martes, 9 de noviembre de 2010

GIRO RADICAL DE UNA EX VICESECRETARIA ESTADOUNIDENSE

Gestión empresaria vs. calidad educativa 

Tras quince años de resultados magros en el ámbito educativo estadounidense, Diane Ravitch –ex vicesecretaria de Educación– testimonia cómo cambió de perspectiva en materia educacional y denuncia el modelo de gestión empresaria que, en detrimento de la calidad de la enseñanza, provoca graves problemas en el sector.

por Diane Ravitch
Investigadora en Ciencias de la Educación de New York University. Publicó en particular The death and life of the great american school system: how testing and choice are undermining education, Basic Books, Nueva York, 2010. Este artículo fue publicado inicialmente en The Nation (Nueva York) el 14 de junio de 2010, bajo el título “Why I changed my mind”.
Traducción: Florencia Giménez Zapiola



Cuando asumí como vicesecretaria de Educación de la administración de George H.W. Bush en 1991 no tenía ninguna idea firme sobre el tema de la “libre elección” en materia de educación ni sobre la cuestión de la responsabilidad de los docentes. Y cuando dos años más tarde dejé el gobierno, defendía el principio de la remuneración al mérito: estimaba que los docentes cuyos alumnos obtenían mejores notas debían ser mejor pagados que los otros. Sostenía también que las pruebas de evaluación debían ser generalizadas y que eran útiles para determinar con precisión qué escuelas necesitaban una ayuda suplementaria. Por eso aplaudí con entusiasmo cuando, en 2001, el Congreso votó la Ley No Child Left Behind (NCLB, ningún niño dejado atrás) y nuevamente cuando, en 2002, el presidente George W. Bush firmó su entrada en vigor.
Hoy, observando los efectos concretos de estas políticas, cambié de opinión: ahora considero que la calidad de la enseñanza que reciben los niños es más importante que los problemas de gestión, de organización o de evaluación de los establecimientos.
La ley NCLB exige que cada estado evalúe la capacidad de lectura y de cálculo de todos los alumnos, desde el equivalente de 3º grado hasta el equivalente de 2º año. Los resultados son presentados según distintos criterios: el origen étnico, el nivel de dominio del inglés, la presencia de una eventual discapacidad y los ingresos parentales. Los miembros de cada uno de estos grupos deben aprobar el 100% de las pruebas antes de 2014. Si en una escuela un grupo no demuestra progresos constantes hacia ese objetivo, el establecimiento se ve sometido a sanciones cuya severidad va en aumento. El primer año, la escuela recibe una advertencia. Después, a todos los alumnos –incluso a los que tienen buenas notas– se les ofrece la posibilidad de cambiar de establecimiento. El tercer año, los alumnos más pobres gozan de cursos suplementarios gratuitos. Si la escuela no logra alcanzar sus objetivos en un período de cinco años, se expone a una privatización, a ser convertida en charter school, a una reestructuración completa o, simplemente, al cierre. En ese caso, los empleados pueden ser despedidos. Así, actualmente se ha identificado cerca de un tercio de las escuelas públicas del país (más de 30.000) que no cumplen con los “progresos anuales satisfactorios”.
Punto crucial: la ley NCLB dejó que los estados definieran sus propios modos de evaluación, lo que condujo a algunos de ellos a bajar su nivel de exigencia para que los alumnos alcanzaran sus objetivos más fácilmente. En consecuencia, la mejoría del nivel escolar proclamado localmente no siempre se refleja en las pruebas federales.
El Congreso obliga a las escuelas a someter aleatoriamente a algunos de sus alumnos a una evaluación nacional, el National Assessment of Educational Progress (NAEP), para poder contrastar sus resultados con los suministrados por los estados. Así, en Texas, donde se habla de un verdadero milagro pedagógico, las notas en lectura están estancadas desde hace diez años. Del mismo modo, Tennessee calculaba en un 90% la cantidad de alumnos que habían alcanzado los objetivos del año 2007, mientras que la estimación del NAEP –26%– resultó menos halagüeña.
Miles de millones de dólares fueron gastados para poner a punto –y después llevar a cabo– las baterías de pruebas necesarias para estos diferentes sistemas de evaluación. En muchas escuelas, la enseñanza común se interrumpe varios meses antes de la fecha de los exámenes para dar lugar a la preparación intensiva que se les dedica a estos últimos. Muchos especialistas han determinado que este trabajo no beneficia a los niños, quienes aprenden a dominar las pruebas más que las materias correspondientes.
A pesar del tiempo y el dinero invertido, los puntajes en la NAEP apenas aumentaron; a veces, simplemente se estancaron. En matemáticas los progresos fueron incluso más importantes antes de la adopción de la ley NCLB que después. En lectura, el nivel parece haber mejorado para el equivalente de 4º grado. Sin embargo, para el equivalente de 2º año, el puntaje de 2009 es el mismo que el de 1998.
Sin embargo, el problema principal no procede de los propios resultados o de la manera en que los estados y las ciudades manipulan las pruebas. La verdadera “víctima” de este encarnizamiento es la calidad de la enseñanza. La lectura y el cálculo se volvieron prioritarios. Los docentes, conscientes de que estas dos materias deciden el futuro de su escuela y por lo tanto de su empleo, descuidan las otras. La historia, la literatura, la geografía, las ciencias, el arte, las lenguas extranjeras y la educación cívica son relegadas al rango de materias secundarias.

Las charter schools

Desde hace aproximadamente quince años, la “libre elección”, idea que se materializó especialmente en las “charter schools” y que surgió a fines de los años 1980, se ha arraigado en la imaginación de fundaciones poderosas y de opulentos representantes del sector patronal. Estos establecimientos forman desde entonces un vasto movimiento que reúne a un millón y medio de alumnos y más de 5.000 escuelas. Financiadas con el dinero público, pero administradas como instituciones privadas, las charter schools pueden sustraerse a la mayoría de las reglamentaciones vigentes en el sistema público. Así, más del 95% de ellas se niega a contratar docentes sindicados. Cuando la administración del estado de Nueva York quiso auditar a las charter schools que había autorizado, estas últimas fueron a la justicia para impedirlo: el estado debía tenerles confianza y dejarles cumplir a ellas mismas esta auditoría.
El nivel de estas escuelas es muy desigual. Algunas son excelentes; otras, catastróficas. La mayoría se sitúa entre ambos extremos. La única evaluación a escala nacional fue realizada por Margaret Raymond, economista en la Universidad de Stanford (1). A pesar de estar financiada por la Walton Family Foundation y de ser acérrima partidaria de las charter schools, Raymond revela que únicamente el 17% de estos establecimientos exhibe un nivel superior al de una escuela pública comparable. El 83% restante obtiene resultados similares o inferiores. En los exámenes del NAEP, en lectura y en matemáticas, los niños que frecuentan las charter schools obtienen el mismo “puntaje” que los otros, se trate de negros, hispánicos, pobres o alumnos que viven en las grandes ciudades. No obstante, el modelo se presenta como un “remedio mágico” para todos los problemas del sistema educativo estadounidense. Para la derecha, por supuesto, pero también para gran cantidad de demócratas. Estos últimos formaron un grupo de presión: los Democrats for Education Reform (Los demócratas para la reforma de la educación).
Algunas charter schools están dirigidas por intereses privados, otras por asociaciones sin fines de lucro. Su modelo de funcionamiento descansa sobre un fuerte índice de renovación del personal, pues los docentes deben trabajar intensamente (a veces 60 ó 70 horas por semana) y dejar su teléfono celular prendido para que los alumnos puedan encontrarlos en cualquier momento. La ausencia de sindicatos facilita tales condiciones de trabajo.
Cuando los medios de comunicación se interesan por el tema, frecuentemente se focalizan en establecimientos excepcionales. Intencionalmente o no, dan entonces la imagen de verdaderos “paraísos” poblados de docentes jóvenes y dinámicos y de alumnos en uniforme, de modales impecables y todos capaces de entrar en la universidad. Pero estos informes descuidan algunos factores determinantes. Para empezar, los establecimientos de buen nivel seleccionan a sus alumnos entre las familias más motivadas escolarmente. Además, aceptan menos alumnos de lengua materna extranjera, discapacitados o sin domicilio fijo, lo que les da una ventaja respecto a las escuelas públicas. Por último, tienen el derecho de mandar de vuelta a la escuela pública a aquellos elementos que “desentonen”.

Sin cambios con Obama

Cuando el movimiento a favor de las charter schools levantó vuelo, descansaba en la seguridad de que esos establecimientos serían fundados y animados por docentes valientes y desinteresados que saldrían al encuentro de los alumnos con mayores dificultades. Libres para innovar, podrían aprender a ayudar mejor a esos alumnos y favorecerían a toda la comunidad por los conocimientos adquiridos cuando se reintegraran al sistema público. Pero en la actualidad, estos establecimientos rivalizan abiertamente con las escuelas públicas. En Harlem, los establecimientos públicos deben lanzar campañas de comunicación a los padres. El presupuesto de 500 dólares (o menos) que consagran a los folletos promocionales dan una pobre impresión al lado de los 325.000 dólares ofrecidos por el poderoso grupo que trata de echarlos del sector.
En enero de 2009, cuando la administración de Barack Obama llegó al poder, yo estaba persuadida de que anularía la ley NCLB y volvería a partir de bases sanas. Se produjo lo contrario: abrazó las ideas y las opciones más peligrosas de la era George W. Bush. Bautizado Race to the Top (Carrera hacia la meta), su programa tentó con subvenciones de 4.300 millones de dólares a los estados que estaban asfixiados con la crisis económica. Para obtener este beneficio, estos últimos debían suprimir todo límite legal a la implantación de las charter schools. Así la expansión de las charter schools viene a realizar el viejo sueño de los businessmen de la educación y de los partidarios del mercado libre que aspiran a desmantelar el sistema público.
Ahora bien, es absurdo evaluar a los docentes según los resultados de los alumnos, pues esos resultados dependen, por supuesto, de lo que sucede en clase, pero también de factores externos tales como los recursos, la motivación de los alumnos o el apoyo que aporten los padres. Sin embargo, sólo se considera “responsables” a los docentes. En cuanto a “transformar” a las escuelas con dificultades, se trata de un eufemismo destinado a encubrir el mismo tipo de medidas que las impuestas por la ley NCLB. Si los resultados no mejoran rápidamente, los establecimientos son transferidos al estado respectivo, cerrados, privatizados o transformados en charter schools. Cuando las autoridades del estado de Rhode Island anunciaron su intención de despedir a todo el personal docente del único liceo de la ciudad de Central Falls, su decisión fue aplaudida por el Secretario de Educación, Arne Duncan, y por el propio presidente demócrata. El personal fue recontratado recientemente, con la condición de aceptar jornadas más largas y de dar más ayuda personalizada a los alumnos.
El acento puesto por la administración Obama en la evaluación empujó a los estados a modificar su legislación con la esperanza de obtener los fondos federales que tanto necesitan. Florida acaba de votar una ley que prohíbe el reclutamiento de docentes principiantes, somete la mitad de su salario a los resultados de sus alumnos, suprime los presupuestos dedicados a la formación continua y financia la evaluación de los alumnos con el 5% del presupuesto escolar de cada circunscripción. Padres y docentes unieron sus fuerzas y lograron convencer al gobernador, Charlie Crist, de que no firmara la ley, lo cual probablemente puso fin a su carrera en el Partido Republicano. Pero lo cierto es que se toman medidas parecidas en todo el país.

1 “Multiple choice: Charter School performance in 16 states”, Center for Research on Education Outcomes (Credo), Stanford University, California, junio de 2009.

Informe Dipló –   18-10-10 Le Monde Diplomatique

CUENTOS Y LEYENDAS DE IRLANDA

Un escritor, un país

Hugo Hamilton, de padre irlandés nacionalista y madre berlinesa antinazi, creció en los barrios pobres de Dublín. De “sangre impura” –para retomar el título de su novela autobiográfica– y emparentado con los inadaptados de la modernidad y los exiliados internos, este escritor prolonga una de las grandes tradiciones de la literatura irlandesa.


por Hugo Hamilton
Escritor. Autor de The Speckled People: A Memoir of a Half-Irish Childhood y Disguise, Harper Collins, Nueva York, 2003 y 2008, respectivamente.
Traducción: Mariana Saúl



Los irlandeses dominamos la imaginación con un brío particular. Ese talento único para la teatralidad es una de las características que nos hicieron famosos en todo el mundo. Para nosotros, en Irlanda, la historia que cada uno cuenta sobre sí mismo tiene a menudo más importancia que el recuerdo preciso de los acontecimientos. Las conversaciones, las exageraciones, el detallado comentario de nuestras vidas y nuestro país valen tanto como la realidad objetiva.Yo cedí a esa afición nacional por el estereotipo ¡que siempre traté de evitar! Pero el papel importante que desempeñó la imaginación en el desarrollo de la sociedad irlandesa quizá sea revelador, aun hoy, de nuestras fuerzas y debilidades.
En la actualidad los irlandeses atraviesan una profunda fase de introspección. El eslogan del momento es “Renovar la República”. Tras dos cortas décadas que se resumen en un alocado tour de compras durante el cual nuestra imaginación se transformó en fantasía de consumo, los principios de nuestros padres fundadores han vuelto al centro del debate mediático: ¿qué salió mal? ¿cuáles son los valores que verdaderamente nos importan?, y ¿qué esperamos realmente del futuro?
El carácter nacional irlandés está fundado en las aspiraciones. Nuestra historia se ha forjado en los sueños nacionalistas de libertad. Los sueños de innumerables emigrados que se vieron obligados a vivir en el extranjero deseando retornar a su tierra natal. Los sueños de prosperidad después de un largo pasado de miserias, hambrunas y ausencia de perspectivas, del cual el país finalmente salió gracias al boom de los años noventa.
Con una inversión enorme en educación y la adhesión al club Europa, esa prosperidad terminó llegando a las orillas de Irlanda y todos nuestros sueños se hicieron realidad. Los emigrados comenzaron a volver. La legendaria hospitalidad irlandesa permitió abrir las puertas de par en par a un flujo sin precedentes de inmigrantes, llegados sobre todo de las ex repúblicas del este europeo.
En la embriaguez inicial del auge económico, el país pudo incluso superar sus luchas religiosas para lanzar en Irlanda del Norte un proceso de paz que aún hoy constituye uno de los grandes triunfos de nuestra época; incluso cuando ahora mismo todo el resto parece haberse pulverizado otra vez.

El brusco despertar

Pero parecería que, de golpe, todos nuestros sueños se han visto brutalmente destruidos. Las causas del perjuicio ocasionado a Irlanda por las crisis actuales serán sin duda objeto de análisis por parte de los economistas, un análisis que les llevará seguramente varias décadas más. Quizá fue la sorpresa de ver concretarse nuestros sueños la que nos confundió y no nos dejó ver la posibilidad de un fracaso. Teníamos plata en los bolsillos, como suele decirse. Necesitábamos borrar el pasado con una furia de gastos.
Por otra parte, resulta sintomático que precisamente durante esa edad dorada Irlanda haya producido dos best-sellers internacionales sobre la pobreza: Las cenizas de Angela, de Frank McCourt, e It’s a Long Way from Penny Apples, de Bill Cullen, dos relatos que nos retrotraen al tiempo en que los niños caminaban descalzos. Cuando la economía anda bien, una nación puede permitirse enfrentar sus más oscuros secretos, como hemos hecho con todos los escándalos de abusos sexuales en la Iglesia o en el sistema educativo.
Ahora lo que vende son las historias de desmesuras, tanto en el sector inmobiliario como en el bancario. Buscar responsables para nuestras desgracias es parte de la cultura irlandesa, lo cual quizá tenga sus raíces históricas en la idea de que somos el pueblo que ha tenido que padecer la opresión colonial, la Iglesia Católica (1), la corrupción política y el mal tiempo.
En nuestra psiquis está inscripta esta postura de víctima noble que aún hoy nos impulsa a elegir chivos expiatorios mientras nos burlamos de nuestros desengaños (en este sentido, somos los especialistas mundiales). Tenemos fama de buenos perdedores. Al eliminar con una mano espectacular a nuestro equipo nacional de la copa mundial de fútbol, la estrella francesa Thierry Henry (2) probablemente haya ofrecido, en más de un sentido, un noble servicio a Irlanda, devolviéndole el precioso estatuto de los perdedores honestos, los desarmados, los castigados, los vencidos llenos de dignidad.
No obstante, la República de Irlanda cambió. Nos gusta creer que hemos salido de la etapa adolescente de la autocompasión. Al vivir en un país famoso por la juventud de su población, donde los hijos de los inmigrantes se suman hoy a los de los sucesivos baby-boomers, hemos adquirido una conciencia nueva sobre las realidades del terreno. Aun cuando el sistema económico mundial nos sigue atando a nuestro cochecito, hemos empezado a abrir los ojos acerca de nuestras propias responsabilidades. O al menos nos acunamos con esta idea.
Entre las voces que hoy se elevan con mayor vehemencia y autoridad están las de los especialistas en economía. Claramente, es más cómodo calcular lo que no funcionó que inventar una estrategia para reparar los daños. Cuando un gran periodista financiero adhirió a un partido político, el pasaje a la realidad fue tan desastroso que le alcanzaron apenas seis meses para renunciar. Entonces, más que el compromiso concreto con el mundo real, quizá sea nuestro talento de narradores lo que a veces tratamos de recuperar.
Ahora que tenemos los bolsillos vacíos, nos dormimos contándonos a nosotros mismos historias de gastos locos e irresponsables. Nos recordamos unos a otros la época en que ni siquiera nos molestábamos en comparar precios en el supermercado. Ahora que algunos predicen un posible regreso a las ollas populares, la verdadera obsesión es saber adónde se fue el dinero. Y si queremos leer historias de riqueza indecente más que de miseria indecente, a lo mejor es por simple nostalgia.
La imagen que se desprende de los años de prosperidad es la de las listas de espera en los grandes comercios de Dublín para comprar artículos de lujo. Productos sobre los cuales la gente se abalanzaba bajo el efecto de una euforia económica y que hoy más de uno quisiera devolver, si pudiera. ¿Para qué tener una fantástica cascada artificial en el jardín cuando cuesta pagar las cuotas del crédito? Sobre todo teniendo en cuenta que de todos modos ¡llueve!

El espejismo de la opulencia

Durante un corto período llegamos a un punto en que el valor de las cosas parecía estar en relación directa con el precio de la etiqueta. Como escribe la autora irlandesa Anne Enright para describir la embriaguez de la edad dorada, todo estaba destinado a tirarse y ser reemplazado, incluidos los cónyuges.
Las crónicas de los excesos más fastuosos circulan en torno a la industria de la construcción; una industria sobre la cual el país descansó de manera desproporcionada para crecer. Mientras las construcciones amenazaban cada centímetro cuadrado de espacio verde, el espejismo de la opulencia empezó a impregnar por primera vez la gran imaginación irlandesa con un puro materialismo marxista a la antigua.
Hay una historia de una transacción inmobiliaria, en Dublín, que reporta a su inversor un beneficio de un millón de euros por mes. La imagen de un techo de vidrio, en lo de un magnate de la capital, que se baja hasta cubrir la piscina y transformarse en pista de baile. Y también hay otros relatos, como el del famoso jugador de snooker invitado a bautizar una nueva mesa de billar o las estrellas internacionales que se traían en avión para presentarse en recepciones privadas.
Todos los domingos puede leerse y releerse el informe de los ágapes de la profesión. La descripción de la cena de una de las personalidades más prósperas de la industria irlandesa de la construcción en un gran restaurant parisino, acompañado de algunos amigos. Su mujer señala súbitamente la cartera haute couture de una de las invitadas, deja la mesa y se precipita hacia la boutique de al lado, donde, por la cifra de 2.000 euros, se compra la misma cartera Valentino y vuelve a tiempo para el postre.
¿Por qué en Irlanda nos sorprende tanto este tipo de anécdotas? ¿Acaso no corresponden a los clichés de la riqueza transmitidos desde hace años por las películas estadounidenses? ¿Qué nos hace creer que los irlandeses se comportarían diferente de los poseedores de las demás grandes fortunas del planeta?
La rapidez con la cual copian los códigos del éxito, el ardor con que se entierra el sentimiento de inferioridad que engendra el recuerdo de las hambrunas pasadas o se transforma nuestra imaginación en bienes materiales. La rapidez, también, con la cual volvimos a caer en tierra tras ese breve episodio en el aire.
La visión de esos terrenos loteados, vacíos e inacabados. La idea de todo el dinero dilapidado en maquillaje y accesorios, de las ocasiones perdidas. La entrega al alcohol y la droga. La perspectiva de ver de nuevo cómo los emigrantes abandonan Irlanda por los hipotéticos empleos en Canadá o en Australia.
Pero, mucho más que todo eso, el hecho de que esos relatos de lujosos caprichos no encajan con la historia que trazamos en torno a nuestra identidad. Son incompatibles con el mito de la “irlandidad” que desarrollamos a lo largo de los siglos y al cual nos seguimos aferrando.
Lo que a menudo oímos decir, hoy en día, es que la generación joven, que creció en una época relativamente próspera y estable y que no conoció las épocas de vacas flacas, no tiene la aptitud para imaginar una salida. Está tan condicionada por el recuerdo de la despreocupación y la prodigalidad que es incapaz de acusar el golpe de la frugalidad.

Una salida a la crisis

La isla de Achill, que se encuentra a lo largo de las costas occidentales del país, obliga a recordar la humildad que siempre formó parte del modo de vida irlandés. Todos los años se celebra allí un modesto festival literario en rememoración del escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura, que en los años cincuenta iba con frecuencia a la isla e incluso tuvo allí una pequeña casa. El hombre es famoso por sus advertencias contra el poder corrosivo del materialismo de la posguerra.
Este año fuimos invitados a recorrer el espectacular litoral del lugar muchas veces durante el fin de semana del festival. Sentíamos el movimiento de la roca bajo los pies, la brisa que soplaba desde el Atlántico. Nos llevaron al pequeño puerto de Purteen donde antiguamente se pescaba el tiburón peregrino, cuyas aletas se ponían a secar sobre los muros de piedra para luego exportarse a China.
Había un costado a la vez laborioso y audaz en esos tiempos antiguos. La gente estaba colmada de esperanza, música y cuentos. Era una época en que los irlandeses se alimentaban de su imaginación. Existía incluso un código natural de ayuda mutua y solidaridad, una especie de socialismo moderado: cuando volvían al puerto, los pescadores depositaban la captura del día en el embarcadero, se daban vuelta y tiraban a la suerte para que la pesca fuera repartida entre todos de manera igualitaria.
Esta visita era un recordatorio de las raíces de nuestra nación. Y posiblemente es un buen momento para volver a evaluar esos instintos heredados de la historia.
En Irlanda tenemos una expresión que dice: “da un golpe de látigo”, lo cual significa “inténtalo” o “aprovecha la ocasión”. Se la usa, por ejemplo, para alentar a un equipo deportivo (cuando ya no hay nada que perder, más vale tratar de dar lo mejor de sí, porque parece improbable que pueda revertirse la situación). Correr el riesgo es uno de los aspectos del optimismo irlandés.
Lo importante es saber en qué vamos a invertir nuestras energías para lanzarnos al futuro. Hace poco se celebró en Dublín un coloquio al cual fueron invitados la mayoría de los empresarios irlandeses que triunfaron en el exterior para que compartieran sus ideas sobre la manera de reactivar el país. Una de las principales conclusiones de ese fin de semana fue el fuerte reconocimiento del inmenso potencial creativo de Irlanda. “Jugamos en el patio de los grandes”, suele decirse: en arte, en literatura, en exportación de ideas.
Neil Jordan, el cineasta ganador del Oscar, señaló con mucho tino que si bien nos traicionaron nuestros políticos, nuestros banqueros y nuestra Iglesia, nuestros artistas nunca lo hicieron. Como resultado, existe un renovado interés por la creatividad irlandesa, considerada ahora la solución principal a nuestras dificultades. Así fue como el gobierno nombró embajador cultural oficial de Irlanda a Gabriel Byrne, el famoso actor; toda una novedad para el país.
Entonces quizá pueda salvarnos, finalmente, nuestro talento de narradores. Hoy en día hay nuevos relatos que alimentan a Irlanda: el de los inmigrantes, que nos traen sus influencias culturales, así como los irlandeses alguna vez llevaron su música al mundo. Irlanda vive un período de cambios profundos. Aun cuando la adaptación al golpe de la decadencia no se supera sin llanto, quizá la que se abre sea una época excitante, rica en nuevas perspectivas, un momento de renovación de la imaginación irlandesa.

1 Durante mucho tiempo la Iglesia Católica tuvo un peso considerable sobre la vida y el imaginario de los irlandeses, como muestra con particular eficacia su literatura. Hubo que esperar hasta 1973 para que se retirara la referencia explícita a la religión católica de la Constitución; la prohibición legal del divorcio fue derogada recién en 1996, y el aborto sólo está permitido si la vida de la madre corre peligro.
2 Durante el partido Francia-Irlanda, en noviembre de 2009, Thierry Henry tocó la pelota con la mano, acción que permitió la clasificación del equipo francés para la Copa del Mundo 2010. 

Informe Dipló –   18-10-10  Le Monde Diplomatique

jueves, 28 de octubre de 2010

Humilde Reflexion en un Dia de Luto Nacional

Haciendo uso de la libertad de expresión que mi país me brinda, como ciudadano Argentino, como amante de la historia, como estudiante de Derecho y ante todo como Cristiano y ser Humano, hago pública mi tristeza por la pérdida de un hombre, que con errores, y aciertos, Nestor C. Kirchner fue uno de los mejores presidentes de la Democracia Argentina, no lo digo con intenciones ideológicas, puesto que no soy oficialista, ni opositor, simplemente SOY ARGENTINO, Ciudadano Conciente de la realidad de mi país, porque se evaluar lo que leo, veo y me rodea, porque NO como Vidrio ni me prendo de lo que dicen otros, simplemente hago uso del sentido critico, y seria muy Necio de mi parte no reconocer que en su momento fue un excelente presidente, repito era humano, seguramente tuvo sus errores, sus falencias, como todos las tenemos, después de todo ser presidente es la máxima responsabilidad política… y no se trata de justificar nada sino de reconocer la difícil tarea que es ser Presidente, de ser responsable de 40 millones de personas totalmente distintas las unas de las otras, con tanta variedad ideológica y cultural…No nos pongamos en el rol de Jueces , que Dios y la Historia, se encarguen de ello… Terminando, mi mas sentida condolencia a la Presidente Cristina Fernández, y a sus hijos, se lo que es perder un padre a esa edad, y es un dolor inmenso. Oremos por ellos, Oremos por nuestra Presidente, nos necesita, Oremos por nuestra Nación, Argentina

lunes, 25 de octubre de 2010

El Misterio de los Gomez

Hace unas semanas, nuevamente gracias a la prima hermana de mi abuela materna, consegui saber quien era la madre de mi bisabuela Ermelinda Juana Gomez, madre de mia abuela materna Hilda Magdalena Sirimarco Gomez.
Su madre quien seria mi tatarabuela, se llamaba Alejandra Gomez. En un principio no entendia como podia ser que mi bisabuela llevara el apellido materno y no el paterno. Pense que era un error, pero no.
Quien seria mi tatarabuelo aparentemente no reconocio como hija a mi bisabuela. Por el momento no se cual habra sido el motivo de esa ausencia.
Existen varias hipotesis, mi bisabuela Ermelinda nacio en Concordia, Entre Rios, Argentina, el 13 de Octubre de 1906. Aun no se si tuvo hermanos o no. Si se que con mi bisabuelo Antonio Sirimarco Boero, tuvo 7 hijos:
Alcides, Jose, Hilda ( mi abuela), Juan, Dora, Luis y Doris. Oficialmente se caso con mi bisabuelo el 9 de abril de 1942. Años mas tarde se separarian, ella iria a vivir a Buenos Aires con sus hijos, y alejarse de las problematicas con su ex-marido.
Murio a los 59 años el 2 de Marzo de 1966.
Como su bisnieto estoy en la busqueda de la verdad, quien fue su padre, porque no la reconocio, que sucesos ocurrieron con su madre, mi tatarabuela, Alejandra Gomez. Un misterio que espero sea pronto develado.

sábado, 2 de octubre de 2010

Los Sirimarco & Lombardi

Como bien comente en otros articulos, si mal no recuerdo, mi Tatarabuelo llamado Antonio Sirimarco Lombardi vino de Sant'Agata di Esaro, que es un Municipio de situado en la Provincia de Cosenza ubicada en la Region de Calabria, de la Republica de Italia. El habia nacio un 14 de mayo de 1864.  Habria venido a fines del siglo XIX a la Republica Argentina,  mas precisamente en primera instancia al sur de la Provincia de Corrientes para culminar en Concordia, Entre Rios. Era muy joven, no tengo la certeza de si era niño o no, se que vino con su hermano mas grande Miguel Sirimarco Lombardi que venia con su esposa de Italia.
Los padres de mi Tatarabuelo, osea mis tatara tatara abuelos, se llamaban Angelo Sirimarco y Ana Maria Lombardi. Ellos por motivos que desconosco aun, se quedaron Italia con los otros hermanos de mi tatarabuelo.

La proxima semana quizas obtenga mas datos sobre la descendencia de mi tio-tatarabuelo Miguel Sirimarco Lombardi, que segun me conto la prima Alicia, su descendencias es aun mas numero que la de mi tatarabuelo Antonio.



sábado, 25 de septiembre de 2010

Declaracion de la Juventud a la ONU y al Mundo

Promulgada por la Alianza Internacional de la Juventud
Conferencia Mundial de la Juventud
León, México – 26 de agosto de 2010

Nosotros – los jóvenes de todo el mundo – celebramos el hecho de que, como seres humanos, somos creados a imagen y semejaza de Dios y, por lo tanto, gozamos de dignidad humana inherente.

Creemos que la juventud es «la escultora que esculpe toda la vida» y, como tal, es quizás el período más crítico en el desarrollo de la persona humana.

Dado que somos el futuro de la familia humana, velamos por el bien común y por la renovación positiva de la sociedad. Procuramos el continuo florecimiento saludable de la familia humana. Por la presente, adoptamos los siguientes principios que son primordiales para los jóvenes y para toda la familia humana.

  1. Los jóvenes son seres relacionales formados en la familia. Somos hijos de padres y miembros de una familia. Somos personas relacionales, no individuos autónomos. Coincidimos firmemente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en que la familia es la unidad fundamental y natural de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y por el Estado.
  2. Los padres son los principales educadores de los jóvenes. El acceso a la educación es crucial para nuestra formación y nuestro éxito a largo plazo. Coincidimos firmemente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en que los padres tienen el derecho preferente a la educación de sus hijos. Los padres tienen el derecho, el deber y la responsabilidad primordial de educarnos, y debe asegurárseles la debida asistencia, a fin de posibilitar la educación moral, religiosa, intelectual, práctica y física de los jóvenes.
  3. Los derechos de los jóvenes están basados en sus capacidades en desarrollo. El período de la juventud comprende una fase crítica de desarrollo, durante la cual nuestro derecho a tomar decisiones por nosotros mismos evoluciona conforme a nuestra madurez, y, según la Convención sobre los Derechos del Niño, debe estar equilibrado con los derechos y deberes de los padres.1
  4. El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte natural. Muchos miembros de las últimas dos generaciones nacieron en sociedades que no amparan el derecho a la vida antes del nacimiento, y nos consideramos sobrevivientes en virtud de haber nacido. Sólo si se restablece la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento, podrá haber verdadera justicia y paz en la sociedad.2
  5. Los jóvenes son partícipes del desarrollo y del empleo. Como somos la clave del futuro, debemos estar en el centro del desarrollo. La juventud es el tiempo para discernir los talentos que pueden ser empleados durante el resto de la vida.
  6. Debe respetarse una interpretación adecuada de la sexualidad y de las relaciones saludables. En el encuentro y el aprendizaje sobre nuestra sexualidad natural, debe inculcársenos el sentido de responsabilidad y respeto por nosotros mismos. La expresión plena y adecuada de la sexualidad puede realizarse sólo mediante el compromiso desinteresado, absoluto y para toda la vida que se encuentra arraigado en la institución natural del matrimonio entre un hombre y una mujer.
  7. Hombre y mujer están fundados en la naturaleza. Las personas jóvenes, como todos los miembros de la familia humana, son creadas varón y mujer. Si bien hombres y mujeres son plenamente iguales, cada uno posee características únicas en relación con su sexo, las cuales son complementarias. Ratificamos los acuerdos internacionales que afirman que el género no es una construcción social y se refiere a los dos sexos, masculino y femenino.3
  8. La juventud debe ser protegida de todo delito de explotación. Todas las personas humanas, y muy especialmente los jóvenes, deben ser protegidas de la explotación en todas sus formas. Particularmente, debemos ser resguardados de la explotación y el tráfico de personas para trabajos forzados, del mercado del sexo, de la esclavitud y de la participación en conflictos militares (en otras palabras, los niños soldados).
1Cf. Convención sobre los Derechos del Niño, Artículo 5
2Cf. Convención sobre los Derechos del Niño,
Preámbulo y Artículo 6.
3Cf. Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, Artículo 7 (3): «"género" se refiere a los dos sexos, masculino y femenino».

http://www.c-fam.org/youth/lid.4/default.asp

jueves, 23 de septiembre de 2010

FRANCIA-RUANDA, EL PRECIO DE UNA RECONCILIACIÓN

Geopolítica a la sombra de la justicia

El presidente ruandés Paul Kagamé, reelecto el 9 de agosto último sobre un fondo de violencias y atentados contra la libertad, endureció su régimen. En ese contexto, la llamativa reconciliación con Francia de febrero pasado, abre nuevos interrogantes.


por Benoît Francès
Periodista.
Traducción: Patricia Minarrieta


 “Queremos que los responsables del genocidio sean encontrados y castigados. No hay ninguna ambigüedad”, declaró el presidente Nicolas Sarkozy el 25 de febrero pasado en su visita a Kigali, la primera de un jefe de Estado francés desde 1994. ¿Favorecerá este anuncio el fin de la impunidad en Francia? “En 15 años, la fiscalía nunca inició ningún proceso. Sin nuestra intervención, ningún expediente estaría en el escritorio de un juez”, protesta Alain Gauthier, presidente del Colectivo de las Partes Civiles para Ruanda (CPCR). Para él no hay ninguna duda: fue por falta de voluntad política que los sospechosos ruandeses que residen en Francia lograron escapar de todo proceso judicial. E insiste: “Los frenos políticos eran evidentes: tanto la derecha como la izquierda, que cohabitaban en el momento del genocidio, tenían interés en que no pasara nada con esos casos”. Sin embargo, la rimbombante reconciliación entre Francia y Ruanda está lejos de eliminar todos los obstáculos.
Ambos países rompieron relaciones a fines de 2006, cuando las órdenes de arresto emitidas por el juez de instrucción francés Jean-Louis Bruguière contra algunos allegados a Paul Kagamé, jefe de Estado ruandés, causaron indignación en Kigali. El magistrado sospechaba la implicación de Kagamé en el atentado del 6 de abril de 1994 contra el avión en el que viajaba el entonces presidente ruándes Juvenal Habyarimana; ahora bien, este acontecimiento es considerado el desencadenante del genocidio…
Después de tres años de desavenencias, el acercamiento parece rápido, aunque no cuenta con un apoyo unánime (1). Es obra, en gran medida, del ministro de Relaciones Exteriores francés Bernard Kouchner, quien conoció a Kagamé –por entonces jefe de las fuerzas rebeldes– en el marco de una misión humanitaria en la época del genocidio. Francia debe recuperar su credibilidad en una región estratégicamente importante, donde no puede hacerse nada sin la “pequeña” Ruanda, de influencia determinante en la vecina República Democrática del Congo (RDC), dotada de enormes riquezas mineras. Por otro lado, al igual que Sarkozy, Kagamé se declara aliado incondicional de Estados Unidos.

Intercambio de favores

Durante la visita del presidente francés a Kigali, su homólogo ruandés –que desde su ascenso al poder no había dejado de exigir enérgicamente excusas por parte de Francia– mostró un perfil bajo: “Más allá de la comprensión e investigación de lo que sucedió, es tiempo de construir una nueva relación, una nueva sociedad basada en la comprensión y en una gestión correcta de la verdad –declaró–. Nos negamos a ser rehenes del pasado. Los errores se han reconocido y discutido. Y a medida que vamos enfrentándonos a esta realidad, lo esencial es mirar hacia el futuro”. Sarkozy, por su parte, concedió por primera vez ciertos “errores políticos” de Francia con respecto a Ruanda, sin entrar en detalles.
El intercambio de favores parece claro: por un lado, oídos sordos a los alegatos relacionados con el papel de Francia en el genocidio; por el otro, avances en los expedientes de ruandeses refugiados en Francia y neutralización de la investigación de Bruguière.
Ya en noviembre de 2008, el arresto “negociado” de Rose Kabuye, directora de Protocolo de Kagamé, blanco de una de las órdenes de Bruguière, permitió que Kigali tuviera acceso a las piezas del expediente. A partir de ese momento, varios testigos-clave se retractaron y el traductor del juez Bruguière fue identificado como ex agente del servicio de información ruandés y cuñado de Félicien Kabuga –uno de los prófugos más buscados por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR)–. El juez Marc Trevidic, sucesor de Bruguière, prosiguió la instrucción sobre unas bases en principio menos favorables al régimen genocida.
Aunque Sarkozy se haya esmerado en recordar que él “se atiene a la independencia de la justicia”, las señales de cierto oportunismo judicial se multiplican. La detención, días después de la visita de Sarkozy a Ruanda, de Agathe Kanziga, viuda del ex presidente Habyarimana, es uno de ellos. Difícil no establecer una relación: en efecto, si bien desde principios de 2008 está abierto un pedido de información judicial, a raíz de una denuncia del CPCR y del rechazo de su (tardía) solicitud de asilo (2), la sospechosa vivía en París, sin ocultarse. En 1994 militares franceses la repatriaron a Ruanda en la operación Amaryllis (3).
En consonancia con estas nupcias diplomáticas se anunció, a principios de enero pasado, la creación del área “genocidio y crímenes de lesa humanidad” en el Tribunal de Primera Instancia de París. Teniendo en cuenta el número de denuncias en suspenso relacionadas con el genocidio de 1994, esta decisión evidentemente favoreció un acercamiento con Ruanda. En el Ministerio de Relaciones Exteriores se alude a una trivial “racionalización” administrativa: “Felizmente no hay genocidios todos los días, y sucede que este asunto sería más bien de la incumbencia de los ruandeses”. No obstante, Gauthier permanece escéptico: “Nosotros esperamos hechos”. El CPCR, que impulsó unos quince expedientes, presentó su primera denuncia en 1995… El contraste con Bélgica es impactante. La ex potencia colonial llevó adelante cuatro procesos criminales relacionados con el genocidio. En esto trabaja a tiempo completo el área de investigación especializada que permitió la resolución de estos expedientes, validando la pertinencia de tal estructura en Francia.
Pero la jueza francesa Fabienne Pous, especialmente dedicada a este tipo de asuntos, permanece alerta: “¿Con qué medios contará [el área especializada]? ¿Cómo estará organizada? No tenemos idea de eso, y esperamos que no se trate de un golpe de efecto” (4). La miseria ya se hace sentir crudamente: “No hay fax individual, no hay asistente especializado, la digitalización de los documentos es limitada…”. Sin embargo, poco antes del anuncio de la reconciliación diplomática, Pous finalmente logró visitar Ruanda con su colega Michèle Ganascia. Fue la primera vez desde el genocidio, ya que Bruguière nunca se había trasladado personalmente. Para comprender a Ruanda se requerirían importantes recursos, realizar audiencias con decenas de testigos… ¿Cómo encarar procesos confiables a término? “Vista la dificultad de la justicia para lograr un mínimo de competencia –puede pensarse en Bélgica– ¿qué va a pasar con los franceses que no tienen los recursos para su autonomía? ¡Se van a dejar engañar!”, dice preocupado André Guichaoua (5), especialista de la región de los Grandes Lagos y experto ante el TPIR, aludiendo a los falsos testimonios que ensuciaron procedimientos similares en Canadá o en Suiza.

¿Competencia universal o realpolitik?

En relación a los crímenes cometidos en Ruanda, una ley le permite a Francia ejercer una “competencia universal” (6). Pero Kouchner y Michèle Alliot-Marie aclaran que la creación del área “genocidio y crímenes de lesa humanidad” no apunta a implementar una práctica de ese tipo (7). Según Patrick Baudouin, presidente honorario de la Federación Internacional de las ligas de Derechos Humanos (FIDH), estas incoherencias confirman “la impresión de que París trata de restablecer relaciones con Kigali más que de hacer justicia”. Francia nunca modificó su legislación para hacer aplicables los tratados internacionales que firmó y que prevén la competencia universal, salvo respecto a la Convención Internacional contra la Tortura de 1984 (8). Los dos únicos procesos que han sido realizados en nombre de este procedimiento (el de un oficial mauritano en 2005 y el de un funcionario tunecino en 2009) se hicieron de hecho en base a esta convención.
La adopción por el Parlamento, el 13 de julio pasado, de un proyecto de ley que adapta el derecho francés al Estatuto de la Corte Penal Internacional (CPI) –que ordena a los Estados sancionar los crímenes de guerra, de lesa humanidad y el genocidio donde sea que se hayan cometido y cualquiera sea la nacionalidad de sus autores– confirma estas reticencias frente a la justicia internacional. Efectivamente, esta ley volverá casi imposibles los procesamientos: el sospechoso deberá tener su “residencia habitual” en Francia y la fiscalía tendrá el monopolio de los procesos. Algunos colectivos de víctimas, como el CPCR, serán así apartados. Pero ya hemos visto la timidez de las autoridades judiciales en lo referente a Ruanda… “O bien estamos a favor de la competencia universal y la aplicamos a todos, más allá de Ruanda y de Kosovo. O bien estamos a favor de la Realpolitik y de la ley del más fuerte”, sintetiza Baudouin.

La cobardía de las autoridades

La justicia ya tiene bastante retraso en lo relativo al genocidio de 1994. “Dejamos escapar ciertos asuntos”, confiesa el diputado socialista Paul Quilès (9), quien coordinó la misión de investigación parlamentaria sobre el papel de Francia en Ruanda en 1998. Según Gauthier, “hubo cambios frecuentes de juez de instrucción que obligaban a volver a empezar de cero”. Hay un caso que resume la impericia de la justicia y la cobardía de las autoridades: el de Wenceslas Munyeshyaka, sacerdote cooperador y capellán de los Scouts de Francia en Gisors desde 2001.
Este ex cura de la parroquia de la Sagrada Familia de Kigali es objeto de una denuncia desde 1995; pero el TPIR tuvo que emitir una orden de arresto internacional contra él, en 2007, para que finalmente se lo pusiera bajo vigilancia judicial. El TPIR fue declarado incompetente sobre el expediente (junto al de Laurent Bucyibaruta, ex prefecto de Gikongoro), por considerar que Francia tenía la competencia y los medios para juzgar a ambos hombres. Casi diez años antes, en 1998, el Tribunal Supremo había llegado a las mismas conclusiones, sin resultado… En 2004, a instancias de una de las querellantes, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Francia por la lentitud del procedimiento. Antes de Pous y Ganascia, en 2010, el expediente había pasado por las manos de tres jueces de instrucción…
También es paradigmático el caso de Augustin Ngirabatware, ex ministro del Plan de gobierno interino ruandés de 1994. Tras instalarse en Gabón, consiguió que el Servicio de inmunidades y fueros del Quai d’Orsay le expidiera, en 1998, una tarjeta especial que vale como permiso de residencia en Francia. El TPIR emitió una orden de arresto contra él en agosto de 1999. Pero el día previsto para su detención en París, Ngirabatware abandonó su domicilio, con destino a Libreville… Al ser requeridas por el TPIR, las autoridades gabonesas lo dejaron escapar. Recién fue detenido en 2007, en Frankfurt, y luego transferido al TPIR de Arusha (Tanzania), donde su proceso aún está en curso. Según Guichaoua, el apoyo con que ha contado el sospechoso se explica por el temor de que salgan a luz las vinculaciones con algunas personalidades extranjeras, “no los vínculos profesionales, sino los explícitamente políticos y, en ciertos casos, de negocios” (10). Y añaden que ciertos expedientes, como el del abad Munyeshyaka –según él, magro– ocultarían otros más consistentes…
¿Llegará finalmente a concluirse en Francia algún proceso? El que involucra a Pascal Simbikangwa, ex jefe de los servicios de información, arrestado en Mayotte en 2008 (¡por tráfico de documentos falsos!), estaría desarrollándose normalmente. Además, Francia se comprometió ante el TPIR a llevar a los tribunales a Munyeshyaka y a Bucyibaruta. Estos casos están en suspenso, entre otras cosas porque los jueces franceses tienen grandes dificultades para utilizar la información proporcionada por el TPIR, cuyas normas y procedimientos son diferentes. Pero el verdadero problema radica en que el papel de Francia en Ruanda en 1994 sigue siendo muy controvertido. Gauthier destaca, por ejemplo, que Bucyibaruta “era el prefecto de Gikongoro, donde había tropas de la operación militar-humanitaria ‘Turquesa’. Su procesamiento no podría dejar de incluir la investigación sobre su papel”. Cualquier proceso podría entonces conducir al análisis indirecto de la política francesa de esa época (11).

1 Véase por ejemplo la reacción de la asociación Franco-Turquesa (www.france-turquoise.fr).
2 La Oficina francesa de protección de los refugiados y apátridas (Ofpra) dice tener “serias razones” para pensar que Kanziga estuvo implicada en crímenes de lesa humanidad.
3 Como buen número de dignatarios del régimen extremista hutu. Véase el informe de la misión de información dirigida por el diputado Paul Quilès, Asamblea Nacional, N° 1.271, París, 15-12-1998.
4 Agence France-Presse (AFP), 18-1-10.
5 Autor de Rwanda, de la guerre au génocide, La Découverte, París, 2010.
6 Ley del 22 de mayo de 1996 que adapta la legislación francesa a la Resolución Nº 955 de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que creó el TPIR.
7 Le Monde, París, 6-1-10.
8 Incluido en el artículo 689-2 del Código procesal penal. El artículo 689 de este mismo código prevé también una competencia universal en variadas y selectivas temáticas como: terrorismo, tráfico nuclear, piratería, venta de armas, extorsión. Basada en esto, el 26 de enero pasado la Corte de Apelaciones de París volvió a poner en marcha la investigación por crímenes cometidos en Camboya entre 1975 y 1979.
9 “Le Débat”, France 24, 25-2-10.
10 André Guichaoua, Op. Cit.
11 Véase André-Michel Essoungou, “Francia-Ruanda, guerra en torno a un genocidio”, Informe Dipló, 26 de enero de 2009 (www.eldiplo.org).

Informe Dipló –  15-09-10