 2011. En el resto del mundo, lleva también a ciertos movimientos antiimperialistas, que no ven el alcance de los cambios provocados por las revoluciones árabes, a reducir a su dimensión únicamente geopolítica (2) el enfrentamiento con Siria. 
Son falsos análisis y falsos cálculos. El régimen está minado con las mismas taras que afectan al conjunto de la región: autoritarismo y arbitrariedad del Estado; saqueo de las riquezas y liberalización económica que agrava las desigualdades; incapacidad de responder a las aspiraciones de una juventud más numerosa y mejor formada que sus mayores. La negativa a tomar en cuenta estas esperanzas y la brutalidad inaudita de la represión aceleraron la escalada de la violencia y favorecieron la militarización de una parte de la insurrección que, al principio, como en Egipto, aspiraba en su inmensa mayoría a la no violencia (silmiyya). El temor de ver que los enfrentamientos tomasen un giro confesional se acrecentó, y el régimen no titubeó en utilizar esta carta para amedrentar a alauitas (3) y cristianos.
La oposición, sin embargo, se muestra incapaz de ofrecer garantías serias para el futuro. Algunos, incluso, abandonaron sus filas. Los kurdos, que fueron de los primeros en manifestar (en particular para obtener el documento de identidad nacional del que estaban privados) ahora se mantienen apartados, shockeados por la negativa del Consejo Nacional Sirio (CNS) de reconocer sus derechos (4). Por su parte, el régimen reanudó, no sin éxito, las actividades del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que ya había utilizado en el momento de su enfrentamiento con Turquía en los años 1990 y que sigue siendo popular entre los kurdos de Siria.
Además, acaba de crearse un nuevo grupo: el Movimiento Nacional para el Cambio (MNC), dirigido por el doctor Ommar Qurabi, ex presidente de la organización siria para la defensa de los derechos humanos. Reprocha al CNS la marginación de los militantes alauitas o turcomanos (5). En cuanto a los cristianos, que vieron cómo miles de sus correligionarios iraquíes se refugiaban en Siria, observan con angustia la escalada de los yihadistas tanto como los eslóganes anticristianos y antialauitas entonados por ciertos manifestantes.
Riesgo de desastre mayor
Cuestionado por una cantidad de opositores –en particular por el Comité Nacional de Coordinación, que se opone a la intervención militar extranjera y no se niega al diálogo con el régimen–, desgarrado por las escisiones sucesivas, rechazado por los comités locales, el CNS está dominado por los Hermanos Musulmanes y cuenta con algunas figuras liberales como fachada. Su dependencia respecto de los países occidentales y de las monarquías del Golfo es mal vista.
Es un perfecto atolladero. La oposición es incapaz de provocar la caída del régimen y el régimen es incapaz de terminar con una revuelta que sorprende por su determinación y por su coraje ante el sacrificio. La vuelta al statu quo ante es imposible, y el control del poder sobre los espíritus y los cuerpos, en una sociedad que se politizó en el transcurso de los meses, nunca podrá restablecerse.
Las reformas adoptadas por Damasco (nueva constitución, amnistías sucesivas, etc.) no tienen ningún alcance: los servicios secretos y el ejército tienen carta blanca para asesinar, bombardear y torturar a quien les parezca.
Al mismo tiempo, los riesgos de guerra civil son reales, con posibles desbordes en Líbano y en Irak. Una intervención militar extranjera acentuaría la radicalización de los enfrentamientos comunitarios y haría del fusil el único árbitro de los clivajes confesionales. Podría asestar un golpe fatal a las esperanzas de democratización en la región.
Las decisiones no se reducen sin embargo a la opción militar. Las presiones económicas sobre Siria (que pueden ser reforzadas, a condición de estar orientadas hacia los dirigentes y no a la población) llevan al sector de la burguesía que sostiene al régimen a dudar. Por otra parte, a pesar de las dificultades, las primeras misiones de observadores de la Liga Árabe redujeron la violencia; Arabia Saudita logró que se retiraran y se archivara su informe que no correspondía a la simplificación mediática. La vuelta de la misión a Siria, y su extensión, sería un paso adelante. En fin, habría que asociar a Rusia y China al intento de negociar una transición. “¿Con un régimen asesino?”, objetan algunos. En América Latina, la transición hacia la democracia se hizo acordando con los militares una amnistía, aun cuando es de lamentar que estos últimos se hayan aprovechado de ella durante treinta años.
Esta vía estrecha y escarpada no es la privilegiada por la mayoría de los actores externos, que reducen la situación a un enfrentamiento titánico entre dictadura y democracia. Sin embargo, ¿quién puede creer que el régimen saudita quiera instaurar la democracia en Damasco? Este régimen que no reconoce ninguna asamblea elegida; cuyo ministro del Interior declaró que las manifestaciones chiitas en el este del país eran una “nueva forma de terrorismo” (6); este régimen que ha reprimido violentamente, a principios de marzo, en Abha –capital de la región de Asir, de mayoría sunnita– a los estudiantes movilizados contra la mediocridad de la enseñanza en las universidades.
Preocupada por el debilitamiento de Estados Unidos en la región, hostil al “poder chiita” que se instauró en Irak, Arabia Saudita se hizo cargo de la contrarrevolución regional, aplastando la rebelión en Bahrein sin acabar con ella. Ahora arma a los rebeldes en Siria, agitando el cuco chiita para lograr reunir a la mayoría sunnita, contando con la doble hostilidad hacia los chiitas y hacia los “persas”. 
El restablecimiento de un discurso de la “solidaridad sunnita” por parte de Riad se basa en la llegada al gobierno de los Hermanos Musulmanes en Túnez, en El Cairo, en Rabat y quizás mañana en Libia –aun cuando en esta última década las relaciones entre los Hermanos y Riad fueron pésimas–. Pero la suerte sigue siendo incierta, pues la Hermandad está dividida por las decisiones que debe tomar, como lo indica el rechazo del gobierno tunecino a toda intervención extranjera en Siria o la lucha dentro de Hamas, que abandonó su cuartel general de Damasco. Un miembro del buró político de la organización, Salah Al-Bardawil, afirmó incluso que, en caso de guerra entre Irán e Israel, “Hamas no intervendría”, posición que fue rechazada por otro dirigente importante, Mahmud Al-Zahar (7). Pues la idea de una gran alianza sunnita contra Irán y Siria viene a tropezar, una vez más, contra la impasse palestina. ¿Quién podrá reemplazar a Damasco y Teherán en la resistencia a la estrategia israelí?
Washington, por su parte, apunta a quebrar a uno de los pilares del “eje del mal” y, más allá, a Irán, a quien el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sueña con bombardear. Habiendo abandonado ya Irak sin gloria, acorralado en Afganistán, de donde pronto se irá, maldecido no solamente por los talibanes sino por una población exasperada por sus “errores”, Estados Unidos parece reticente a una nueva aventura militar en Siria, al mismo tiempo que ve en la caída del presidente Assad una manera de reconquistar posiciones en la región. La pregunta es si se sumará como en Libia a una intervención militar o si se arriesgará a una desestabilización del país al que afluyen ya yihadistas y combatientes de Al-Qaeda.
En cuanto a las autoridades israelíes, su posición fue expresada quizás por Efraim Halevy, ex director del Mossad y ex consejero de Seguridad Nacional, que explica que el derrocamiento del régimen de Damasco, al debilitar a Teherán de manera definitiva, permitiría evitar bombardear Irán (8). Pero Tel Aviv sabe que cualquier posición pública en este sentido no puede sino volverse en contra de la oposición siria. Y algunas voces en Israel se preocupan por las consecuencias de una guerra civil en Siria, que podría poner fin a la tranquilidad que reina en las fronteras entre ambos países.
No subestimar las protestas
Por último, Rusia y China, por su parte, temen la escalada de poder de los islamistas y del unilateralismo europeo y estadounidense. Hasta ahora vienen vetando las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU relativas a Siria, afirmando al mismo tiempo su preferencia por una solución negociada.
Todas estas maniobras se desarrollan en un Medio Oriente ya profundamente desestabilizado después de las guerras llevadas a cabo por Estados Unidos (Afganistán, Irak) e Israel (Líbano, Palestina): Estados debilitados; creciente papel de las milicias (Irak, Kurdistán, Afganistán, Líbano, Palestina), a menudo armadas con potentes medios convencionales, en particular misiles; tensiones comunitarias que amenazan a las minorías, etcétera.
En este contexto inestable estallaron las revueltas árabes que reivindican la libertad, la dignidad (karama), la democracia y la justicia social.
Si bien estas revueltas han volteado presidentes en Túnez y en Egipto, en Libia y en Yemen, en la opinión occidental despunta la decepción. Como lo hace notar Peter Harling, director de las actividades de la International Crisis Group en Egipto, en Siria y en Líbano, no hay, sin embargo “nada asombroso en el hecho de que el momento fulgurante de las revoluciones relámpago, en Túnez y en Egipto, ceda el paso a una gran confusión. En casi todo el mundo árabe asistimos a una renegociación, más o menos ambiciosa y violenta, de un nuevo contrato social. A la complejidad de los casos individuales se agregan sus fuertes correlaciones, en una región en ebullición, donde el ‘modelo tunecino’ es discutido hasta en el último de los campos sirios” (9).
“¿Invierno islamista?” ¿Enfrentamientos interconfesionales? ¿Aplastamiento por parte del ejército de los movimientos en Siria o en Egipto? Ninguna de estas hipótesis puede ser totalmente descartada, pero todas subestiman la fuerza de las protestas, la adhesión expresa a tener elecciones democráticas, la extraordinaria resiliencia de las poblaciones en Bahrein como en Siria. Sin dejar de mantener su apoyo a la causa palestina, que sigue estando muy presente, los pueblos están comprometidos a reanudar las luchas sociales y democráticas, estancadas desde 1967. En este contexto, nuevas intervenciones extranjeras amenazarían con atizar las divisiones, como se puede ver en Irak o en Libia, o transformar el combate democrático en una lucha confesional, en primer lugar entre sunnitas y chiitas. g

1. Patrick Seale, The Struggle for Syria: A Study on Post-War Arab Politics, 1945-1958, Oxford University Press, Londres-Nueva York, 1965.
2. Sobre los debates en la izquierda libanesa, véase Nicolas Dot-Pouillard, “ ‘Résistance’ et/ou ‘révolution’: un dilemme libanais face à la crise syrienne”, Les Carnets de l’Ifpo, 11 de enero de 2012, http://ifpo.hypotheses.org
3. Minoría musulmana, ligada al chiismo, de la cual proviene la familia Al-Assad y parte de los dirigentes sirios.
4. Dogu Ergil, “Syrian Kurds”, Zaman, Estambul, 21 de febrero de 2012.
5. Ipek Yezdani, “Syrian dissidents establish new bloc”, Turkish Daily News, Estambul, 21 de febrero de 2012.
6. “State has full right to check rioting, Interior Ministry says”, Arab News, 11 de marzo de 2012, http://arabnews.com
7. The Guardian, Londres, 6 de marzo de 2012, y The Jerusalem Post, 8 de enero de 2012.
8. “Iran’s Achilles’Heel”, International Herald Tribune, Neuilly-sur-Seine, 7 de febrero de 2012.
9. “Le monde arabe est-il vraiment en ‘hiver’?”, Le Monde.fr, 1 de febrero de 2012.

* De la redacción de Le Monde diplomatique, París.


Traducción: Florencia Giménez Zapiola

http://www.eldiplo.org/154-el-subsuelo-en-disputa/las-revoluciones-arabes-y-la-experiencia-siria?token=&nID=1

martes, 1 de mayo de 2012

Visita sorpresa de Obama a Afganistán


El presidente de EE.UU. llegó a ese país al cumplirse el aniversario de la muerte del artífice de los ataques del 11 de septiembre de 2011, Bin Laden.

El presidente de EE.UU., Barack Obama, llegó hoy a Afganistán en una visita sorpresiva, al cumplirse el aniversario de la muerte del artífice de los ataques del 11 de septiembre, Osama bin Laden.
Obama firmó un acuerdo que cimiente el compromiso de Estados Unidos con esta nación del centro de Asia, luego de una guerra larga e impopular.
El pacto estipula la relación de Estados Unidos con Afganistán más allá de 2014 y cubre asuntos relacionados con seguridad, economía y gobierno. El acuerdo tiene alcance limitado y en esencia le da a ambas partes cobertura política: Afganistán recibe su soberanía y la promesa de que no será abandonado, mientras que Estados Unidos cesa su misión de combate, pero mantiene presencia en el país.
El acuerdo no compromete a Estados Unidos a un número específico de efectivos o de gasto, pero le permite mantener tropas en Afganistán para dos propósitos específicos: capacitación continua de las fuerzas afganas y operaciones específicas contra la red terrorista Al Qaeda, la cual está presente en el vecino Pakistán.
Obama fue recibido en el aeropuerto de Bagram por Ryan Crocker, el embajador de Estados Unidos en Afganistán. Obama voló después por helicóptero al palacio presidencial en Kabul, donde se reunió con el presidente afgano Hamid Karzai para firmar la asociación estratégica.
Las autoridades han dicho anteriormente que hasta 20 mil efectivos estadounidenses podrían quedarse en Afganistán luego del cese de la misión de combate, pero la cifra aún debe negociarse.
Bajo el acuerdo, el gobierno de Estados Unidos promete solicitar al Congreso fondos cada año para asistencia a Afganistán.
Obama tenía previsto permanecer unas siete horas en Afganistán, donde Estados Unidos ha intervenido militarmente por más de una década luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.
El viaje tiene también un significado simbólico para el presidente como comandante en jefe de las fuerzas armadas. Le permitiría además mostrar lo que es considerado por la Casa Blanca el fruto del cambio de estrategia en la guerra: la muerte de Osama bin Laden.

http://www.lavoz.com.ar/noticias/mundo/vista-sorpresa-obama-afganistan

domingo, 29 de abril de 2012

Kenia: atentado contra iglesia deja un muerto y quince heridos


Una granada lanzada contra una iglesia en la capital de Kenia, Nairobi, cobró la vida de una persona y dejó, al menos, quince heridas.
La policía dice que la granada fue lanzada contra un templo de la Iglesia de la Casa del Milagro de Dios, durante una ceremonia, el domingo en la mañana.
En Kenia ha habido una serie de atentados desde que el gobierno enviara tropas a la vecina Somalia, el año pasado, para combatir al grupo islámico Al-Shabaab.

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/04/120429_ultnot_atentado_kenia_cr.shtml

Decenas de heridos en enfrentamientos en Egipto


Decenas de seguidores de Hazem Abu Ismail, candidato islamista descalificado en su intento de participar en las elecciones presidenciales en Egipto, resultaron heridos en enfrentamientos con personas no identificadas en el centro de la ciudad de El Cairo.
Los hechos tuvieron lugar cuando cientos de sus seguidores realizaban una sentada frente al ministerio de defensa para protestar por la descalificación de Ismail hace tres semanas.
Según reportaron algunos manifestantes, el ataque lo habrían perpetrado agentes de seguridad vestidos de paisano, aunque otros reportes señalan que fueron residentes locales irritados por las protestas.
Los seguidores de Ismail reclamaron a las autoridades que se les proteja ante posibles ataques futuros.
Hazem Abu Ismail no es el único candidato a la presidencia descalificado para presentarse a las próximas elecciones generales en Egipto.

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/04/120429_ultnot_internacional_heridos_egipto_aa.shtml

Paradoja electoral en Estados Unidos


EL CASO DE MISISIPI

Por Olivier Cyran*

La victoria de Rick Santorum en las primarias republicanas de Misisipi, en marzo pasado, confirma que en Estados Unidos la población raramente vota por quien defiende sus intereses. En efecto, los conservadores obtienen los mejores resultados en las regiones más pobres.


ovidas por el viento caliente del Sur, la bandera de la Unión y la confederada flamean lado a lado sobre el edificio de la Guardia Nacional de Misisipi. En esta institución patriótica “a la que todo el mundo aprecia, a diferencia de la policía de Jackson”, trabaja Lindsey Lemmons, un ama de casa blanca que se define como “más bien tradicionalista” y que, según declara, sale a correr por la mañana “con una pistola en el bolsillo”. No es precisamente el típico perfil de una contestataria anticapitalista. Sin embargo, la señora Lemmons es una de las caras de Occupy Jackson, la versión local de Occupy Wall Street (OWS). El pasado otoño boreal acampó, junto con unos veinte compañeros, durante dos meses –con intermitencias– en Smith Park, un parque de la capital del estado de Misisipi. Por lo demás, fue haciendo jogging en el barrio que descubrió la ocupación y decidió sumarse. “A diferencia de algunos de mis amigos del movimiento, no soy una izquierdista –dice–. Pero, al igual que ellos, estoy en contra de la codicia de los bancos y las multinacionales, contra su impunidad y su influencia sobre la vida política de este país”. Pero, ¿simboliza realmente este punto de vista la mentalidad del “99%” que el movimiento de los acampantes anti-Wall Street afirma representar? En Misisipi, el estado más pobre de Estados Unidos, pero también uno de los más conservadores, esto no resulta evidente.

Por la tarde, para volver a su casa después del trabajo o de las reuniones de militancia, Lemmons enfila derecho entre estaciones de servicio, iglesias evangelistas y centros comerciales, por interminables rutas que parecen concebidas para huir del centro de la ciudad más que para ir hacia allí. En su espejo retrovisor se desvanece el downtown de Jackson, con su Capitolio y su barrio comercial, más lejos sus calles destartaladas y sus casas ruinosas, donde un habitante de cada cuatro vive bajo el umbral de la pobreza y donde es más fácil conseguir metanfetamina fabricada en un hornillo que encontrar un café abierto. En la parte norte de Farish Street, apropiada hace cincuenta años por las marchas antisegregacionistas, hay solo un edificio en funcionamiento: el F. Jones Corner, un club de blues donde, hasta el alba, el sonido áspero del delta le pasa factura a la desolación.

Un campo de golf señala la entrada de Brandon, el suburbio residencial donde vive Lemmons. “Jackson se vació de su población blanca en los años que siguieron al fin de la segregación racial. Muchos se instalaron acá”, explica. Los ediles locales pueden agradecerle al movimiento de derechos civiles que, en 1964, decretó el fin de la supremacía blanca: ésta se desplazó a su casa, bajo una forma más templada y más próspera. Según el último censo, la población de Brandon, blanca en un 87%, goza de un ingreso promedio por habitante casi dos veces más alto que el de Jackson, que es negra en un 81%. Pero, para algunos, la población todavía es demasiado mixta. “Tengo vecinos que se quejan porque hay cada vez más negros en el barrio, casi el 30% –explica Lemmons–. Temen que eso haga bajar el valor de las propiedades”.

No se sabe cómo se las arreglan los vecinos para contar a los negros que viven en los alrededores: el barrio periférico de Evergreen Estates está compuesto por casas desperdigadas por el bosque. Pero el viejo caldo segregacionista es al menos tan tenaz como los temores del pequeño inversor sobre su bien inmueble. Según un sondeo reciente, el 46% de los electores republicanos de Misisipi consideran que los matrimonios interraciales deberían estar prohibidos (1). “Hay buenas razones por las que Dios nos creó de colores diferentes, y hay que honrar Su voluntad evitando casarse con alguien de un color distinto del que Él eligió para nosotros”, argumenta una residente de Misisipi en un correo electrónico enviado al instituto que realizó la encuesta (2). Como lo muestra la victoria del ultraconservador Rick Santorum en las primarias republicanas de Misisipi celebradas el 13 de marzo, la Biblia y el fusil siguen siendo una combinación ganadora. Una vecina de Lemmons lo confirma a su modo: republicana y cristiana hasta la médula, se declara, sin embargo, a favor del aborto, porque “elimina sobre todo a los pobres y los negros”.



Un amigo especial

Un siglo y medio después, evidentemente la derrota de los esclavistas durante la guerra de Secesión aún no ha sido del todo digerida: casi la mitad de los electores republicanos lamentan la victoria de la Unión. En este sentido, Misisipi se diferencia de sus antiguos aliados confederados, como Carolina del Norte y Georgia, donde la llegada más masiva de migrantes del Norte durante las últimas décadas tuvo como resultado diluir la nostalgia por la época gloriosa (3).

Para el visitante distraído, el modo en el que la historia de la esclavitud es presentada en los lugares conmemorativos resulta a veces desconcertante. En Vicksburg, pequeña ciudad anclada en el curso superior del río Misisipi, donde la Secesión conoció una de sus más ásperas derrotas, el museo del Antiguo Tribunal de Justicia dedica una sala a la memoria de Jefferson Davis, el efímero presidente de los Estados confederados. Allí se exhibe, escrita en letras grandes, la siguiente declaración atribuida a un esclavo del patriarca: “Cada hombre de color del que era propietario lo adoraba”. Abajo, un cartel señala con pedagogía que “había una relación muy especial entre Jefferson Davis y sus esclavos. No sólo era su amo, sino también su amigo”. ¿La esclavitud, una marca de gentileza? Viene a la mente esa frase de Black Boy, la novela autobiográfica en la cual Richard Wright cuenta su infancia miserable en el Misisipi de los años 20 y su espanto permanente ante el hombre blanco: “Sabía que todos los blancos del Sur se consideraban amigos de los negros” (4).

A propósito de este tema, comienza una discusión con Bill Sanders, un granjero blanco que quebró antes de reinventarse como reparador de máquinas agrícolas. Durante sus horas de poca actividad, a Sanders le gusta dar un paseo por el museo de Vicksburg para iluminar a los turistas ignorantes. “Se dicen muchas tonterías sobre los esclavistas, como que eran brutales, racistas y todo eso, pero en realidad los negros eran mucho mejor tratados en esa época que hoy. Créame que la vivienda y la comida a cambio de trabajo valen más que el crack comprado con subsidios”. Sanders dice ganar 2.300 dólares por mes, “una miseria cuando tenés chicos que sueñan con estudiar, pagás 500 dólares de alquiler y 500 dólares más por un seguro de salud”. ¿Wall Street? “Ladrones, todos amigos de Obama”. Sin embargo, no ocupará los parques municipales “con comunistas que quieren desarmar nuestras tropas”. Sanders no quiere mucho a los republicanos “y sus ensaladas”, pero Santorum le gusta bastante: “Es un tipo digno que cree en lo que dice”.

El guía voluntario del museo de Vicksburg es la imagen misma del estado de Misisipi: pobre, pero partidario de los ricos. El ingreso anual promedio por habitante es el más bajo de todo el país (35.000 dólares, contra 65.000 en New Hampshire), pero los electores, desde hace cuarenta años, no dejan de plebiscitar al candidato republicano en cada elección presidencial. El “estado de las magnolias” es una causa perdida para los demócratas de Washington, a tal punto que el equipo del presidente Barack Obama lo excluyó de su planificación de campaña.

Relaciones de fuerza

Pero no siempre fue así. Durante gran parte de su historia, a la mayoría blanca de Misisipi (que hoy representa al 60% de la población, versus un 37% de negros) sólo le importaban los demócratas, identificados con el “modelo sudista”, por oposición al antiesclavismo de los yanquis republicanos. Recién a partir de la presidencia de Franklin D. Roosevelt –que ganó en Misisipi con el 95,98% de los votos–, en 1933, y de la alianza sellada en los estados del Norte entre electores negros y partidarios de “New Deal”, el Partido Demócrata empezó una larga revolución cultural, concretada treinta años después cuando su dirigencia nacional apoyó el movimiento de derechos civiles. Desautorizados, los demócratas del Sur –“dixiecrats”, se los llamaba– intentaron durante algunos años preservar su coto segregacionista frente a los “traidores” del Norte, pero después debieron resignarse, muy a su pesar, a cambiar de planes y unirse a su enemigo hereditario. En adelante, el Partido Republicano sería el encargado de garantizar el “Southern way of life”. En Misisipi, las elecciones presidenciales de 1972 consagraron esta inversión de la relación de fuerzas con un maremoto histórico del 78% de los votos a favor del candidato republicano Richard Nixon.

Ernest Camel, un joven militante negro de Occupy Jackson, resume con hartazgo el panorama político local: “Aquí la cosa es simple: los blancos votan a los republicanos, los negros votan a los demócratas. Por tradición, para imitar al vecino, por las publicidades en la tele o las prédicas en la iglesia. Como los blancos son dos veces más numerosos que los negros, el Partido Republicano es el que gana, excepto en ciertas elecciones locales, como en Jackson. De todos modos, en Estados Unidos, la gente, blancos o negros, rara vez vota por los que defienden sus intereses”. Camel se ocupa de la diagramación del periódico interno editado por la universidad estatal de Jackson, frecuentada casi exclusivamente por estudiantes negros; un empleo que “apenas le permite pagar sus facturas”. Dice no padecer mucho el racismo, o en todo caso menos que su padre cuando era obrero en Kentucky.

Camel tiene preocupaciones más urgentes. Su padre, que sufrió un accidente de trabajo, no recibe indemnizaciones ni subsidios, y debe contar con la solidaridad familiar. La suerte tampoco le sonríe a su abuela, Margaret, de 72 años de edad. Ella trabajó toda su vida criando a sus ocho hijos, y se las arregló para, entre sus dos trabajitos, recibir la formación de enfermera en una universidad bautista “a tarifa reducida –explica–, pero supeditada a la obligación de tomar también cursos de religión. No tenía dinero con que pagarme un solo libro”. En 2005, huyendo del huracán Katrina que acababa de saquear su casa de Nueva Orleáns, se instaló en la casa de unos familiares en Jackson. Además de su magro equipaje, trajo consigo la silla de ruedas puesta a su disposición por Medicare, el programa federal destinado a las personas de edad. Pero, pocas semanas después, algún burócrata decretó, por razones misteriosas, que Margaret ya no tenía derecho a su silla. ¿Esto se debe a que no tiene un seguro privado, a veces obligatorio para los que dependen de la generosidad pública? ¿O es que todavía tiene demasiadas cosas, con su casa destruida y sus piernas vacilantes? Sea lo que fuere, una mañana, un equipo enviado por Medicare tocó la puerta de su refugio en Misisipi y se la llevó. “Me dijeron: ‘La silla cuesta 6.000 dólares’. Pero yo no tengo esa suma. Así que se la llevaron”.

Desde entonces ha tenido que volver a aprender a caminar dando pequeños pasos, rechinando los dientes, con ambas manos pegadas a sus caderas cansadas. Su casa de Nueva Orleáns no ha sido reconstruida, pero el Estado acaba de asignarle otra, flamante. La inspeccionamos: las paredes ya tienen rastros de moho, el detector de incendios se balancea en el techo, pendiendo de un hilo, los tomacorrientes eléctricos han sido colocados en cualquier lugar, la calefacción no funciona bien. Nueva, pero inhabitable. “Bienvenidos a Estados Unidos”, suspira Camel.

Quentin Whitwell muestra una cara más distendida. Hijo y nieto de abogados, abogado él mismo, de aspecto esbelto y elegante, evoca irresistiblemente una publicidad de un salón de manicura. Es también una de las esperanzas más prometedoras del Partido Republicano. Whitwell es el único conservador –y uno de los dos únicos blancos– que ocupa un escaño en el ayuntamiento de Jackson, dominado por los demócratas. Fundó una agencia de lobbying, Talon Group, que defiende los intereses de varias grandes compañías de Misisipi y Luisiana; misión para la cual su calidad de diputado local no debe ser nada inconveniente. ¿Qué remedio preconiza contra la pobreza que se ensaña con sus administrados? “Hace falta menos Estado y más responsabilidad. Atraer a las empresas, crear empleos, procurar que la gente se desprenda de su mentalidad de subsidiados”. Deberían seguir su ejemplo: “Yo nací con una gran bendición de la vida, es cierto, pero mi éxito no me lo dio nadie, lo construí yo”. Como demostración, Whitwell extiende a su visitante un ejemplar dedicado de la novela que acaba de escribir y publicar: una obra inscrita “en la tradición literaria de William Faulkner, Tennessee Williams y Richard Wright”, anuncia modestamente el reverso de la portada. Por lo demás, es inevitable pensar en Wright cuando el escritor vocacional subraya cada vez que puede que tiene “mucha simpatía por los afroamericanos”.

El mantra de Whitwell –atraer las empresas, crear empleos– ya encontró su traducción concreta. Estos últimos años, decenas de multinacionales, como Toyota o Rolls Royce, se lanzaron a Misisipi. En su página web, la agencia estatal de desarrollo alaba el “clima muy favorable” reservado a los inversores, así como la presencia de una “mano de obra calificada, numerosa y no sindicada”.

Clima ideal para inversiones

Esta alfombra roja sedujo al grupo Nissan. A fines de 2000, bajo el impulso de su nuevo presidente, Carlos Ghosn, el constructor japonés aliado a Renault eligió Misisipi para implantar su tercera sede de producción en Estados Unidos. “Una bendición de Dios”, tituló el diario local a propósito de los cuatro mil empleos creados (5). Para Nissan, la misericordia divina se manifestó en un sobre con 363 millones de dólares (275 millones de euros) que pagó el Estado, una larga serie de derogaciones fiscales y la disposición de treinta y dos hectáreas de terreno en Canton, unos treinta kilómetros al norte de Jackson.

Pero la ventaja realmente providencial del Deep South es, por supuesto, su eterno amor por los sindicatos. Por muy inverosímil que parezca, la Unión de Trabajadores del Automóvil (United Auto Workers, UAW) no figura en el anuario de Misisipi. Este sindicato histórico, que contaba con 1,5 millones de miembros en los años setenta, y que hoy todavía reivindica setecientos mil, ¿le habrá dicho adiós a la fábrica Nissan de Canton? De hecho, más bien ocurrió lo contrario. “¿Unirme al sindicato? ¡Usted está chiflado! Me echarían al minuto siguiente”, dispara rápidamente un obrero negro a través de la ventana entreabierta de su auto, antes de arrancar de nuevo, como una tromba.

“Todo el mundo está aterrado –confía otro, mientras llena el tanque en una estación de servicio en la autopista cercana–. Si te plantás o decís algo que no les gusta, te echan en un minuto. El trabajo es muy duro, hay mucha rotación. En mi línea de producción, los chicos rara vez se quedan mucho tiempo. Yo estoy agarrado hace ya dos años”. Su sueldo, dice, es de 12 dólares la hora. Es casi la mitad de lo que ganan sus colegas en las fábricas de Ohio o de Michigan, donde el UAW está presente. “No conozco mucho el UAW. Todo lo que sé es que acá no son muy bienvenidos. Para mí, 12 dólares es mejor que los 8 dólares que ganaba antes, en Wendy’s. La comida rápida… eso es un trabajo podrido. Entonces, mientras dure lo de Nissan yo estoy contento”.

La última aparición pública del UAW en Misisipi se remonta a febrero de 2005: una reunión de dos horas en un hotel de Jackson para alertar a un puñado de representantes, pastores y militantes cooperativos sobre la alergia antisindical de Ghosn. Allí se habló también de Misisipi como destino para multinacionales en busca de mano de obra barata, una especie de “zona franca deslocalizada dentro del propio territorio estadounidense”, según la expresión de un abogado laboral. Pero desde entonces, nada. Nada visible, en todo caso.

Sin embargo, buscando bien, terminamos identificando a un representante de oficio del UAW. Charles Rice asegura ya no tener “actividad sindical real”, razón por la cual no quiere hacer declaraciones sobre la fábrica Nissan. No obstante, accede a ponernos en contacto con un misterioso compañero que sabe más del tema. Pero, una vez más, es un esfuerzo inútil: “Perdón, no hablo con periodistas. Es demasiado peligroso”. Hace un año, bastó con que el UAW amenazara desde su sede de Detroit con hacer campaña contra los constructores que ignoran los derechos sindicales para que enseguida los ámbitos de negocios prepararan el alquitrán y las plumas: “Conocemos las exigencias insensatas del UAW, que manda al desempleo a los obreros a los que pretende representar. Ya es hora de que los habitantes de Misisipi le expliquen que no necesitamos un sindicato del automóvil en nuestro Estado”, lanzó uno de sus voceros (6).

Esclavitud encubierta

Aquí, en las zonas más conservadoras, todavía se ven empleadores que consideran extravagante la sola idea de pagarle a su personal. Es el caso en Vancleave, una pequeña ciudad triste y limpita de cinco mil habitantes ubicada en el extremo sur del estado, cerca de la costa del Golfo de México. Aquí, nueve habitantes de cada diez son blancos y republicanos. Sally Bevill también es blanca y, además, oficia como pastora en la iglesia metodista. Sin embargo, votó a Obama en 2008 y piensa hacer lo mismo este año. “Antes trabajaba en Biloxi, en la costa. Era mejor. Pero un día, en 2005, le abrí mi iglesia a personas sin techo cuyo hogar acababa de ser destruido por el huracán Katrina. La gente estaba escandalizada, mis superiores también. Para castigarme, me destinaron a Vancleave, la parroquia más reaccionaria de la zona, lo cual ya es mucho decir”.

Allí, Bevill se porta aún peor, ofreciendo ayuda y asistencia a los inmigrantes de América Latina explotados en la cría de pollos, el principal recurso agrícola de Misisipi desde la decadencia del algodón. Su simpatía por los latinos choca a sus fieles, pero algunos ven allí también una oportunidad para reclutar personal sin pagar los gastos de agencia. “Un día –cuenta la pastora excéntrica–, un granjero viene a verme para preguntarme si podía darle una pareja de latinos que pudieran servirle de domésticos. Me asegura que está dispuesto a darles alojamiento y hasta a alimentarlos”. Cuando ella le pregunta sobre las horas de trabajo, el granjero se encoge de hombros y le señala que obviamente se trata de un trabajo que demanda “mucha disponibilidad”. Se plantea entonces la cuestión del salario. “Él me mira con asombro: ‘¿Salario? ¿Qué salario? Ya le he dicho que les ofrezco vivienda y comida, ¿usted quiere que encima les pague?’. Esa es la mentalidad de mucha gente por aquí. La esclavitud todavía impregna la cabeza de la gente”.

Teniendo en cuenta este contexto, el “99%” que menciona Occupy Jackson posiblemente tenga que ser reevaluado. Lemmons, la corredora con pistola de Smith Park, lo reconoce: “El problema, aparte del 1%, es el 30 o 40% que piensa que forma parte de ese 1%”. La composición de la red a la cual pertenece indica, sin embargo, que los determinismos más resistentes pueden corroerse muy rápidamente. Ed Yorum, por ejemplo, se inclinó mucho tiempo por los conservadores. Veterano de Vietnam, sufre de una leucemia rara que debe su origen a la exposición al agente naranja. Pero la crisis de 2008 y el rescate público de los bancos fue lo que lo “enfureció”: “En otra época a los especuladores se los colgaba; ¡hoy se les pagan bonificaciones! Yo ya no quiero esta América”.

De los veinte acampantes que resistieron ocho semanas en medio de una ciudad sin peatones, ninguno correspondía directamente al perfil delineado los primeros días por el diario local, The Clarion-Ledger: “Un campamento de entrenamiento marxista”. Allí había proletarios y miembros de la clase media en vías de empobrecimiento, blancos y negros, jóvenes que tienen dos o tres empleos y personas mayores que todavía no pueden dejar de trabajar. Ninguno tenía experiencia militante previa.

Multinacionales vs pueblo

Sin embargo, una veintena de individuos, aun cuando se les sumen los doscientos o trescientos simpatizantes que esporádicamente vienen a mostrar su apoyo, no son el 99% de una población: la de Misisipi es de tres millones de personas. ¿Pueden jactarse al menos de haber producido un efecto político tangible? Esa pregunta se planteó en febrero, cuando el grupo rodeó el ayuntamiento de Jackson. Se trataba de convencer a los legisladores de firmar una resolución de OWS que reclamaba una modificación constitucional con vistas a limitar la influencia de los ámbitos de negocios en la vida política estadounidense. Lo que estaba en cuestión era el juicio de la Corte Suprema Federal de enero de 2010 que, en nombre de una concepción muy amplia de la libertad de expresión, autorizaba a las empresas y los lobbies a contribuir sin restricciones a los fondos de campaña de sus candidatos favoritos (7). Como reacción a esta “legalización completa de la corrupción ilimitada”, el texto propuesto a los legisladores proclamaba: “Llamamos a los dirigentes de todos los estados a enmendar la Constitución de Estados Unidos con el fin de declarar explícitamente que las multinacionales no son el pueblo, que no tienen los mismos derechos que el pueblo y que el dinero no constituye una forma de libertad de expresión”.

Los legisladores están divididos. De los seis consejeros demócratas, uno apoya la iniciativa –simbólica– de Occupy; otros vacilan: no ven claramente cuál sería su interés en darle el gusto a una veintena de “izquierdistas”, pero tampoco quieren darle a sus electores la impresión de que defienden a las multinacionales. Así, “patean” repetidas veces el análisis del texto a la sesión siguiente. Whitwell, el legislador republicano lobbista que en octubre había calificado de “imbecilidad” a la ocupación de Smith Park, se niega a verse asociado a un texto que podría desagradar a sus clientes, y que por otra parte olvida mencionar su genio literario.

Mientras tanto, sostenida por los grupos locales de OWS y –sobre todo– por la impopularidad de Wall Street, la resolución rebelde sigue su camino en Estados Unidos. A fines de febrero, el texto ya había sido firmado por una centena de ayuntamientos, en particular los de Los Ángeles y Nueva York, así como por el Senado de Nuevo México. En internet apareció un mapa que enseguida fue consultado por trescientos mil internautas: allí, las ciudades y los condados que han adoptado la resolución aparecen marcados con una bandera verde. Y el mapa es formal: las banderas victoriosas se concentran en el norte y sobre todo en el nordeste del país, pero brillan por su ausencia en el Sur de una línea que va de California a Carolina del Norte, con la excepción de Florida. La oposición entre yanquis y sudistas parece decididamente invencible. Pero el pasado 6 de marzo, oh sorpresa: el ayuntamiento de Jackson aprobó la resolución por seis votos contra uno. Lindsey, Ernest, Derenda y los demás se alegraron: en el Deep South, una bandera verde, única, ha sido izada. Todavía no flamea sobre la Guardia Nacional, pero es un primer paso.

1. “46 Percent of Mississippi Republicans Want Interracial Marriage Banned”, AOL News, 8-4-11.

2. “The argument against interracial marriage”, www.publicpolicypolling.com, 7-4-11.

3. “Southern voters glad North won Civil War”, www.publicpolicypolling.com, 25-4-11.

4. Richard Wright, Black Boy, traducido al francés por Marcel Duhamel y Andrée R. Picardo, Gallimard, París, 1947 [trad. esp.: Chico negro, Unisón, Sevilla, 2007].

5. The Clarion-Ledger, Jackson, 10-11-00.

6. Mississippi Business Journal, Jackson, 13-2-11.

7. Robert W. McChesney y John Nichols, “En Estados Unidos, prensa, poder y dinero se fusionan”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, agosto de 2011.

* Enviado especial. Periodista.



Traducción: Mariana Saúl
http://www.eldiplo.org/notas-web/paradoja-electoral-en-ee-uu?token=&nID=1