domingo, 6 de noviembre de 2011

Nicaragua a elecciones entre favoritos y dudas

Arturo Wallace


Unos 3,4 millones de nicaragüenses están votando para elegir presidente, vicepresidente y diputados a la Asamblea Nacional y el Parlamento Centroamericano.


Cinco partidos y alianzas participan en la contienda de este domingo, a la que llega como amplio favorito el gobernante Frente Sandinista con el presidente Daniel Ortega, de nuevo como candidato a la presidencia.



En términos generales, el ambiente es mucho menos tenso que en anteriores elecciones.
Pero debajo de la aparente normalidad persisten algunos viejos temores y problemas, incluyendo dudas sobre el verdadero nivel de independencia del tribunal electoral.
Si son acertadas las encuestas que le dan a Ortega una ventaja de casi 20 puntos sobre su más cercano perseguidor, el empresario radial de tendencia conservadora Fabio Gadea, esto no debería ser un problema.
Pero si la contienda resulta más reñida de lo esperado -y Nicaragua no es ajena a este tipo de sorpresas- lo que en este momento parece casi un plebiscito sobre la continuidad del mandatario sandinista, podría terminar convirtiéndose en un verdadero examen para la democracia nicaragüense.

"Han existido algunos focos de tensión, que se espera puedan ser resueltos y no vayan más allá de ser expresiones aisladas", reconoció hace unos días en un comunicado la Misión de Acompañamiento Electoral de la Organización de Estados Americanos, MAE-OEA.
"Los hechos comprobados por los miembros de la MAE, se refieren tanto a la conformación de las Juntas Receptoras de Votos (JRV), como al proceso de distribución de cédulas", explicó.
En las últimas horas, esos problemas ocasionaron protestas y algunos brotes de violencia.
La mayoría de los observadores internacionales han expresado su confianza en la buena marcha de la elección, pero algunos han manifestado "serias preocupaciones" por los retrasos.

Observación limitada


Por lo pronto, para verificar la buena marcha de los comicios, la OEA envió a Nicaragua a unos 65 "acompañantes electorales" y la Unión Europea, UE, desplegó una misión un poco mayor
También acompañarán el proceso delegados del Consejo de Expertos Electorales de América Latina, CEELA, y unos 20.000 observadores nacionales.
Estos últimos, sin embargo, en su mayoría pertenecen a organizaciones cercanas al sandinismo.
Y el Consejo Supremo Electoral decidió no acreditar a algunos de los principales organismos de observación nacionales, incluyendo al capítulo local de Transparencia Internacional, que habían criticado seriamente la transparencia del proceso.
La oposición sostiene que la medida fue tomada por el FSLN en caso de que fuera necesario evitar una sorpresa como la de 1990, cuando Ortega fue derrotado en las urnas por Violeta Chamorro, a pesar de llegar en los comicios a la cabeza de todas las encuestas.
Pero hablando en la televisión nacional, el viernes, el jefe de la misión de acompañamiento de la OEA, el excanciller argentino Dante Caputo, dijo creer que los nicaragüenses podían estar confiados en que sus votos iban a ser respetados y contados correctamente.
"Puede haber hechos anómalos dentro de la elección, los hemos visto en todas las elecciones, el problema es que hay anomalías que no alteran el corazón de una elección y hay otras que sí", dijo Caputo.
Mucho más crítico, sin embargo, fue el jefe de la misión de observación electoral de la UE, el eurodiputado español Luis Yáñez.
"La falta de cédulas de identidad para votar demandada por los ciudadanos, es una demanda real y yo diría más, incluso atreviéndome a decir, de determinados ciudadanos, pero no de otros, por lo tanto es inevitable pensar que hay una intencionalidad por parte del Consejo", afirmó.

Oposición dividida

Por lo pronto, la valoración final sobre la marcha del proceso y el veredicto de las urnas tendrán que esperar hasta después de las 18:00 locales (00:00 de lunes, GMT), hora a la que está previsto el cierre de los centros de votación.

Y los nicaragüenses podrán empezar a ejercer su derecho al sufragio a las 07:00 locales (13:00 GMT).
Entre sus opciones, además de los mencionados Ortega y Gadea –quien es el candidato de la alianza Partido Liberal Independiente, PLI- figuran además otras tres alianzas.
Y es que el tradicional Partido Liberal, que unificado logró derrotar a Ortega en 1996 y 2001, no ha logrado superar la división que permitió el regreso del caudillo sandinista a la presidencia en 2006.
El PLI de Gadea es en realidad una variopinta alianza que incluye desde disidentes sandinistas hasta el candidato del segundo lugar en las elecciones presidenciales, el liberal Eduardo Montealegre.
La alianza Partido Liberal Constitucionalista, que aparece en la mayoría de las encuestas como la tercera fuerza tiene como candidato al expresidente Arnoldo Alemán, quien recuperó sus derechos políticos luego de la clicanulación de una sentencia a 20 años de cárcel por corrupción.
También participa en la contienda la Alianza Liberal Nicaragüense, que lleva como candidato presidencial a Enrique Quiñónez, un exintegrante de la Resistencia Nicaragüense: la "Contra" que combatió contra el gobierno sandinista liderado por Ortega en la década de 1980.
Y la lista de aspirantes la completa Róger Guevara Mena, de la minoritaria Alianza por la República, APRE.
Esta oposición dividida parece tener una sola cosa en común: todos han sostenido que la participación de Ortega en la contienda es ilegal, pues en Nicaragua la reelección sucesiva está prohibida por la constitución.
La Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, sin embargo, determinó hace dos años que clicesa disposición era "inconstitucional".
Y si el partido sandinista consigue suficientes escaños en el parlamento, muchos anticipan una reforma de la carta magna nicaragüense que eliminaría definitivamente esa disposición y otra que prohíbe presentarse como candidato a la presidencia a todo aquel que hubiera ejercido el cargo en dos oportunidades, permitiendo así una eventual nueva reelección de Ortega en 2016.


Tercer tiempo


Por José Natanson

eriodizar es un ejercicio arbitrario pero interesante si ayuda a entender mejor los procesos históricos. Si la edad contemporánea comenzó con la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789 y si el siglo XX, para Eric Hobsbawm, va de 1917 a 1989, el ciclo kirchnerista puede dividirse arbitrariamente en tres: el primer kirchnerismo comenzó con la asunción del ex presidente en mayo de 2003 y se caracterizó por un proceso sostenido de reconstitución de la autoridad presidencial y normalización de la situación económica, y concluyó el 17 de julio de 2008, con la derrota política que implicó el voto no positivo de Julio Cobos. El segundo kirchnerismo nació esa madrugada, a la defensiva, y se definió a partir de la creación de una “minoría intensa” que, mediante iniciativas como el matrimonio igualitario, la ley de medios y la asignación universal, se fue expandiendo a otros sectores hasta alcanzar, asombrosamente, a una parte importante de las clases medias. El tercer kirchnerismo es el que emerge de las elecciones del 23 de octubre. Y aunque todavía no sabemos cómo caracterizarlo, algo podemos intuir.
Veamos.
Oportunidades
En sus ocho años de gobierno, el kirchnerismo concretó una serie de medidas de fuerte espíritu transformador pero cuya implementación a menudo no era técnicamente tan compleja. El punto es controversial, por lo que no quisiera ser mal interpretado: decisiones como las retenciones, la nacionalización de las AFJP o la asignación universal afectaron factores de poder importantes y supusieron batallas políticas durísimas, con todas las dificultades que eso implica en términos de construcción coalicional, manejo de herramientas de persuasión social y gestión de los tiempos. Pero una vez ganada la disputa, la etapa de concreción era relativamente simple: en el caso de las retenciones, alcanzaba con designar a un inspector honesto en dos o tres puertos; en el de la nacionalización de las AFJP, con absorber la masa de recursos y contener a unos pocos miles de empleados despedidos; en el de la asignación universal, con distribuir el dinero a través de una ANSES que es eficiente en buena medida gracias a –todo hay que decirlo– su modernización durante los 90.
Mi tesis es que el momento actual es propicio para avanzar en reformas que entrañan un reto político pero también –y a veces sobre todo– un desafío tecnocrático. Relegitimada por una votación inédita desde la recuperación de la democracia, al frente del primer ciclo político de tres períodos desde los años 20, con mayoría en el Congreso y una situación económica que nunca será óptima pero que sí es próspera y que se encuentra bajo control, Cristina Kirchner tiene la oportunidad de continuar el ciclo reformista iniciado por su marido profundizando y a la vez corrigiendo aspectos cruciales de lo que en los 90 se llamaba “modelo”. La clave, para seguir con la tecnojerga neoliberal, son las “reformas de segunda generación”.
Hay miles, pero entre todas las posibles elijo arbitrariamente una: la cuestión de la vivienda. Como sabe bien cualquier intendente del conurbano, el problema ya no pasa tanto por la vivienda en sí, pues en tiempos de crecimiento los sectores populares tienen posibilidades ciertas de comprar los materiales necesarios y transformarlos en casas modestas pero decentes mediante la autoconstrucción y la ayuda de la propia comunidad. La cuestión es otra: en Argentina, el problema de la vivienda es básicamente un problema de acceso al suelo.
Los datos son elocuentes. Según un informe del área de investigaciones de la ONG Un techo para mi país, en el Gran Buenos Aires hay 864 urbanizaciones informales, entre villas y asentamientos, en las que residen 508.144 familias; durante la última década, las viviendas precarias crecieron un 16,7 por ciento (1).
El origen de esta cuestión es una de las tantas “paradojas del crecimiento”, en el sentido de problemas que aparecen a partir de la resolución de otros. Como sucede con la educación, que cuando aumenta la matrícula comienza a generar desafíos de calidad, el drama habitacional es en buena medida resultado del crecimiento económico y la mejora del empleo registrados en los últimos años, que revalorizaron el precio de los terrenos e incentivaron la demanda de suelo. En el área metropolitana de Buenos Aires, que es donde los déficits son más graves, la oferta de suelo es fija, pues lo que sería el cuarto cordón del conurbano está ocupado por countries y barrios privados que le imponen un límite preciso a la expansión geográfica de la ciudad.
El tema es de una enorme complejidad técnica y política y para encararlo es necesario contar con equipos profesionales pero también con el apoyo de las organizaciones sociales, que son las que operan en el terreno, conocen las necesidades de sus habitantes y pueden funcionar como interlocutores, por ejemplo ante la necesidad de desalojar un predio ocupado para urbanizarlo. La cooperación de los tres niveles de gobierno y de administraciones habitualmente enfrentadas (en el área metropolitana, Cristina-Macri-Scioli) resulta fundamental. Y al final, claro, como todo en el capitalismo, constituye un desafío de regulación, que el Estado puede encarar estableciendo precios máximos o creando nuevos impuestos a las propiedades ociosas, en base a un argumento tan evidente como resistido: como lo que más valoriza a una cierta zona es la obra pública (servicios, calles, escuelas, etc.), resulta muy lógico que el Estado recupere esa inversión y la distribuya socialmente. En Manhattan, por ejemplo, casi la mitad de los alquileres se encuentran regidos por la Ley de Control de Renta Regulada, que fija porcentajes de aumento y limita la cantidad de personas que pueden vivir en una misma unidad, como se ve en el capítulo de Friends en el que el conserje del edificio, el gordo y bigotudo Mr. Treeger, amenaza con echar a Rachel, a quien Mónica le subalquila ilegalmente una habitación, si Joey no le enseña a bailar, lo que termina en una memorable danza de salón en la terraza.
Invisibilizada la mayor parte del tiempo, la cuestión del acceso al suelo estalla de tanto en tanto, con episodios casi siempre dramáticos como los del Parque Indoamericano. Pero alcanza con mirar al costado de la autopista para comprobar que los barrios informales de la ciudad, como la villa 31, crecen en altura, mientras que en el conurbano los clásicos lotes se estiran hacia atrás y hoy albergan a dos o tres generaciones amontonadas bajo un mismo techo. Los efectos negativos del hacinamiento van desde los problemas de salud a la inseguridad y el transporte, en particular el intra-urbano y sobre todo en los corredores capital-conurbano, cuya lentitud afecta como pocas cosas la calidad de vida de quienes están condenados a recorrerlos todos los días.

Lo útil y lo bello
Aunque por supuesto existen muchos temas pendientes, preferí detenerme en uno para describir la complejidad que supone y que muchas veces es obviada en los análisis de los medios, en particular los electrónicos, más propensos a los abordajes macropolíticos o a los enfoques puntuales, muchas veces en clave de denuncia. Opacos por naturaleza, con un costado inevitable de burocracia y saber técnico al que los medios le escapan casi tanto como a los programas de libros, los problemas de política pública exigen para su resolución perspectivas de mediano plazo, la articulación consensuada de diferentes actores políticos y sociales, la construcción de equipos y la delegación, con todo lo que implica en cuanto a la cesión de poder en funcionarios idóneos, que suelen ser más díscolos y a veces tener ambiciones personales. No hace falta ser Beatriz Sarlo para reconocer que el kirchnerismo ha sido más bien renuente a encarar desafíos de esta naturaleza.
Pero ahora tiene una oportunidad. Como señalamos más arriba, el gobierno tomó algunas decisiones de un impacto transformador enorme tras librar duras batallas, pero ha encontrado más dificultades para avanzar en políticas complejas y de largo plazo. Sin embargo en los últimos años –siguiendo la teología K, ya en el etapa del purgatorio–, la Presidenta, que ha demostrado una sensibilidad más aguda y un estilo de gestión más mesurado que el de su marido, comenzó a desplegar algunas iniciativas que avanzan en este sentido: una de ellas fue la ley de medios, precedida por un debate amplio que involucró a diferentes sectores sociales y acompañada por la formación de un bloque cultural que hasta el momento no existía o no se había hecho visible, con un trámite legislativo durante el cual el oficialismo aceptó las razonables modificaciones planteadas por legisladores de otros partidos: la exclusión de las telefónicas, por ejemplo, fue condición para el apoyo del socialismo. Más acá en el tiempo, la designación de Nilda Garré evidenció un cambio en la política de seguridad, que un poco a tientas y en un área especialmente pantanosa avanza en una democratización de la policía y un alineamiento más claro con las prioridades del poder político.
El problema de este tipo de reformas es que sus resultados son menos visibles, al menos en el corto plazo (prioridad natural de cualquier político que se proponga ganar elecciones). Aunque no siempre: tras una historia de mutuos desencuentros, el gobierno cambió su política agraria con la designación de Julián Domínguez en el Ministerio de Agricultura y la elaboración del Plan Estratégico Agroalimentario 2020, lo que a su vez se reflejó en una recomposición de la relación con una parte de los productores rurales y la buena performance electoral obtenida por la Presidenta –y por el propio Domínguez– en la zona sojera. Ahí lo útil se une con lo bello, en un ejemplo de convergencia virtuosa entre una política de largo plazo y los objetivos electorales más inmediatos.

Urgencias
Alcanza con revisar los diarios de los últimos días para comprobar que este tipo de cuestiones están ausentes de la agenda dominante, que transcurre por otros caminos, algunos muy lógicos y previsibles (la composición del futuro gabinete) y otros más bien delirantes: es notable, en este sentido, la cantidad de páginas dedicadas a una reforma constitucional sobre la cual ningún funcionario de primera línea se ha pronunciado positivamente. Atribuible sobre todo a la inclinación por la ingeniería institucional de algunos juristas, notoriamente Raúl Zaffaroni, la idea de una reforma de esta naturaleza enfrenta un problema fundamental, anterior incluso al de una eventual cláusula de re-reelección: no existe en la historia moderna un solo país que haya transitado pacíficamente, sin mediar guerras, ocupaciones o catástrofes, de un régimen presidencialista a uno parlamentario.
Dicho esto, no tiene mucho sentido enojarse con los medios, que por su propia lógica y formato tienden a descartar los temas complejos y los abordajes matizados para enfocarse en el show y la polémica. Sin embargo, sería deseable que el gobierno, sin desatender las obvias necesidades políticas, electorales y de comunicación, evitara dejarse llevar por ellos, y avanzara en temas como los mencionados, menos espectaculares pero no menos cruciales.


1. www.untechoparamipais.org
2. Jeremy Rifkin, autor del famoso El fin del trabajo, analiza este dato como una forma de comparar la calidad de vida de Europa en relación a la de Estados Unidos, donde la gente demora casi el doble, en promedio, en trasladarse todos los días al trabajo. Véase El sueño europeo, Paidós, 2004.

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur


http://www.eldiplo.org/149-argentina-despues-del-purgatorio/tercer-tiempo/

BCE, modo de empleo


Una única prioridad
Acotado desde su creación a velar por la “estabilidad de precios”, el Banco Central Europeo prioriza hoy la “estabilidad financiera”.
El Banco Central Europeo (BCE) nació en junio de 1998, con una única prioridad: “mantener la estabilidad de precios” (art. 282, § 2 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea). Sus otros objetivos están subordinados a esta cláusula, situación que desentona con la de la Reserva Federal (el banco central estadounidense), también encargada oficialmente de maximizar el empleo. “Sin perjuicio del objetivo de estabilidad de precios”, el BCE debe pues esforzarse por “sostener las políticas económicas generales en la Comunidad conforme al principio de una economía de mercado abierta y de libre competencia”. La estabilidad de precios se alcanza cuando, a largo plazo, el índice de precios de consumo –la inflación– no excede el 2%.
El BCE también está encargado de la creación monetaria: acuña la moneda contante y sonante que circula en el seno de los 17 países de la zona euro: concede los créditos donde abrevan los bancos de la región (1).
El Consejo –o board, en inglés– constituye el principal órgano de decisión del BCE. Está compuesto por los gobernadores de los bancos centrales nacionales de los países de la zona euro y los seis miembros del Directorio (nombrados de común acuerdo por los jefes de Estado y de Gobierno). El Consejo se reúne dos veces al mes, con el fin –particularmente– de fijar la “tasa directriz” con la cual el BCE presta dinero a los bancos comerciales; las actas de sus reuniones no se publican.
De la “estabilidad de precios”, el BCE extendió su misión a la “estabilidad financiera”. En la primavera boreal de 2010, el BCE compró títulos de las deudas públicas griega e irlandesa, antes de hacer lo mismo –a fines de 2010 y comienzos de 2011– con las obligaciones portuguesas, españolas y –desde el verano boreal de 2011– italianas. Dichas compras, realizadas en el marco del “Security Market Program” (Programa del Mercado de Valores), en octubre alcanzaban un monto total de 165.000 millones de euros (contra 74.000 millones a principios de agosto). Eso provocó el enojo de los dirigentes alemanes, quienes temen que el BCE se transforme en bad bank: un vertedero de créditos basura.


1. Véase “Le casse du siècle”, Manière de voir, Nº 119, París, octubre-noviembre de 2011.

A.D. y R.F.

Tambalea el Banco Central Europeo


“INDEPENDENCIA” PARA FAVORECER LOS NEGOCIOS FINANCIEROS


Por Antoine Dumini y François Ruffin
Periodistas.

La crisis económica y social que vive la Unión Europea hace peligrar la estabilidad interna de su Banco Central. A su vez, crecen los cuestionamientos al rol de una institución que se mantenía alejada de las críticas gracias a su discurso “científico” y “objetivo”.

n el primer piso del Banco Central Europeo (BCE), en ocasión de su última conferencia de prensa en Fráncfort, Jean-Claude Trichet entona –en inglés– su estribillo sobre las “reformas estructurales”. Lo hace de memoria, sin dudar: hace ocho años, en su primera intervención como presidente del BCE ante los medios de comunicación, ya abogaba por “reformas estructurales en el mercado laboral”. Esa cantinela no tiene (casi) nada de personal. Su antecesor, Wim Duisenberg, ya la salmodiaba todos los meses. Y así, desde el lanzamiento del euro…
Pero este jueves 8 de septiembre de 2011, el estribillo se vuelve más preciso; a pesar de un lenguaje quizás abstruso: “Es necesario eliminar las cláusulas de indexación automática de los salarios y potenciar los convenios a nivel de empresa a fin de que los salarios y las condiciones laborales puedan adaptarse a las necesidades específicas de las empresas. Estas medidas deberían ir acompañadas de reformas estructurales, particularmente en los servicios –incluyendo la liberalización de las profesiones de acceso restringido– y, en los casos en que resulte apropiado, la privatización de los servicios suministrados actualmente por el sector público, facilitando con ello el crecimiento de la productividad y apoyando la competitividad”.
El diputado europeo verde, Pascal Canfin, presente entre la asistencia, murmura: “Parece el Politburó de la Unión Soviética unos meses antes de su caída. Es la repetición de un mismo discurso, de la misma jerga, desconectada de la realidad”.
El vicepresidente de la Comisión Especial sobre Crisis Financiera, Económica y Social del Parlamento de Estrasburgo prosigue: “Se trata de una agenda íntegramente ideológica, que no tiene ninguna relación con las causas de la crisis. No veo de qué manera flexibilizar el mercado laboral, desintegrar los servicios públicos o privilegiar los acuerdos de empresa por sobre el derecho laboral constituiría una respuesta a la desregulación financiera. Los dirigentes del BCE despliegan el programa del Fondo Monetario Internacional (FMI), con sus planes de ajuste estructural, que fracasaron ampliamente. Pero poco importa, se vuelve a empezar”.
Eterno discurso… Entonces, ¿nada nuevo bajo el sol de Fráncfort? Sí. Pero no en las palabras, sino en los hechos. Porque hoy el BCE dispone de los medios para transformar sus ideas en realidad, mucho más allá de la política monetaria. Sus expertos –junto con otros misioneros de la amada “troika”, los del FMI y de la Comisión Europea– se imponen como gobiernos bis en Atenas, Dublín, Lisboa. Ponen a los ministerios bajo tutela, enuncian sus “quince mandamientos”: extender el desempleo técnico, reducir las jubilaciones agrícolas, disminuir el gasto público, etc. Hasta esta carta, enviada por Trichet y su sucesor, Mario Draghi, al presidente del Consejo Italiano, Silvio Berlusconi, en la cual –según Le Figaro– “el BCE pide que se flexibilicen los procedimientos de despido”, pero también que “se privilegien los acuerdos en el seno de las empresas por sobre los convenios sectoriales negociados a escala nacional”, “se privaticen las sociedades municipales (transporte público, servicios de limpieza, provisión de electricidad)”. Para marcar su preocupación democrática, ambos banqueros centrales recomendaron “proceder por decreto, de aplicación inmediata, y no mediante proyecto de ley, que el Parlamento siempre tarda en aprobar”. “De facto, el BCE pone bajo tutela a Italia”, titulaba el periódico, mientras el ex comisario europeo Mario Monti denunciaba un “potestatis extranjero” (1).
En este caso, ya no se trata de “consejos”, aun insistentes, ni de un simple “mensaje” –como pretenden los dirigentes del BCE, profesionales del eufemismo–. Sin embargo, ¿puede hablarse de “órdenes” o de “diktats”? Se trata, para ser más precisos, de condiciones.
“Hasta aquí, el BCE no tenía ningún poder para pesar de verdad –analiza Clément Fontan, investigador en Ciencias Políticas–. Básicamente, el banco hablaba, los dirigentes políticos lo escuchaban a medias, más o menos distraídos, pensando: ‘Bueno, es normal, es el BCE, son conservadores, escuchémoslos, démosles el placer’. Llega la crisis: los mercados financieros atacan países de la zona euro. Al principio, el BCE se niega a ayudarlos, inmovilizado por su dogma de independencia y de no intervención. Ante la presión de los gobiernos y de los bancos, en medio del pánico generalizado de los mercados, termina por ceder.” Así, el banco se ve obligado a rescatar los bonos del Tesoro de los Estados en dificultad. Pero impone sus condiciones: los países afectados se verán obligados a aplicar las “reformas estructurales” que el BCE siempre preconizó. “Estamos en una situación tipo Argentina-FMI a fines de los años 1990, en la que el prestamista ejercía una fuerte presión sobre el prestatario para asegurarse de que aplicara las reformas consideradas como ‘buenas y necesarias’. Al final, la crisis fue una ventana de oportunidad para el BCE”, concluye Fontan.

“Justicia social”
“Ventana de oportunidad”: expresión que utilizan los analistas del Banco Central. Y todos, aun los más críticos, consideran a Trichet “un gran político”. De hecho, sus oponentes lo señalan como “el único verdadero dirigente europeo”: supo aprovechar esta “oportunidad”, deslizarse por esta “ventana” abierta por la historia para extender su poder personal y el de su institución.
Esperamos al gran tesorero en lo alto de la Eurotower, con vista panorámica sobre los edificios aledaños –la Commerzbank-tower, la Dresdnerbank-tower, las torres gemelas del Deutsche Bank–, en esta capital del capital alemán, la “ciudad de los bancos”, también llamada “Bankfurt”. Donde no fue casual que se instalara el BCE. Es aquí, detrás de esta mesa redonda, en esta sala del piso 36, donde los diecisiete gobernadores de los bancos centrales nacionales –francés, alemán, eslovaco, etc.– se reunieron esta mañana y decidieron “mantener las tasas sin cambio”. El presidente se sienta en el sillón que pronto abandonará. Como para abrir una reunión del Consejo, agita la campanilla delante de él.
—“Hace un rato, en una conferencia de prensa, usted reclamó acuerdos empresa por empresa, la privatización de los servicios públicos, la flexibilización salarial… ¡Es un verdadero programa de gobierno! –le señalamos– ¿Es usted candidato a la presidencia?”
—“No, ciertamente no –sonríe Jean-Claude Trichet–. Son simplemente los medios que mis colegas y yo mismo creemos necesarios para el rápido crecimiento en Europa y la creación de más empleos.”
—“Pero cuando se habla de ‘reformas estructurales’ –insistimos–, se parece a los planes de ajuste estructural del FMI de los años 1980: liberalización, desregulación… Ese programa no funcionó ni en América Latina ni en África. ¿Por qué debería funcionar hoy en Grecia, en España, en Italia, en Francia?”
Lejos de recusar la analogía, el presidente ofrece un argumento por lo menos inesperado: por el contrario, los programas del FMI habrían funcionado bien. “¿Qué países resistieron mejor a la crisis? –objeta Trichet–. Los países emergentes, los países de América Latina que, gracias a sus reformas estructurales, lograron posicionarse en una situación de resistencia mucho más fuerte. Observamos un notable comportamiento de África. Hay reformas que permiten a las fuerzas productivas liberarse…”. Incluso el economista Milton Friedman, antes de morir, ya no se atrevía a sostener tan firmemente estas posiciones. En 2003, el gurú de los liberales concedía, a propósito de la crisis argentina: “La responsabilidad de los hombres del FMI es innegable” (2). Y si Argentina hoy está mejor, es justamente porque no siguió las recomendaciones del FMI (3).
—“¿Pero, por qué –preguntamos otra vez a Trichet– no reclama usted un alza del impuesto sobre las sociedades, que era del 50% en los años 1980, cuando la tasa actual es del 33,3%, aunque en realidad es del 7% para las empresas del CAC 40 [índice bursátil francés]?”
—“Siempre es necesario contemplar el interés superior –responde, un poco hastiado por nuestro candor–. Si en Francia tuviéramos una tasa impositiva más alta sobre las actividades, ¿qué pasaría? Las inversiones se irían al extranjero y no habría empleos en Francia. La justicia social es esencial, pero no es gravando más a las sociedades que en los demás países, más que en los países emergentes, como vamos a tener empleo en Francia”. Y no es su culpa si –feliz casualidad– “el interés superior” coincide con el de las clases superiores…
Así, por simple sentido común, se enfurecía el 20 de febrero de 2011 en la radio Europe 1: “Aumentar los salarios en Europa sería la última de las tonterías posibles” –mientras que el alza de 13% de los dividendos, superando los 40.000 millones de euros, no provocaba su justa cólera–. Fue su preocupación por la equidad la que lo llevó en 2006 a defender, a pesar de las protestas de los jóvenes, el Contrato Primer Empleo (CPE) del gobierno de Dominique de Villepin (4) –y a convertirse en toda Europa en el defensor de “la flexibilización laboral”– mientras, para los bonos, consideraba “normal” que existiese una parte variable “más importante cuando se realizan actividades terriblemente volátiles” (¡ah, la “terrible” precariedad de los traders!). Fue su sentido de la justicia social el que lo llevó a apoyar el incremento de la edad de jubilación instaurado en Francia, Irlanda, Portugal, etc., al tiempo que no consideraba “deseable” una tasa sobre las transacciones financieras.
Pero tales comparaciones surgen de una “grilla totalmente política”, se lamenta. Y nuestro dirigente protesta: “No soy un hombre político”. Él reivindica “el apoliticismo” del BCE, institución al servicio de “17 gobiernos, de 332 millones de ciudadanos, de todas las sensibilidades”. Por otra parte, insiste: “No quiero que me pregunten sobre temas políticos”.

La canilla de la liquidez
Si Trichet hubiese seguido siendo asesor del Elíseo, tras haberlo sido de Valéry Giscard d’Estaing en 1978, o director del gabinete del Ministerio de Economía y de las privatizaciones, cargo en el que fue nombrado por Edouard Balladur (en 1986), se lo consideraría fácilmente de derecha. Pero, superior por su “independencia”, al revestir sus veredictos con las virtudes de la “ciencia”, el discurso del BCE escapa la mayor parte de las veces a la crítica pública. Hasta la manifestación internacional contra el poder financiero del pasado 15 de octubre, que vio al grupo “Ocupar Fráncfort” reunir varios miles de contestatarios frente a la Eurotower, fueron escasas las marchas que desfilaron bajo las ventanas del 29 Kaiserstrasse. Como lo expresa el sociólogo Frédéric Lebaron, “el BCE construyó su invisibilidad. Está en una posición de experto, por encima de los partidos y de los Estados” (5). Y su alejamiento geográfico, la complejidad aparente –y cultivada– de los temas que trata, lo ponen al abrigo de los ciudadanos.
Es así: las orientaciones monetarias –un euro fuerte, la lucha contra la inflación– ya no competen a la política. He aquí, a su vez, que las decisiones presupuestarias, fiscales, sociales, confluyen junto con la moneda en las manos de técnicos, sobre todo en Fráncfort, quienes toman esas decisiones asegurándonos justamente que “no tienen elección”.
Sin embargo, Trichet tiene que afrontar una “oposición”. Que no proviene de los trabajadores; es interna a las finanzas. Reunidos frente a él, los periodistas económicos se mimetizan con los traders, y no importunan a nadie con el índice de desempleo en Portugal, los medicamentos contra la diabetes que ya no serán reembolsados en Grecia, las jubilaciones que se recortan en Irlanda, etc. No, la pregunta que hace enojar al presidente, la hizo el pasado 8 de septiembre el enviado del periódico económico alemán Börsen Zeitung: al rescatar obligaciones de Estados en dificultad, ¿el BCE no cambia su estatuto de “ancla de estabilidad” por el de “bad bank”? Al día siguiente de este intercambio, el alemán Jürgen Stark, economista en jefe del BCE y portavoz de los ortodoxos, anunciaba su dimisión del Directorio. El pasado febrero, Axel Weber había declarado que abandonaba su cargo de presidente del Bundesbank (Banco Central de Alemania), y por lo tanto su asiento en el Consejo de Gobernadores del BCE, para manifestar su desacuerdo con la estrategia –juzgada laxista– de la institución de Fráncfort. También se negaba a ser el sucesor de Trichet, cuyo mandato finalizaba el 31 de octubre. Por cómico que pueda parecer, se le reprocha al banquero central europeo su falta… ¡de ortodoxia!
Alcanza una acreditación escaneada para que, en el primer piso de la Eurotower se abra delante nuestro la sala de los mercados. Nada prestigioso, un simple salón con un centenar de computadoras. Detrás de los teclados, hombres en traje y mujeres en tailleur. En un televisor desfilan las cotizaciones bursátiles. Es aquí que se “organiza la concesión de créditos a los bancos comerciales”, explica Paul Mercier, asesor principal de las operaciones de mercado. Es aquí –en buen romance– donde se emite la moneda en Europa. “Cada martes se realizan grandes adjudicaciones de créditos. El board [Consejo de Gobernadores] decide cuánto se volcará al mercado” (ver “BCE, modo de empleo”).
Enseguida, el responsable precisa: “Aunque, en las circunstancias actuales, hemos decidido permitir que los bancos determinen ellos mismos cuánto quieren pedir prestado. Son medidas especiales que tuvimos que tomar debido a la crisis financiera”. “En este momento –añade Ivan Fréchard– es muy simple: proveemos toda la liquidez que demanden los bancos. Es la política del full allotment [adjudicación total]”.
¿Full allotment? Podría traducirse como “hasta no tener más sed”. Ya que, si para los Estados los préstamos se otorgan bajo condiciones –y de las más severas–, en cambio para los bancos el crédito circula en libre servicio. Trichet y Draghi no enviaron ninguna carta a los patrones de la Société Générale, del HSBC, del BNP-Paribas exigiéndoles –dado que el BCE corre en su auxilio– que sus establecimientos abandonen los paraísos fiscales, dejen de especular con las deudas soberanas, financien la economía real. Ningún “hombre de negro” del BCE se trasladó a la sede del Crédit Agricole o del Commerzbank para analizar sus cuentas –con el mismo ardor que aquellos que visitaron el Ministerio de Salud en Atenas– y librar intimaciones con idéntica arrogancia.
Sentado en un banco delante de la “euroboutique” –que vende pañuelos, paraguas, tazas, chocolates, etc.– el diputado Pascal Canfin resume: “Para salvar el sistema, el BCE abrió la canilla de la liquidez. Pero el problema es que el caño está agujereado: el dinero que fluye por allí no llega a la economía real. Porque en el medio están los bancos comerciales que, aun hoy, prefieren especular antes que invertir. El rol del BCE es hacer que el agua escurra en la dirección correcta, y hace dos años que no toma ninguna medida para ello”.
Esta postura adoptada por el BCE es observada desde primera fila por el diputado [portugués] Miguel Portas, de la Izquierda Unitaria Europea (IUE): “A Portugal se le impuso un plan de salvataje. Pero de los 78 mil millones de euros que le prestó el BCE, 54 mil van directamente a los acreedores. Se nos dijo: ‘Prioridad a los bancos que detentan las deudas soberanas’. Y para financiar eso, se recortan los salarios –aun cuando nuestro sueldo mínimo es de 485 euros–, las jubilaciones –cuando el promedio no supera los 300 euros–. El agua, el gas y la electricidad aumentaron un 17, 18, 20%. El IVA actual alcanza el 23%. Y todo mientas el gran capital está completamente a salvo, en nombre de la necesidad de atraer a los inversores”.
En Irlanda, el BCE se hizo presente. “Durante las elecciones celebradas en la primavera boreal, el Partido Laborista repitió el eslogan ‘It will be labour’s way, or Frankfurt’s way” (Será a la manera de los trabajadores, o a la manera de Fráncfort) –relata el diputado europeo Paul Murphy (también del grupo de la IUE)–. Prometían que los bancos y los acreedores privados serían obligados a contribuir, y no sólo los ciudadanos. Pero el BCE insistió para que ningún acreedor fuera penalizado. Y poco después del escrutinio, la pretendida socialdemocracia irlandesa, al igual que la socialdemocracia a través de Europa, capituló. Se arrodilló ante los mercados, ante el BCE y ante la troika”.
En su comunicación, el Banco Central Europeo no deja de subrayar su “independencia”. Con frecuencia recuerda el artículo 107 del Tratado de Maastricht: “Ni el BCE ni los bancos centrales nacionales, ni ninguno de los miembros de sus órganos rectores podrán solicitar o aceptar instrucciones de las instituciones u organismos comunitarios, ni de los Gobiernos de los Estados miembros, ni de ningún otro órgano”. Por lo tanto, una independencia total respecto del poder político. Draghi, el nuevo presidente del BCE, no debería asustar al poder financiero más que Trichet: fue vicepresidente de la rama europea de Goldman Sachs, a cargo en particular de las deudas soberanas cuando el banco de negocios maquillaba las cuentas de Grecia.
Otmar Issing, economista jefe del BCE entre 1998 y 2006 y padre espiritual del euro, recorrió el camino inverso, convirtiéndose en asesor internacional de Goldman Sachs. Weber, ex presidente del Bundesbank y representante de Alemania en el Consejo de Gobernadores del BCE, también hizo su elección. Antes que volver a la Universidad, aceptó la vicepresidencia del banco suizo UBS –sospechado de favorecer evasiones fiscales– por 1.700.000 euros y otras stock-options.
En cambio, ninguno de sus dirigentes decidió hasta ahora unirse a un sindicato francés, alemán, italiano. Esa “independencia” está a salvo.

1. Richard Heuzé, “La BCE met de facto l’Italie sous tutelle”, Le Figaro, París, 8-8-11.
2. “Le triomphe du libéralisme”, Politique Internationale, Nº 100, París, verano boreal de 2003.
3. Cécile Raimbeau, “En Argentine, les ‘piqueteros’ s’impatientent”, Le Monde diplomatique, París, octubre de 2011.
4. Creado en marzo de 2006 en el marco de la ley por la igualdad de oportunidades y suprimido el mes siguiente tras una importante protesta social, el Contrato Primer Empleo destinado a los menores de 26 años instauraba entre otras cosas un período de dos años durante el cual el asalariado podía ser despedido sin motivo.
5. Frédéric Lebaron, Ordre monétaire ou chaos social?: La BCE et la révolution néolibérale, Editions du croquant, colección “Savoir/Agir”, Bellecombe-en-Bauges, 2006.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Violaciones: un arma de guerra invisible


Hablar de guerra es hablar de cifras, de muertos, de heridos, de cosas destruidas. Algunas veces, cuando por algún motivo ese conflicto pasa a las primeras páginas de la actualidad, se habla de casos pero, inexplicablemente, pocas son las veces en las que la noticia es el abuso sexual a las mujeres.
Y eso que lleva siglos de actualidad. Ahora que parece que está más cerca una Libia sin Gadafi, poco se ha hablado de las violaciones que con nefasta costumbre se dan en las guerras y de las que ahora Libia escribe una nueva página. Así, mientras se busca al dictador derrocado, se van haciendo públicas las denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU por la compra de cargamentos de pastillas parecidas la Viagra para que sus partidarios no flojearan a la hora de realizar violaciones masivas contra mujeres y niñas libias.
"Con estos actos, los violadores buscan un objetivo: hacer daño. De forma visible hablamos de enfermedades de transmisión sexual o de embarazos no deseados, pero no hay que olvidarse del factor psicológico", asegura a ELMUNDO.es Rosa Aouat, responsable médica de Médicos Sin Fronteras (MSF) para varios países entre los que se encuentra el Congo.
Para esta trabajadora de MSF, "es muy difícil derribar las barreras mentales sobre este tema. En primer lugar, hablamos de un daño profundo en las víctimas, muchas veces agudizado por la propia comunidad y su familia. Por otra parte, los violadores las tratan como un objeto, como si no valiesen nada. Son soldados que están solos, en selvas, y cuando quieren las cogen y se sacian. Es más, se puede contrastar cómo aumentan estas agresiones según las zonas por donde se muevan las tropas", comenta esta especialista.

Ni denuncias ni visibilidad

Aunque las primeras noticias de esta práctica de guerra data del siglo XII por parte de los Cruzados, es en el siglo XX cuando se generaliza, teniendo como 'estandartes' del horror las dos guerras mundiales con más de siete millones de mujeres forzadas sexualmente en todo el mundo... y lo que no se sabe.
"Muchas mujeres no denuncian", asegura Aouat ante una realidad que sigue siendo patente independientemente del país o la guerra que sea: "El comandante de los paramilitares me violó [...] pero a una le toca estar callada, ya que si hablas la gente dice que una se lo busca. Es una pesadilla que no acaba", explicaba el testimonio de una víctima colombiana recogido por Amnistía Internacional en 2004.
Para Aouat, las razones de la vergüenza o el miedo al qué diránsiguen siendo hoy en día el principal problema para estas mujeres, lo que hace que, según los últimos datos recogidos por la ONU, sólo se denuncien actualmente un 1% de los casos. "A nosotros acudió una mujer con toda la cara inflamada, pensamos que eran heridas del forzamiento, pero eran de su propio marido al enterarse que había sido violada. Esta no es una situación anómala y hace muy difícil la búsqueda de justicia", añade esta especialista.
Quizá, la violencia desatada durante la guerra de Kosovo significó algo más de luz para dar a conocer estos casos. En tres años (de 1992 a 1995), se calcula que de entre 20.000 a 44.000 mujeres y niñas fueron violadas, muchas de ellas encerradas en centros de detención para abusar de ellas sistemáticamente o impedirlas abortar en caso de quedarse embarazadas, ¿el fin? "Buscan perpetuar su sangre, tener hijos con su sangre mientras que la madre queda aislada, pues en muchas comunidades se las repudia, y así sólo tienen a ese hijo, su hijo", comenta Carmen Molina, Directora de Cooperación de Unicef.
Aún así, la mayoría de estos actos siguen quedando impunes para la sociedad internacional. Aunque el Tribunal Penal Internacional reconoce la violación como arma de guerra desde 1994 y a las que lo han sufrido como víctimas civiles, lo cierto es que en muchas zonas enquistadas por los conflictos se siguen cometiendo estos atropellos con total impunidad. Y, sin duda, África es el gran paradigma de esta situación.

Contra el más débil

"Aunque esto ha pasado en todos los conflictos, es cierto que la inestabilidad de muchos países africanos ayuda a que esta situación se perpetúe", indican desde Unicef. Y aunque las mujeres suelen ser el objetivo primordial, los discapacitados, los niños, los ancianos y, según la ONU, ahora también los muchachos no se libran de estar en el punto de mira de grupos armados.
"Suelen ir a por la parte de la población que tenga más dificultades para huir o a por mujeres jóvenes al creer que no tienen enfermedades. Pero además de ellas, muchos discapacitados y niños que han pasado por este trauma tienen problemas para volver a tener relaciones sexuales, mientras que para las personas mayores o los hombres significa un daño irreparable en su dignidad", aseguran ambas activistas.
Por todo ello, el cuadro psicológico más común entre los afectados suele ser la depresión, el ostracismo o, incluso, los intentos de suicidio, cuestiones que tienden a agravarse cuando la primera experiencia sexual de una mujer es una violación: "no es raro encontrarse estos casos y haycierto rechazo a tener más experiencias sexuales, aunque en otras ocasiones, y si han quedado embarazadas y obligadas a buscarse solas la vida, estas mujeres se ven abocadas a prostituirse", relata Aouat.
¿Y en cuanto a las consecuencias físicas? "La brutalidad de muchas violaciones lleva a daños importantes en los órganos genitales que buscamos reconstruir quirúrgicamente, ya que es parte de la identidad de la víctima. También son frecuentes los embarazos, las adopciones y los abortos. En estos casos buscamos asesorar a la víctima", comentan desde MSF. Según informaba la OMS en 2002, más de 66.000 mujeres morían al año en el mundo por a consecuencia de abortos inseguros. "La tercera consecuencia más común son las enfermedades de transmisión sexual. Si conseguimos que no pasen 72 horas del forzamiento sexual podemos evitar que muchas mujeres sufran enfermedades graves, pero como hay mucho silencio entorno a este asunto se hace difícil", explica Aouat.
"El mayor reto que tenemos por delante todos los que atendemos a estas víctimas es que entiendan que tienen ayuda y que tienen que ser tratadas, mientras que el trabajo de los políticos es evitar que ocurra", sentencian desde MSF.


martes, 1 de noviembre de 2011

Isolina Perez Fernandez

Isolina Perez Fernandez, es la menor de los hermanos de esa familia. Hermana menor de mi abuela paterna, Manuela, y la ultima viva de los siete Perez Fernandez.
Nacida también en Vigo, Galicia, hija de Benito Perez Alonso y Antonia Fernandez Alonso, por el año 1930 ( aproximadamente), emigro junto con su hermana mayor, siendo pequeña por los años 50 hacia Buenos Aires, Argentina.
Instalados, se caso con Rufino Echaire o Echayre, con quien tuvo dos hijos: Carlos, y Maria del Valle Echaire/Echayre Perez. Su esposo era oriundo del interior del país, de ascendencia turca. Por su hija apodada ''la negra'' es abuela de una joven de la cual desconozco el nombre.
Tristemente, ella estuvo peleado con quien es mi abuela paterna, por asuntos internos.
Yo la conocí y la vi una sola vez, en el velatorio de mi tío abuelo Jose ''pepe'' Perez Fernandez. En ese mismo momento conocí a su hija y a su nieta.
Aun tengo que seguir indagando sobre ella y su descendencia, ya que desconozco gran parte de sus datos.
La tía Isolina, como dije al principio, es la ultima en vida de los hermanos Perez Fernandez. Recuerdo que cuando me conoció me dijo con su tono gallego: vos tenes una cara de gaita ( diminutivo o sinónimo de Gallego). Debo confesar que eso me lleno de orgullo y alegría.
Su parecido a mi abuela físicamente es increíble, tanto que mi hermana que en aquel entonces estaba embarazada, se emociono y se quebró, ya que le hiso recordar mucho a mi abuela Manuela.
Desde ya cuando tenga mas datos sobre ella, les seguiré contando.





Palabras que valen oro


EL NEGOCIO DE GOOGLE


Por Frédéric Kaplan
Investigador en la Ecole Polytechnique Fédérale de Lausanne y coautor de L’Homme, l’Animal et la Machine, CNRS Editions, París, 2011.

El gigante Google ha logrado darle a la palabra un valor comercial, extendiendo el dominio del capitalismo a la lengua. Así, las palabras se “subastan” y el lenguaje se estandariza cada vez más.


Alberto Méndez, s/t sobre tinta, 2009 (Gentileza Carla Rey Arte Contemporáneo)
a historia de Google se basa en dos algoritmos: uno de ellos, que permite encontrar páginas a partir de determinadas palabras, lo ha vuelto popular; el otro, que asigna a estas palabras un valor comercial, lo volvió rico. El primero de estos métodos de cálculo, elaborado por Larry Page y Sergey Brin cuando todavía preparaban sus tesis como estudiantes en la universidad de Stanford (California), consistía en una nueva definición de la pertinencia de una página web como respuesta a una solicitud. En 1998, los motores de búsqueda ya eran capaces por cierto de repertoriar las páginas que contenían la o las palabras solicitadas. Pero la clasificación se hacía con frecuencia de manera ingenua, contabilizando la cantidad de casos de la expresión buscada. A medida que la web crecía, los resultados propuestos a los internautas eran cada vez más confusos.
Los fundadores de Google propusieron calcular la pertinencia de cada página a partir del número de vínculos hipertexto que apuntaban a ella –un principio inspirado en aquel que desde hace mucho tiempo garantiza el reconocimiento de los artículos académicos–. Cuanto más crecía la web, más el algoritmo de Page y Brin afinaba la precisión de sus clasificaciones. Esta intuición fundamental le permitió a Google convertirse, desde comienzos de los años 2000, en la primera puerta de entrada de la web.

Buenos negocios

Mientras muchos observadores se preguntaban cómo la sociedad californiana iba a poder cobrar por sus servicios, la invención de un segundo algoritmo hizo de ella una de las empresas más ricas del mundo. Por cada búsqueda de un internauta, Google propone, en efecto, varios vínculos, asociados a breves publicidades textuales que direccionan a sitios de empresas. Estos anuncios son presentados antes de los resultados de la búsqueda. Los anunciantes pueden elegir las expresiones o palabras claves a las cuales desean ver asociada su publicidad. Sólo pagan cuando un internauta cliquea efectivamente sobre el link propuesto para acceder a su sitio. Con el fin de elegir cuál de las publicidades anunciar para una búsqueda dada, el algoritmo propone un sistema de subastas en tres etapas:

• La subasta de una palabra clave. Una empresa elije una expresión o una palabra, como “vacaciones”, y establece el precio máximo que estaría dispuesta a pagar si un internauta llega a ella por esta vía. Para ayudar a los compradores de palabras, Google provee una estimación del monto de la subasta a proponer para tener buenas chances de figurar en la primera página de resultados. Los compradores pueden limitar su publicidad a fechas o lugares específicos. Pero atención: como vamos a ver, el hecho de tener la apuesta más alta no garantiza que usted sea el primero en la página.
• El cálculo del puntaje de calidad de la publicidad. Google atribuye a cada anuncio, sobre una escala de uno a diez, un puntaje, en función de la pertinencia de su texto según el punto de vista de lo requerido por el usuario, de la calidad de la página destacada (interés de su contenido y rapidez para cargarla) y del promedio de clics sobre la publicidad. Este puntaje mide hasta qué punto la publicidad funciona, asegurando a la vez un buen retorno al anunciante e imponentes ganancias a Google, que sólo gana dinero si los internautas eligen cliquear efectivamente sobre el link propuesto. El algoritmo exacto que establece este puntaje es secreto y modificable a gusto de Google .
• El cálculo del rango. El orden en el que aparecen las publicidades está determinado por una fórmula relativamente simple: el rango es la subasta multiplicada por el puntaje. Una publicidad que tenga un buen puntaje puede así compensar una subasta más débil y llegar primero. Google optimiza aquí las chances de que el internauta cliquee sobre las publicidades propuestas.

Este juego de subastas se recalcula para cada búsqueda de cada usuario, ¡millones de veces por segundo! Este segundo algoritmo proporcionó a la firma de Mountain View, la modesta suma de 972 mil millones de dólares en el tercer trimestre de 2011, cifra un 33% mayor en comparación con el mismo período del año 2010 (1).
El mercado lingüístico así creado por Google ya es global y plurilingüe. En este sentido, la Bolsa de palabras que le está asociada brinda una indicación relativamente justa de los grandes movimientos semánticos mundiales. Google propone por otra parte herramientas simples y lúdicas para explorar una parte de los datos que reúne sobre la evolución del valor de las palabras. De este modo podemos ver cómo las fluctuaciones del mercado están marcados por los cambios de estación (las palabras “esquí” y “ropa de montaña” tienen más valor en invierno, “bikini” y “crema solar” en verano). Los flujos y los reflujos del valor de la palabra “oro” hablan de la salud financiera del planeta. En efecto, Google gana mucho dinero con las palabras para las cuales la competencia es fuerte (“amor”, “sexo”, “gratuito”), con los nombres de personas célebres (“Picasso”, “Freud”, “Jesús”, “Dios”), pero también en áreas de la lengua donde la especulación es mínima. Todo lo que puede ser nombrado puede dar lugar a una subasta.

Hacia la regularización de la lengua

Google logró extender el dominio del capitalismo a la lengua misma, hacer de las palabras una mercancía, fundar sobre la especulación lingüística un modelo comercial increíblemente aprovechable. El conjunto de sus otros proyectos e innovaciones tecnológicas –ya se trate de administrar el correo electrónico de millones de usuarios o de digitalizar el conjunto de libros publicados desde siempre sobre el planeta– pueden ser analizados a través de este prisma. ¿Qué temen los actores del capitalismo lingüístico? Qué la lengua se les escape, que se rompa, se “disortografíe”, que se vuelva imposible de poner en ecuaciones. Cuando Google corrige una palabra que usted escribió mal, no sólo le ofrece un servicio: con frecuencia, transforma un material sin gran valor (una palabra mal ortografiada) en un recurso económico directamente rentable. Cuando Google prolonga una frase que usted comenzó a escribir en el casillero de búsqueda, no se limita a hacerle ganar tiempo: lo lleva al terreno de la lengua que él explota, lo invita a seguir el camino estadístico trazado por los otros internautas. La tecnología del capitalismo lingüístico empuja pues a la regularización de la lengua. Y cuanto más acudamos a las prótesis lingüísticas, dejando que los algoritmos corrijan y prolonguen nuestras oraciones, más eficaz será esta regularización.
No hay teoría del complot: Google no pretende modificar la lengua a propósito. La regularización mencionada aquí es simplemente un efecto de la lógica de su modelo comercial. Para tener éxito en el mundo del capitalismo lingüístico hay que cartografiar la lengua mejor de lo que cualquier lingüista podría hacerlo hoy. También allí, Google supo construir una estrategia innovadora al desarrollar una intimidad lingüística sin precedentes con sus usuarios. Nos expresamos cada día más a través de una de las interfaces de Google; no simplemente cuando hacemos una búsqueda, sino también cuando escribimos un correo electrónico con Gmail o un artículo con Google Docs, cuando señalamos una información en la red social Google+ y aún oralmente, a través de la interfaz de reconocimiento vocal que Google integra a sus aplicaciones móviles. Somos millones cada día los que escribimos y hablamos con la intervención de Google. Por eso el modelo estadístico plurilingüe que afina constantemente, y hacia el cual trata de dirigir cada búsqueda, está más actualizado que el diccionario publicado anualmente por nuestros académicos. Google sigue los movimientos de la lengua minuto a minuto; fue el primero en descubrir en ella un mineral de una riqueza extraordinaria y se procuró los medios necesarios para explotarlo.
El descubrimiento de este territorio del capitalismo hasta ahora ignorado abre un nuevo campo de batalla económica. Es verdad que Google goza de una ventaja importante, pero los rivales, que comprendieron las reglas de esta nueva competencia, terminarán por perfilarse. Reglas muy simples después de todo: abandonamos una economía de la atención para entrar en una economía de la expresión. La apuesta ya no es tanto captar las miradas, como mediatizar la palabra y lo escrito. Los ganadores serán los que puedan desarrollar relaciones lingüísticas íntimas y durables con una gran cantidad de usuarios para modelar e influir sobre la lengua, crear un mercado lingüístico controlado y organizar la especulación con las palabras. La utilización del lenguaje es ahora objeto de la codicia general. No hay duda de que no se necesitará mucho tiempo para que la propia lengua se transforme.

1. “Google Q3 2011: $9.72 Billion In Revenue, $2,73 Billion In Net Income”, www.techcrunch.com, 13-10-11.

Florencia Giménez Zapiola