martes, 1 de mayo de 2012

Visita sorpresa de Obama a Afganistán


El presidente de EE.UU. llegó a ese país al cumplirse el aniversario de la muerte del artífice de los ataques del 11 de septiembre de 2011, Bin Laden.

El presidente de EE.UU., Barack Obama, llegó hoy a Afganistán en una visita sorpresiva, al cumplirse el aniversario de la muerte del artífice de los ataques del 11 de septiembre, Osama bin Laden.
Obama firmó un acuerdo que cimiente el compromiso de Estados Unidos con esta nación del centro de Asia, luego de una guerra larga e impopular.
El pacto estipula la relación de Estados Unidos con Afganistán más allá de 2014 y cubre asuntos relacionados con seguridad, economía y gobierno. El acuerdo tiene alcance limitado y en esencia le da a ambas partes cobertura política: Afganistán recibe su soberanía y la promesa de que no será abandonado, mientras que Estados Unidos cesa su misión de combate, pero mantiene presencia en el país.
El acuerdo no compromete a Estados Unidos a un número específico de efectivos o de gasto, pero le permite mantener tropas en Afganistán para dos propósitos específicos: capacitación continua de las fuerzas afganas y operaciones específicas contra la red terrorista Al Qaeda, la cual está presente en el vecino Pakistán.
Obama fue recibido en el aeropuerto de Bagram por Ryan Crocker, el embajador de Estados Unidos en Afganistán. Obama voló después por helicóptero al palacio presidencial en Kabul, donde se reunió con el presidente afgano Hamid Karzai para firmar la asociación estratégica.
Las autoridades han dicho anteriormente que hasta 20 mil efectivos estadounidenses podrían quedarse en Afganistán luego del cese de la misión de combate, pero la cifra aún debe negociarse.
Bajo el acuerdo, el gobierno de Estados Unidos promete solicitar al Congreso fondos cada año para asistencia a Afganistán.
Obama tenía previsto permanecer unas siete horas en Afganistán, donde Estados Unidos ha intervenido militarmente por más de una década luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.
El viaje tiene también un significado simbólico para el presidente como comandante en jefe de las fuerzas armadas. Le permitiría además mostrar lo que es considerado por la Casa Blanca el fruto del cambio de estrategia en la guerra: la muerte de Osama bin Laden.

http://www.lavoz.com.ar/noticias/mundo/vista-sorpresa-obama-afganistan

domingo, 29 de abril de 2012

Kenia: atentado contra iglesia deja un muerto y quince heridos


Una granada lanzada contra una iglesia en la capital de Kenia, Nairobi, cobró la vida de una persona y dejó, al menos, quince heridas.
La policía dice que la granada fue lanzada contra un templo de la Iglesia de la Casa del Milagro de Dios, durante una ceremonia, el domingo en la mañana.
En Kenia ha habido una serie de atentados desde que el gobierno enviara tropas a la vecina Somalia, el año pasado, para combatir al grupo islámico Al-Shabaab.

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/04/120429_ultnot_atentado_kenia_cr.shtml

Decenas de heridos en enfrentamientos en Egipto


Decenas de seguidores de Hazem Abu Ismail, candidato islamista descalificado en su intento de participar en las elecciones presidenciales en Egipto, resultaron heridos en enfrentamientos con personas no identificadas en el centro de la ciudad de El Cairo.
Los hechos tuvieron lugar cuando cientos de sus seguidores realizaban una sentada frente al ministerio de defensa para protestar por la descalificación de Ismail hace tres semanas.
Según reportaron algunos manifestantes, el ataque lo habrían perpetrado agentes de seguridad vestidos de paisano, aunque otros reportes señalan que fueron residentes locales irritados por las protestas.
Los seguidores de Ismail reclamaron a las autoridades que se les proteja ante posibles ataques futuros.
Hazem Abu Ismail no es el único candidato a la presidencia descalificado para presentarse a las próximas elecciones generales en Egipto.

http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/04/120429_ultnot_internacional_heridos_egipto_aa.shtml

Paradoja electoral en Estados Unidos


EL CASO DE MISISIPI

Por Olivier Cyran*

La victoria de Rick Santorum en las primarias republicanas de Misisipi, en marzo pasado, confirma que en Estados Unidos la población raramente vota por quien defiende sus intereses. En efecto, los conservadores obtienen los mejores resultados en las regiones más pobres.


ovidas por el viento caliente del Sur, la bandera de la Unión y la confederada flamean lado a lado sobre el edificio de la Guardia Nacional de Misisipi. En esta institución patriótica “a la que todo el mundo aprecia, a diferencia de la policía de Jackson”, trabaja Lindsey Lemmons, un ama de casa blanca que se define como “más bien tradicionalista” y que, según declara, sale a correr por la mañana “con una pistola en el bolsillo”. No es precisamente el típico perfil de una contestataria anticapitalista. Sin embargo, la señora Lemmons es una de las caras de Occupy Jackson, la versión local de Occupy Wall Street (OWS). El pasado otoño boreal acampó, junto con unos veinte compañeros, durante dos meses –con intermitencias– en Smith Park, un parque de la capital del estado de Misisipi. Por lo demás, fue haciendo jogging en el barrio que descubrió la ocupación y decidió sumarse. “A diferencia de algunos de mis amigos del movimiento, no soy una izquierdista –dice–. Pero, al igual que ellos, estoy en contra de la codicia de los bancos y las multinacionales, contra su impunidad y su influencia sobre la vida política de este país”. Pero, ¿simboliza realmente este punto de vista la mentalidad del “99%” que el movimiento de los acampantes anti-Wall Street afirma representar? En Misisipi, el estado más pobre de Estados Unidos, pero también uno de los más conservadores, esto no resulta evidente.

Por la tarde, para volver a su casa después del trabajo o de las reuniones de militancia, Lemmons enfila derecho entre estaciones de servicio, iglesias evangelistas y centros comerciales, por interminables rutas que parecen concebidas para huir del centro de la ciudad más que para ir hacia allí. En su espejo retrovisor se desvanece el downtown de Jackson, con su Capitolio y su barrio comercial, más lejos sus calles destartaladas y sus casas ruinosas, donde un habitante de cada cuatro vive bajo el umbral de la pobreza y donde es más fácil conseguir metanfetamina fabricada en un hornillo que encontrar un café abierto. En la parte norte de Farish Street, apropiada hace cincuenta años por las marchas antisegregacionistas, hay solo un edificio en funcionamiento: el F. Jones Corner, un club de blues donde, hasta el alba, el sonido áspero del delta le pasa factura a la desolación.

Un campo de golf señala la entrada de Brandon, el suburbio residencial donde vive Lemmons. “Jackson se vació de su población blanca en los años que siguieron al fin de la segregación racial. Muchos se instalaron acá”, explica. Los ediles locales pueden agradecerle al movimiento de derechos civiles que, en 1964, decretó el fin de la supremacía blanca: ésta se desplazó a su casa, bajo una forma más templada y más próspera. Según el último censo, la población de Brandon, blanca en un 87%, goza de un ingreso promedio por habitante casi dos veces más alto que el de Jackson, que es negra en un 81%. Pero, para algunos, la población todavía es demasiado mixta. “Tengo vecinos que se quejan porque hay cada vez más negros en el barrio, casi el 30% –explica Lemmons–. Temen que eso haga bajar el valor de las propiedades”.

No se sabe cómo se las arreglan los vecinos para contar a los negros que viven en los alrededores: el barrio periférico de Evergreen Estates está compuesto por casas desperdigadas por el bosque. Pero el viejo caldo segregacionista es al menos tan tenaz como los temores del pequeño inversor sobre su bien inmueble. Según un sondeo reciente, el 46% de los electores republicanos de Misisipi consideran que los matrimonios interraciales deberían estar prohibidos (1). “Hay buenas razones por las que Dios nos creó de colores diferentes, y hay que honrar Su voluntad evitando casarse con alguien de un color distinto del que Él eligió para nosotros”, argumenta una residente de Misisipi en un correo electrónico enviado al instituto que realizó la encuesta (2). Como lo muestra la victoria del ultraconservador Rick Santorum en las primarias republicanas de Misisipi celebradas el 13 de marzo, la Biblia y el fusil siguen siendo una combinación ganadora. Una vecina de Lemmons lo confirma a su modo: republicana y cristiana hasta la médula, se declara, sin embargo, a favor del aborto, porque “elimina sobre todo a los pobres y los negros”.



Un amigo especial

Un siglo y medio después, evidentemente la derrota de los esclavistas durante la guerra de Secesión aún no ha sido del todo digerida: casi la mitad de los electores republicanos lamentan la victoria de la Unión. En este sentido, Misisipi se diferencia de sus antiguos aliados confederados, como Carolina del Norte y Georgia, donde la llegada más masiva de migrantes del Norte durante las últimas décadas tuvo como resultado diluir la nostalgia por la época gloriosa (3).

Para el visitante distraído, el modo en el que la historia de la esclavitud es presentada en los lugares conmemorativos resulta a veces desconcertante. En Vicksburg, pequeña ciudad anclada en el curso superior del río Misisipi, donde la Secesión conoció una de sus más ásperas derrotas, el museo del Antiguo Tribunal de Justicia dedica una sala a la memoria de Jefferson Davis, el efímero presidente de los Estados confederados. Allí se exhibe, escrita en letras grandes, la siguiente declaración atribuida a un esclavo del patriarca: “Cada hombre de color del que era propietario lo adoraba”. Abajo, un cartel señala con pedagogía que “había una relación muy especial entre Jefferson Davis y sus esclavos. No sólo era su amo, sino también su amigo”. ¿La esclavitud, una marca de gentileza? Viene a la mente esa frase de Black Boy, la novela autobiográfica en la cual Richard Wright cuenta su infancia miserable en el Misisipi de los años 20 y su espanto permanente ante el hombre blanco: “Sabía que todos los blancos del Sur se consideraban amigos de los negros” (4).

A propósito de este tema, comienza una discusión con Bill Sanders, un granjero blanco que quebró antes de reinventarse como reparador de máquinas agrícolas. Durante sus horas de poca actividad, a Sanders le gusta dar un paseo por el museo de Vicksburg para iluminar a los turistas ignorantes. “Se dicen muchas tonterías sobre los esclavistas, como que eran brutales, racistas y todo eso, pero en realidad los negros eran mucho mejor tratados en esa época que hoy. Créame que la vivienda y la comida a cambio de trabajo valen más que el crack comprado con subsidios”. Sanders dice ganar 2.300 dólares por mes, “una miseria cuando tenés chicos que sueñan con estudiar, pagás 500 dólares de alquiler y 500 dólares más por un seguro de salud”. ¿Wall Street? “Ladrones, todos amigos de Obama”. Sin embargo, no ocupará los parques municipales “con comunistas que quieren desarmar nuestras tropas”. Sanders no quiere mucho a los republicanos “y sus ensaladas”, pero Santorum le gusta bastante: “Es un tipo digno que cree en lo que dice”.

El guía voluntario del museo de Vicksburg es la imagen misma del estado de Misisipi: pobre, pero partidario de los ricos. El ingreso anual promedio por habitante es el más bajo de todo el país (35.000 dólares, contra 65.000 en New Hampshire), pero los electores, desde hace cuarenta años, no dejan de plebiscitar al candidato republicano en cada elección presidencial. El “estado de las magnolias” es una causa perdida para los demócratas de Washington, a tal punto que el equipo del presidente Barack Obama lo excluyó de su planificación de campaña.

Relaciones de fuerza

Pero no siempre fue así. Durante gran parte de su historia, a la mayoría blanca de Misisipi (que hoy representa al 60% de la población, versus un 37% de negros) sólo le importaban los demócratas, identificados con el “modelo sudista”, por oposición al antiesclavismo de los yanquis republicanos. Recién a partir de la presidencia de Franklin D. Roosevelt –que ganó en Misisipi con el 95,98% de los votos–, en 1933, y de la alianza sellada en los estados del Norte entre electores negros y partidarios de “New Deal”, el Partido Demócrata empezó una larga revolución cultural, concretada treinta años después cuando su dirigencia nacional apoyó el movimiento de derechos civiles. Desautorizados, los demócratas del Sur –“dixiecrats”, se los llamaba– intentaron durante algunos años preservar su coto segregacionista frente a los “traidores” del Norte, pero después debieron resignarse, muy a su pesar, a cambiar de planes y unirse a su enemigo hereditario. En adelante, el Partido Republicano sería el encargado de garantizar el “Southern way of life”. En Misisipi, las elecciones presidenciales de 1972 consagraron esta inversión de la relación de fuerzas con un maremoto histórico del 78% de los votos a favor del candidato republicano Richard Nixon.

Ernest Camel, un joven militante negro de Occupy Jackson, resume con hartazgo el panorama político local: “Aquí la cosa es simple: los blancos votan a los republicanos, los negros votan a los demócratas. Por tradición, para imitar al vecino, por las publicidades en la tele o las prédicas en la iglesia. Como los blancos son dos veces más numerosos que los negros, el Partido Republicano es el que gana, excepto en ciertas elecciones locales, como en Jackson. De todos modos, en Estados Unidos, la gente, blancos o negros, rara vez vota por los que defienden sus intereses”. Camel se ocupa de la diagramación del periódico interno editado por la universidad estatal de Jackson, frecuentada casi exclusivamente por estudiantes negros; un empleo que “apenas le permite pagar sus facturas”. Dice no padecer mucho el racismo, o en todo caso menos que su padre cuando era obrero en Kentucky.

Camel tiene preocupaciones más urgentes. Su padre, que sufrió un accidente de trabajo, no recibe indemnizaciones ni subsidios, y debe contar con la solidaridad familiar. La suerte tampoco le sonríe a su abuela, Margaret, de 72 años de edad. Ella trabajó toda su vida criando a sus ocho hijos, y se las arregló para, entre sus dos trabajitos, recibir la formación de enfermera en una universidad bautista “a tarifa reducida –explica–, pero supeditada a la obligación de tomar también cursos de religión. No tenía dinero con que pagarme un solo libro”. En 2005, huyendo del huracán Katrina que acababa de saquear su casa de Nueva Orleáns, se instaló en la casa de unos familiares en Jackson. Además de su magro equipaje, trajo consigo la silla de ruedas puesta a su disposición por Medicare, el programa federal destinado a las personas de edad. Pero, pocas semanas después, algún burócrata decretó, por razones misteriosas, que Margaret ya no tenía derecho a su silla. ¿Esto se debe a que no tiene un seguro privado, a veces obligatorio para los que dependen de la generosidad pública? ¿O es que todavía tiene demasiadas cosas, con su casa destruida y sus piernas vacilantes? Sea lo que fuere, una mañana, un equipo enviado por Medicare tocó la puerta de su refugio en Misisipi y se la llevó. “Me dijeron: ‘La silla cuesta 6.000 dólares’. Pero yo no tengo esa suma. Así que se la llevaron”.

Desde entonces ha tenido que volver a aprender a caminar dando pequeños pasos, rechinando los dientes, con ambas manos pegadas a sus caderas cansadas. Su casa de Nueva Orleáns no ha sido reconstruida, pero el Estado acaba de asignarle otra, flamante. La inspeccionamos: las paredes ya tienen rastros de moho, el detector de incendios se balancea en el techo, pendiendo de un hilo, los tomacorrientes eléctricos han sido colocados en cualquier lugar, la calefacción no funciona bien. Nueva, pero inhabitable. “Bienvenidos a Estados Unidos”, suspira Camel.

Quentin Whitwell muestra una cara más distendida. Hijo y nieto de abogados, abogado él mismo, de aspecto esbelto y elegante, evoca irresistiblemente una publicidad de un salón de manicura. Es también una de las esperanzas más prometedoras del Partido Republicano. Whitwell es el único conservador –y uno de los dos únicos blancos– que ocupa un escaño en el ayuntamiento de Jackson, dominado por los demócratas. Fundó una agencia de lobbying, Talon Group, que defiende los intereses de varias grandes compañías de Misisipi y Luisiana; misión para la cual su calidad de diputado local no debe ser nada inconveniente. ¿Qué remedio preconiza contra la pobreza que se ensaña con sus administrados? “Hace falta menos Estado y más responsabilidad. Atraer a las empresas, crear empleos, procurar que la gente se desprenda de su mentalidad de subsidiados”. Deberían seguir su ejemplo: “Yo nací con una gran bendición de la vida, es cierto, pero mi éxito no me lo dio nadie, lo construí yo”. Como demostración, Whitwell extiende a su visitante un ejemplar dedicado de la novela que acaba de escribir y publicar: una obra inscrita “en la tradición literaria de William Faulkner, Tennessee Williams y Richard Wright”, anuncia modestamente el reverso de la portada. Por lo demás, es inevitable pensar en Wright cuando el escritor vocacional subraya cada vez que puede que tiene “mucha simpatía por los afroamericanos”.

El mantra de Whitwell –atraer las empresas, crear empleos– ya encontró su traducción concreta. Estos últimos años, decenas de multinacionales, como Toyota o Rolls Royce, se lanzaron a Misisipi. En su página web, la agencia estatal de desarrollo alaba el “clima muy favorable” reservado a los inversores, así como la presencia de una “mano de obra calificada, numerosa y no sindicada”.

Clima ideal para inversiones

Esta alfombra roja sedujo al grupo Nissan. A fines de 2000, bajo el impulso de su nuevo presidente, Carlos Ghosn, el constructor japonés aliado a Renault eligió Misisipi para implantar su tercera sede de producción en Estados Unidos. “Una bendición de Dios”, tituló el diario local a propósito de los cuatro mil empleos creados (5). Para Nissan, la misericordia divina se manifestó en un sobre con 363 millones de dólares (275 millones de euros) que pagó el Estado, una larga serie de derogaciones fiscales y la disposición de treinta y dos hectáreas de terreno en Canton, unos treinta kilómetros al norte de Jackson.

Pero la ventaja realmente providencial del Deep South es, por supuesto, su eterno amor por los sindicatos. Por muy inverosímil que parezca, la Unión de Trabajadores del Automóvil (United Auto Workers, UAW) no figura en el anuario de Misisipi. Este sindicato histórico, que contaba con 1,5 millones de miembros en los años setenta, y que hoy todavía reivindica setecientos mil, ¿le habrá dicho adiós a la fábrica Nissan de Canton? De hecho, más bien ocurrió lo contrario. “¿Unirme al sindicato? ¡Usted está chiflado! Me echarían al minuto siguiente”, dispara rápidamente un obrero negro a través de la ventana entreabierta de su auto, antes de arrancar de nuevo, como una tromba.

“Todo el mundo está aterrado –confía otro, mientras llena el tanque en una estación de servicio en la autopista cercana–. Si te plantás o decís algo que no les gusta, te echan en un minuto. El trabajo es muy duro, hay mucha rotación. En mi línea de producción, los chicos rara vez se quedan mucho tiempo. Yo estoy agarrado hace ya dos años”. Su sueldo, dice, es de 12 dólares la hora. Es casi la mitad de lo que ganan sus colegas en las fábricas de Ohio o de Michigan, donde el UAW está presente. “No conozco mucho el UAW. Todo lo que sé es que acá no son muy bienvenidos. Para mí, 12 dólares es mejor que los 8 dólares que ganaba antes, en Wendy’s. La comida rápida… eso es un trabajo podrido. Entonces, mientras dure lo de Nissan yo estoy contento”.

La última aparición pública del UAW en Misisipi se remonta a febrero de 2005: una reunión de dos horas en un hotel de Jackson para alertar a un puñado de representantes, pastores y militantes cooperativos sobre la alergia antisindical de Ghosn. Allí se habló también de Misisipi como destino para multinacionales en busca de mano de obra barata, una especie de “zona franca deslocalizada dentro del propio territorio estadounidense”, según la expresión de un abogado laboral. Pero desde entonces, nada. Nada visible, en todo caso.

Sin embargo, buscando bien, terminamos identificando a un representante de oficio del UAW. Charles Rice asegura ya no tener “actividad sindical real”, razón por la cual no quiere hacer declaraciones sobre la fábrica Nissan. No obstante, accede a ponernos en contacto con un misterioso compañero que sabe más del tema. Pero, una vez más, es un esfuerzo inútil: “Perdón, no hablo con periodistas. Es demasiado peligroso”. Hace un año, bastó con que el UAW amenazara desde su sede de Detroit con hacer campaña contra los constructores que ignoran los derechos sindicales para que enseguida los ámbitos de negocios prepararan el alquitrán y las plumas: “Conocemos las exigencias insensatas del UAW, que manda al desempleo a los obreros a los que pretende representar. Ya es hora de que los habitantes de Misisipi le expliquen que no necesitamos un sindicato del automóvil en nuestro Estado”, lanzó uno de sus voceros (6).

Esclavitud encubierta

Aquí, en las zonas más conservadoras, todavía se ven empleadores que consideran extravagante la sola idea de pagarle a su personal. Es el caso en Vancleave, una pequeña ciudad triste y limpita de cinco mil habitantes ubicada en el extremo sur del estado, cerca de la costa del Golfo de México. Aquí, nueve habitantes de cada diez son blancos y republicanos. Sally Bevill también es blanca y, además, oficia como pastora en la iglesia metodista. Sin embargo, votó a Obama en 2008 y piensa hacer lo mismo este año. “Antes trabajaba en Biloxi, en la costa. Era mejor. Pero un día, en 2005, le abrí mi iglesia a personas sin techo cuyo hogar acababa de ser destruido por el huracán Katrina. La gente estaba escandalizada, mis superiores también. Para castigarme, me destinaron a Vancleave, la parroquia más reaccionaria de la zona, lo cual ya es mucho decir”.

Allí, Bevill se porta aún peor, ofreciendo ayuda y asistencia a los inmigrantes de América Latina explotados en la cría de pollos, el principal recurso agrícola de Misisipi desde la decadencia del algodón. Su simpatía por los latinos choca a sus fieles, pero algunos ven allí también una oportunidad para reclutar personal sin pagar los gastos de agencia. “Un día –cuenta la pastora excéntrica–, un granjero viene a verme para preguntarme si podía darle una pareja de latinos que pudieran servirle de domésticos. Me asegura que está dispuesto a darles alojamiento y hasta a alimentarlos”. Cuando ella le pregunta sobre las horas de trabajo, el granjero se encoge de hombros y le señala que obviamente se trata de un trabajo que demanda “mucha disponibilidad”. Se plantea entonces la cuestión del salario. “Él me mira con asombro: ‘¿Salario? ¿Qué salario? Ya le he dicho que les ofrezco vivienda y comida, ¿usted quiere que encima les pague?’. Esa es la mentalidad de mucha gente por aquí. La esclavitud todavía impregna la cabeza de la gente”.

Teniendo en cuenta este contexto, el “99%” que menciona Occupy Jackson posiblemente tenga que ser reevaluado. Lemmons, la corredora con pistola de Smith Park, lo reconoce: “El problema, aparte del 1%, es el 30 o 40% que piensa que forma parte de ese 1%”. La composición de la red a la cual pertenece indica, sin embargo, que los determinismos más resistentes pueden corroerse muy rápidamente. Ed Yorum, por ejemplo, se inclinó mucho tiempo por los conservadores. Veterano de Vietnam, sufre de una leucemia rara que debe su origen a la exposición al agente naranja. Pero la crisis de 2008 y el rescate público de los bancos fue lo que lo “enfureció”: “En otra época a los especuladores se los colgaba; ¡hoy se les pagan bonificaciones! Yo ya no quiero esta América”.

De los veinte acampantes que resistieron ocho semanas en medio de una ciudad sin peatones, ninguno correspondía directamente al perfil delineado los primeros días por el diario local, The Clarion-Ledger: “Un campamento de entrenamiento marxista”. Allí había proletarios y miembros de la clase media en vías de empobrecimiento, blancos y negros, jóvenes que tienen dos o tres empleos y personas mayores que todavía no pueden dejar de trabajar. Ninguno tenía experiencia militante previa.

Multinacionales vs pueblo

Sin embargo, una veintena de individuos, aun cuando se les sumen los doscientos o trescientos simpatizantes que esporádicamente vienen a mostrar su apoyo, no son el 99% de una población: la de Misisipi es de tres millones de personas. ¿Pueden jactarse al menos de haber producido un efecto político tangible? Esa pregunta se planteó en febrero, cuando el grupo rodeó el ayuntamiento de Jackson. Se trataba de convencer a los legisladores de firmar una resolución de OWS que reclamaba una modificación constitucional con vistas a limitar la influencia de los ámbitos de negocios en la vida política estadounidense. Lo que estaba en cuestión era el juicio de la Corte Suprema Federal de enero de 2010 que, en nombre de una concepción muy amplia de la libertad de expresión, autorizaba a las empresas y los lobbies a contribuir sin restricciones a los fondos de campaña de sus candidatos favoritos (7). Como reacción a esta “legalización completa de la corrupción ilimitada”, el texto propuesto a los legisladores proclamaba: “Llamamos a los dirigentes de todos los estados a enmendar la Constitución de Estados Unidos con el fin de declarar explícitamente que las multinacionales no son el pueblo, que no tienen los mismos derechos que el pueblo y que el dinero no constituye una forma de libertad de expresión”.

Los legisladores están divididos. De los seis consejeros demócratas, uno apoya la iniciativa –simbólica– de Occupy; otros vacilan: no ven claramente cuál sería su interés en darle el gusto a una veintena de “izquierdistas”, pero tampoco quieren darle a sus electores la impresión de que defienden a las multinacionales. Así, “patean” repetidas veces el análisis del texto a la sesión siguiente. Whitwell, el legislador republicano lobbista que en octubre había calificado de “imbecilidad” a la ocupación de Smith Park, se niega a verse asociado a un texto que podría desagradar a sus clientes, y que por otra parte olvida mencionar su genio literario.

Mientras tanto, sostenida por los grupos locales de OWS y –sobre todo– por la impopularidad de Wall Street, la resolución rebelde sigue su camino en Estados Unidos. A fines de febrero, el texto ya había sido firmado por una centena de ayuntamientos, en particular los de Los Ángeles y Nueva York, así como por el Senado de Nuevo México. En internet apareció un mapa que enseguida fue consultado por trescientos mil internautas: allí, las ciudades y los condados que han adoptado la resolución aparecen marcados con una bandera verde. Y el mapa es formal: las banderas victoriosas se concentran en el norte y sobre todo en el nordeste del país, pero brillan por su ausencia en el Sur de una línea que va de California a Carolina del Norte, con la excepción de Florida. La oposición entre yanquis y sudistas parece decididamente invencible. Pero el pasado 6 de marzo, oh sorpresa: el ayuntamiento de Jackson aprobó la resolución por seis votos contra uno. Lindsey, Ernest, Derenda y los demás se alegraron: en el Deep South, una bandera verde, única, ha sido izada. Todavía no flamea sobre la Guardia Nacional, pero es un primer paso.

1. “46 Percent of Mississippi Republicans Want Interracial Marriage Banned”, AOL News, 8-4-11.

2. “The argument against interracial marriage”, www.publicpolicypolling.com, 7-4-11.

3. “Southern voters glad North won Civil War”, www.publicpolicypolling.com, 25-4-11.

4. Richard Wright, Black Boy, traducido al francés por Marcel Duhamel y Andrée R. Picardo, Gallimard, París, 1947 [trad. esp.: Chico negro, Unisón, Sevilla, 2007].

5. The Clarion-Ledger, Jackson, 10-11-00.

6. Mississippi Business Journal, Jackson, 13-2-11.

7. Robert W. McChesney y John Nichols, “En Estados Unidos, prensa, poder y dinero se fusionan”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, agosto de 2011.

* Enviado especial. Periodista.



Traducción: Mariana Saúl
http://www.eldiplo.org/notas-web/paradoja-electoral-en-ee-uu?token=&nID=1

EE.UU. autoriza atacar a terroristas en Yemen sin conocer su identidad


Por Barbara Starr, CNN
Washington (CNN) — La Casa Blanca aprobó un plan del Pentágono y la CIA para realizar ataques en Yemen contra militantes de Al-Qaeda incluso si los funcionarios estadounidenses no conocen las identidades de los individuos que atacarán, según un funcionario de Estados Unidos.
La fuente declinó ser identificada debido a la naturaleza delicada del asunto. El Wall Street Journal fue el primero en reportar el hecho.


"No tenemos que tener un nombre, biografía o informe" para atacar el objetivo, dijo.
Funcionarios de la CIA y personal militar podrán actuar solo con base en datos de inteligencia que muestren “patrones de comportamiento” que puedan significar una amenaza para Estados Unidos. Esto incluye atacar lugares donde se realicen reuniones de personas sospechosas o donde haya cierto tipo de vehículos.
Este tipo de ataques son conocidos como “señalados” porque responden a un patrón específico, o a una señal o actividad sospechosa. El funcionario enfatizó que incluso en estos casos debe haber información de inteligencia que muestre que el objetivo “es una amenaza significativa a la seguridad nacional”.
“No solo estamos ahí disparando a hombres con pistolas”, dijo el funcionario, y agregó que habrá énfasis en tratar de evitar víctimas civiles.
El tema de las víctimas no intencionales se ha vuelto un asunto sensible en Pakistán, donde hay quienes aseguran que los ataques de aviones no tripulados de la CIA llevados a cabo durante años han provocado muchas muertes de civiles.
En Yemen, el hijo adolescente de líder operativo de Al-Qaeda, Anwar al-Awlaki, murió durante un ataque aéreo que estaba dirigido contra un sospechoso de terrorismo.

http://cnnespanol.cnn.com/2012/04/27/ee-uu-autoriza-atacar-a-terroristas-en-yemen-sin-conocer-su-identidad/

Jan Brewer asegura que la ley SB 1070 de Arizona no es racista


La gobernadora de Arizona, Jan Brewer, aseguró que la ley SB 1070 que es analizada por la Corte Suprema de Estados Unidos para decidir si puede ser implementada, no es racista.
En una entrevista con Juan Carlos López de CNN en Español, la gobernante dijo que se sentía muy alentada tras su salida de la Corte Suprema porque quedó confirmado por el presidente del tribunal, John G. Roberts Jr., que la ley no es racial.
“La singularización racial es ilegal y esa no es la intención de nuestro proyecto de ley, la razón por esta propuesta es que creemos en el estado de derecho” indicó Brewer.
El miércoles se presentaron los argumentos a favor y en contra de la SB 1070 que ha trascendido a nivel federal tras las denuncias de inconstitucionalidad, que critican que la legislación criminaliza a los inmigrantes.
El aspecto más polémico es que la norma permite detener a cualquier persona ante la sospecha de que sea un migrante sin documentos legales en Estados Unidos.
Un fallo a favor de la gobernadora Brewer, en época de elecciones presidenciales, podría potenciar la atención política en un asunto con cada vez más peso desde que la ley entró en vigor el 29 de de julio de 2010.
“No podemos permitirnos los costos adicionales por encarcelar a los criminales que cruzan la frontera, el cuidado de la salud, de la educación, eso nos cuesta unos 1.600 millones de dólares anuales en un presupuesto estatal de un poco más de 8.000 millones de dólares”, aseguró la gobernadora.
Brewer dijo que Estados Unidos se construyó sobre el estado de derecho, por lo tanto se tienen que cumplir las leyes.
“Creo que la SB 1070 expresa eso, somos una nación de leyes y creemos en un estado de derecho y todos tenemos que cumplirlo”
Al ser cuestionada si la implementación de esta ley afectaría de cierta forma las relaciones de Arizona con México, que comparten una misma frontera, Brewer sostuvo que es importante mantener buenas relaciones con los vecinos.
“Para los que crecimos en el suroeste, México es nuestro vecino, y todos hemos viajado allá, yo tengo propiedades en México, mis hijos han estudiado en México, mi esposo ha donado muchas horas en la Ciudad de México, amamos a México, no se trata de eso sino del estado de derecho o de cumplir con las leyes”, subrayó.
El alguacil del Condado de Maricopa, en Arizona, Joe Arpaio, quien ha sido señalado de abuso de poder contra los indocumentados ilegales, dijo que lo único que ha hecho es cumplir la ley.
“Yo la he estado aplicando, pero también he hecho que se cumplieran las leyes estatales, por lo tanto, no necesito esta ley pero sí nos ayudaría”.
“Nosotros no hacemos singularización racial”, dijo también en entrevista con Juan Carlos López de CNN en Español.
Arpaio insistió en que no dejará de cumplir con las leyes sobre la inmigración y recalcó que no ha usado la “singularización racial”, como se le ha acusado en algunas ocasiones.
“Hemos investigado el problema de la inmigración ilegal, hemos seguido las leyes estatales y mi departamento, cuando empezó la lucha contra la inmigración ilegal, ha investigado y arrestado en las calles” de manera legal, indicó.

http://cnnespanol.cnn.com/2012/04/28/jan-brewer-asegura-que-la-ley-sb-1070-de-arizona-no-es-racista/

Arabia Saudita cierra su embajada en Egipto ante amenazas de manifestantes


(CNN) — Arabia Saudita retiró a su embajador a El Cairo y ordenó el cierre de su embajada en Egipto, así como sus consulados en las ciudades de Alejandría y Suez, informó la agencia estatal de noticias este sábado.
Los cierres vienen después de las protestas frente a la embajada e "intentos de irrumpir y amenazar a los empleados de seguridad tanto de nacionalidad saudí como egipcia", informó la agencia Saudi Press.
Una multitud de egipcios se reunió frente a la sede diplomática saudí esta semana para pedir la liberación del abogado de derechos humanos egipcio Ahmed el-Gezawi
Fue detenido a principios de este mes por supuestas injurias al rey Abdullah. Las autoridades saudíes dicen que el-Gezawi fue arrestado tratando de introducir píldoras en el país.
Las protestas y la decisión de retirar el personal diplomático de Egipto hacen probable que resurgan tensiones de tiempo atrás entre Egipto y el reino saudí.

http://cnnespanol.cnn.com/2012/04/28/arabia-saudita-cierra-su-embajada-en-egipto-ante-amenazas-de-manifestantes/